Páginas

viernes, 17 de mayo de 2024

Asalto a la inmortalidad


San Enrique bendito del Corazón Sangrante



Si sigo actuando como ayer me quedaré más sola que un calcetín sin par. ¿Dónde lo habré dejado? Esa manía de lavar la ropa nueva ha hecho que se pierda su compañero. ¿Los calcetines sufren de soledad?
Una vez leí que debe lavarse la ropa recién comprada para quitarle excedentes de yoquésé. Todo trapo nuevo que caiga en mis manos pasa por la lavadora antes de ser estrenado.

¿A quién le interesa hablar de métodos de lavado a estas horas malditas? Perdón perdón benditas diré. Pronto celebraré el primer año de la alergia carcomiendo mi cerebro. Vamos vamos no te asustes, un año se pasó volando o ¿a poco lo sentiste? Tú tienes la culpa por nacer tan delicadita de piel y de todo. Pobre pero delicada. Vaya cosa.

Tan estoy así quién sabe cómo que los placebos ya no surten efecto. La idea de lanzar un grito de guerra cuando es menester hacerlo no le viene bien a nadie. Siquiera gritara quedito como dicen que hablo. ¡Ahhhh! parezco Tarzán en bancarrota.
Doy la espalda al mundo leyendo detrás de mi ventana. ¿Lagartija dijiste?
Voy a encender una veladora a San Enrique bendito del Corazón Sangrante, pa´que me haga el favorcito de aliviarme de estas penas de amor y muerte.

Tengo hambre, hacía mucho que el insomnio no me atacaba. Mi gato está enfermo. Se me antoja un café pero me dan miedo los bichos que veo pero que no existen. Anoche un ejército de cucarachas alemanas tomó por asalto la cocina. 
Después de remover todo, Barry y Laura no encontraron nada. Los alucines regurgitan mounstritos dentro de mi mente.
El otro día estuvo a punto de darme el supiritaco. Vi una bola negra correr hacía la puerta de la cocina. Los ojos estuvieron a un tris de saltar del puritito susto. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo y amén.
Estuve a un casi de arrojarme a los brazos de Barry a que me defendiera de ese ente. Fue un casi que se murió como las ganas de todo. ¡Barry! ¡Barry! ¡Por dios! ¡Eso! Tranquila mi Chiki es el gato que le agarraron las urgencias.

Confieso ¡Oh hermanos míos! que los calzones se me hicieron yo-yo. ¿Te dio miedo? Miedo es querer ir al baño y no poder llegar. Eso es miedo señores y no payasadas. La dignidad no debe dejarse escurrir por los pantalones recuerden. Mejor es correr sobre los andamios de las prisas. Aí te lo haigas si te rompes la madre.

Amor sin límites ¿Eh? Tú dijiste. A mi que me esculquen, soy inocente de casi todo.
 Los placebos para el amor dejan de surtir efecto los viernes por la noche. Cinderella Star sale del recuerdo denostando ataduras de oro. Encadenada al lecho de amor ve pasar las horas alumbrada por la luna metiche colándose por entre las cortinas. Transgresora inmortalidad pasa de mí, nadie te tiene presente.
Estoy más sola que la noche. ¿O si?

La memoria sigue viva, neuronas a disgusto se niegan a abandonar mi cerebro. Señoritas por doquier. Quiero un café. Quiero ir al baño. Quiero levantarme. ¿Por qué la espera es tan larga y el deseo de llegar tan corto? Porque el querer no necesita más que eso. No basta que uno quiera. Mira no puedo abrazarme a mi misma. ¿Alguien? El amor no hace hueco en la almohada. Ya lo dijo Dios o alguien: Levántate Lázara y anda. Y andó. ¿O anduvo? Npi es muy temprano pa' andarse haciendo preguntas tan pendejas.

Mañana habrá un regalo esperando por ti. Prostituta del deseo que cambia nada por todo. ¡Silencio! Calla Shhh "el amor no admite cuerdas reflexiones". ¿Quién dijo esto tú? Sepa la bola. Obvio Enrique no. Ni tú. Ni yo. Ni nadie. Creo que fue Neruda o su madre sabe quién.

Si no fuera por esta muela pendeja que tuvo a mal dolerme toda la semana, no anduviera como el caballo blanco con el hocico sangrando. La cirugía maxilofacial no es para mi dentadura. Mis muelas se abrazan a mis encías como la madre a Dios en la cruz.

-Hueles a pura sangre mamá- dijo Laura.
-¿Y qué le hago?, ni modo que huela a rosas. Soy mortal como todos, sangre hay circulando por mis venas. Si fuera inmortal no tendría sangre sino bálsamo bendito, y entonces estaría sana, porque hasta orita no conozco ningún santo enfermo. 
Verdad irrefutable es que si no estuviera enferma, estaría sana. A las pruebas me remito.

Me voy a levantar ¿se les ofrece algo? nomás rapidito, estas horas no son pa'ndar embarrando querencias por los rincones. 
Usté que de amor se muere écheme un poco al olvido porque yo ya me fui sin dejarle un beso en el desprecio.

Nos vicentiamos lueguito, cuando el destino nos alcance en contraesquina de mi casa que no es la suya. 
Aí nos vemos.









 







 



miércoles, 8 de mayo de 2024

Chantaje rojo sangre de Ausencia

A manera de cuento

Con los ojos cerrados, tendida en el suelo, Ausencia escuchaba los gritos de la madre apurando a sus  hermanos a que le llevaran toallas húmedas para ponerle en la frente y le parara la sangre que abundantemente  salía por la nariz. Con una mano detenía la cabeza para que la niña no se ahogara y con la otra apretaba el tapón que le habían colocado para que dejara de sangrar.
La sangre que tragaba se le iba por la garganta dejándole un sabor que con el tiempo se le haría familiar. Sabor ferroso. Metálico. Sabor sin fuerza.

Ausencia se llamaba la niña.

Ausencia nomás.

Ausencia había sido el nombre escogido para dejar rastro en esta vida barata y vacía como ella, en son de broma decía a sus hermanos cuando le preguntaban por su vida ausente de amores escondidos entre las sábanas. Amores que nunca llegaron. Ausencia solitaria siempre fue.
Ausencia de alegrías. De todo, de nada. Ausencia de ti.

Empezó muy pequeña con las hemorragias que le dejaban un dolor de nariz severo. Hemorragias continuas produciéndole insomnio y desgano. Quedaba inerme ante todos y ante la vida. Cualquier soplo de aire se llevaba un poco de ella. Alma silenciosa difuminándose perdida en los soplos infinitos de vientos nocturnales.

Las hemorragias eran intensas, detenerlas era muy difícil. La habían llevado con médicos y especialistas, sin embargo los sangrados continuaban. Las anemias eran una constante en su vida.
Vitaminas y los mejores alimentos eran para ella. Verduras y frutas era la comida exquisitamente preparada por las manos delicadas de su madre que se esmeraba en darle a su hija un poco de vida en cada guisado.

Ausencia caprichosa sin límite conceptual.

Cuando sus padres o hermanos la contrariaban empezaba a sangrar. Todos se ponían en movimiento para evitar que se desangrara. En ocasiones era inevitable acudir al médico ante el abundante sangrado. Todos se asustaban al ver el líquido ominoso correr por su  rostro acompañado de lágrimas hastiadas.

Cuantas veces habíase quedado agachada en el lavabo cansada de que la sangre se escapara de la nariz sin poderla detener.
Cuantas toallas y pañuelos se habían pintado de rojo sin que nadie pudiera hacer nada y que la sangre dejara de fluir. 
Cuantas veces su madre llena de desesperación no sabía que más hacer y llorando iba a la silla a sentarse junto a la estufa sintiéndose impotente ante los sangrados de su hija. De Sol como la llamaba cuando la mirada tierna de madre se posaba en los ojos cafés que la veían tratando de cobijarla sin poder hacerlo.
Y ahí quedaban las dos exhaustas. Una sin poder hacer ya más nada y la otra esperando el desmayo salvador.
Así pasaron pocos años hasta que las hemorragias fueron haciéndose costumbre.

Un día Ausencia la joven pálida, se dio cuenta que nadie podía decirle nada porque había desarrollado un poder extraño.

Podía manejar los sangrados a su antojo.

Y se volvió caprichosa. Pidió todo lo mejor so pena de dejarse desangrar si no cumplían sus deseos. Convertida en pequeña tirana el mundo giraba a su antojo.
Consintiéndola, los padres la satisfacían dándole todo lo mejor. Si acaso no lo hacían, un hilo rojo empezaba a escaparse de la nariz llegando a la boca y siguiendo un camino sin fin hasta que sus caprichos eran cumplidos.
Cuando no cedían, los asustaba ver a los pies de la joven el charco de sangre que comenzaba a hacerse río y meterse entre las piedras del jardín para pintar de rojo los malvones favoritos de su madre.

Un día pidió el mundo y pusieron el mundo a sus pies.

Sólo que Ausencia no se daba cuenta que en los continuos chantajes, la sangre perdida no la recobraba por más que le dieran cientos de vitaminas y chocolates y sueros vitaminados. Verduras y todo lo que pudiera ayudarle. Frijoles, carne, bálsamos mágicos, etc.

Poco a poco se iba desvaneciendo. Nadie se había dado cuenta que un poco de ella iba desapareciendo cada día haciéndola transparente. Blanca como la niebla. Pálida como la luna. Rizos absorbentes con un dejo de organdí. Aroma de ríos encantados. Sublime esencia de deseos remotos. Ausencia del ser.

Un día su madre pegó un grito al ir a despertarla para tomar la medicina. Ausencia, no estaba más. Sólo quedó en su cama una silueta marcada por el pequeño cuerpo de niña caprichosa. Sólo el dejo de su ausencia quedó en el remolino de emociones de su amada familia. 

Ausencia... así se llamaba.

Ausencia de ti.

















sábado, 4 de mayo de 2024

Cannabis Sativa

Ámonos corriendito de buen modo. El viernes arribó con aires de perfume barato del que sacan ronchitas en la piel, asegún dicen las amigas de allá lejos donde antes vivir era cosa obligada. Morían las niñas-mujer ataviadas de espasmos orgásmicos cuando nada sabían de tentaciones onanistas. Petite mort azteca en los albores de las trenzas.

Con el rostro enrojecido salían del baño presas del agotamiento febril bajaban la vista evitando las miradas inquisitivas de las brujas chismosas avecindadas de allá donde cruza el puente de piedra dividiendo el Pueblo de Arriba del Pueblo de Abajo. En lo alto del cerro El Pueblo de Arriba se alzaba sobre el suelo de mampostería el Templo de la Santísima Virgen de la Concepción Bendita.
¡Amárrate esas greñas muchacha, pareces güila!
Tierra mojada, arcoiris tras las nubes macilentas, magia ejercida por el sol rubicundo en las tardes bochornosas de agosto.

¿Dónde se aprende a tejer letras sin tanta parafernalia?  Vendedores de cachivaches faramallosos hechos pasquines. Hojas ocre. Otoño caído del nada escrito, sólo besos con tu nombre.

Ya no sueño pesadillas las cambié a Technicolor.
El cine ¨Pedro Infante¨ esconde estudiantes enamorados poco atrevidos. Los tiempos un tanto inocentes. La honra se comenzaba a perder con un beso. Lueguito chocaban las bocas. ¡Rápido rápido los maestros también van al cine!
Camino a casa la niña-mujer aterrorizada de quedar embarazada por el beso robado por un ingrato que metió la lengua probando el dulce néctar del espanto. ¿Ora qué les digo a mis papás? Inocencia pendeja salida de la ignorancias.

Cannabis Sativa. La Mary Jane permitida en gramaje pequeño. Al diablo los ¨churros¨ , cigarrillos baratos liados con sábanas de papel china blanco con un toquecito de saliva pa´que resistan el manoseo.
Cannabis oil. Oil Cabbanis como escribo en idioma valemadrista. si quieres saber de qué hablo búscame por las mañanas , es cuando no se me entiende nada. Ora si me buscas los viernes atiendo mejor. Los viernes soy como la ¨Chaquira¨ soy ciega, sorda, muda. A todo digo si para no perder el tiempo con negativas simplonas. Un no de vez en vez para no verse dama fácil o del talón como dicen en el pueblo.

Desnudo mi cuerpo de medicinas. Lo arrojo al abstencionismo en un domingo pulguiento. ¡Cállense perros! El camino en su absurda necedad dice que no. Hoy no hay complacencias. Malhumorada discurro mi venganza contra este cuerpo sísmico mutante. La ansiedad cabalga hacía mí en caballo desbocado. Prometo oh Jesús de los horrores tomar ejemplo de lo que no se debe hacer. Mátenme o algo pero quítenme esta puta ansiedad o me los como vivos con un chingado.

Las horas duran menos. Los delirios son mayores.
Desnudo los fantasmas. Los huesos tienen quejidos paranoicos. Chocar de calacas tilicas y flacas.
Ni siquiera muerta seré  flaca. Estuche de monerías visto en escaparate de vidrio delgado. Son tres los infames timadores, anarquistas del insomnio desbordados en mi rededor.
Rehén de mis miedos me hundo en la almohada de plumas de paloma currucú.

Me faltan dos horas o me sobran tres pastillas, el Cannabis oil y la cápsula de éter para desprestigiar los fervores de la canícula.

-¿Cómo se toma esta madre?- pregunto.
-Con un sorbito de agua o a madrazo limpio como lo prefieras- responde un chasquido aburrido.
-Moriré con tanto carajo medicamento que me zambuto todos los días- escupo obscenidades.
¿Alguien que venda dos horas de tiempo que le sobre?  prometo aprovecharlas poquito antes de colgar los tenis vulgo morir.
Nomás advierto que van a ir con unos cuantos rayones ocurridos durante el ataque titiritesco a la MaLquEridA en estado de indefención.
Vacunando los miedos cada trece días para no morder a nadie en el ínter.
Enclaustramiento elegido me pone los pelos parados. Callado. Onomatopeya de un dedo encantador.
¡Shhh! ¡A callar ranas que va a cantar el sapo!
¡Juímonos!
¡Turun tun toing!

Croac!










martes, 30 de abril de 2024

De haber sabido ni nazco

Cada vez que los neurolocos me cambian el medicamento mi vida se vuelve un caos. Apenas me voy acoplando a la nueva dosis cuando sin razón ni circunstancia me hacen el cambio.

Tengo una semana con la nueva dosis. 

A tiro de piedra tengo ataques de ansiedad. Regresaron las pesadillas cabronas así como lo digo. Anoche tuve un ataque de pánico tuve que comerme solita porque Barry no quiso subir a mi recámara. Por más que en la pesadilla gritaba su nombre, no subió. 
Entiendo, él también está enfermo y le cuesta trabajo llegar hasta mi recámara y encima tranquilizarme que a decir verdad no es cosa fácil.

Tuve un ataque de pánico. Veía sombras cerca de mi cama. Sentía presencias subiendo por mis pies. Las sombras parecían monstruos de fauces enormes. Tengo muy claro que no son reales. La doctora preguntó si creía que esos bichos o esos seres amorfos existen. Obvio no, contesté, ni siquiera es mi imaginación. Es el medicamento el que tuerce los cables del cerebro haciendo que la realidad se deforme de tal manera que me lleve al pánico absoluto.

Así pues me puse a rezar. Bajé a todos los santos del cielo, pedí me ayudaran porque no había mano cerca. Estaba nomás Calixto pero no sabe tranquilizarme. Sólo se sube a mi panza pero eso es peor porque su pequeño peso me asfixia. 
Terminé las veinte mil oraciones que me sé pero las sombras no se iban.

Me corazón latía como tambora sinaloense. Coloqué la mano derecha encima de él para aplacarlo. Poco a poco se fue quedando quieto igual que mi miedo. Me quedé dormida. Thank god.

Me despertó un alarido horrible. Alguien gritaba ¨papá¨. Cuando reaccioné supe que era yo. Mi propio chillido me despertó. En el sueño sabía que no era yo la que gritaba porque no tengo padre. Quería decir Barry pero no podía pronunciarlo.

Con mucho trabajo pude abrir los pesados párpados y mantenerlos un tanto abiertos, el tiempo suficiente para poder pensar otra cosa y ¨salirme¨ de la pesadilla espantosa.

Luego le hablé a Barry y pasó todo lo que mencioné renglones arriba.

Siempre que voy al hospital hay una bola de médicos pasantes asistiendo al doctor en turno. Hay cinco o seis haciendo bola nada más, no entiendo porqué hay tantos. Todos me miran, unos me hacen preguntas, otros me checan los pies, otros ejercitan mis brazos. Otros observan la manera en que me manejo. Sudo como si hubiese corrido un maratón. 

Ellos tienen una escala para calificar mi evolución. El 0 es la más alta calificación. El 4 la más baja. Nunca he sacado ni siquiera 2. Siempre soy nivel 1. Si fuera nivel 0 no estaría enferma del pp.

Los ejercicios que me ponen son por ejemplo contar del cien al cero pero al revés. Decir las más que pueda palabras con cierta letra. No nombres propios ni países ni verbos. Palabras comunes. La máxima calificación es 30. Yo digo 29. También piden decir los meses al revés. ¡Uh qué fácil! 
¿Quieren que haga algo imposible? Pónganme a correr. Los pp tenemos la particularidad de no correr a menos que sea subiendo las escaleras o andar en bicicleta. ¿Quién no puede hacer eso?

Yo


Hay otro ejercicio de memoria con 5 palabras que debo decir después de un tiempo sin olvidar ninguna. También hacer dibujos lo mejor posible. Todo eso me pone a hacer la doctora y su bola de cardumen etéreo.

Esta última vez pasó algo con uno de ellos. Mientras  hacía los ejercicios, otro se llevaba a Barry al otro lado de la sala de espera. Tardó mucho la entrevista que le hicieron. Lo poco que me dijo fue que le preguntaron sobre su situación mental y física en cuanto a ser mi cuidador.  
Ya no aguanto, le dijo al médico. Llegué al límite. Ya no puedo más.

Sabía -tonta no soy- que Barry estaba cansado. Su memoria y su pie no le ayudan. Eso hace que se agote. Encima cuidarme es lógico que ya no pueda. Mis hijos le ayudan pero tienen su vida y no podemos mantenerlos atados a nosotros. Nos ayudan en lo que pueden. No nos abandonan. Es lo que hay.

Hoy por la mañana le pregunté por qué no había subido a ayudarme durante el episodio de la pesadilla.
Porque me da mucho miedo verte fuera de ti. No puedo, es muy fuerte el miedo que siento. Eres una desconocida. Lo lamento. Con esa Flor no me casé. Me das miedo.

No podía creerlo. Barry siempre ha sido el hombre fuerte de la casa. Enfrentándose a toda clase de peligros y problemas pero nunca se ha enfrentado a lo desconocido.

La vez pasada era algo nuevo, no sabía que pasaba conmigo pero ahora sabe de la ansiedad, de los ataques de pánico y de las pesadillas en las que mi yo sensato huye de mí.

Todas las enfermedades tienen diferentes etapas, el pp no es la excepción. Puede que mi rostro no se vea enfermo pero al momento de hablar se sabe que si. Esto avanza. No me va a matar el pp pero si está deteriorando las demás capacidades. 
Hace unos días no supe cómo entrar a mi blog. Me quedé viendo la pantalla tratando de recordar pero fue imposible. Pedí ayuda pero no saben tanto de lo que hago por mi cuenta.

Dejé que pasara el tiempo. Entonces tomé de nuevo el teléfono buscando un contacto cuando sin pensar fui directo al blog. ¿Cómo le hice? npi.

Lo volví a hacer y fue cuando recordé la manera que entro a la MaLquEridA.

Soy muy sarcástica en cuanto a la enfermedad. Hago chistes de mí -sólo yo- no aguanto la burla de los demás. El tipo de pp que tengo es rígido, no me deja mover. Soy un robot tipi tipi tom tipi tom. 
Dentro de todo eso tengo las frases favoritas que he ido acuñando con el tiempo. De entre ellas está la del título de este post. De haber sabido ni nazco. 
Antes de otra cosa diré que esa es mi forma de pensar. Mirándolo objetivamente, si no hubiera nacido todo fuera casi perfecto.

Como digo y redigo. mejor no hubiera nacido me hubiera muerto chiquita.

Hay más cosas malas que han pasado conmigo que sinmigo diría Pepe Madero.

Y no se hable más.

Dicho queda.

Exabruptos en Do mejor.



Con su venia compañeros.


















lunes, 22 de abril de 2024

Alicia en el espejo

A manera de cuento.


Conocí a Alicia un día en que aburrida le dijo a su mamá que quería una muñeca o una niña para jugar porque estaba muy sola. La madre, directora de una importante empresa de almacenaje, y pronta a atender los reclamos de la niña, tuvo a bien buscarle a alguien con quien jugar. Pensó en comprarle algún juguete pero, tenía ya tantos que uno más no sería diferente.
Tenía en la empresa a su cargo un hombre eficiente con muchos años de servicio. Sabía dicho por él mismo que tenía tantos hijos como meses tiene el año. El dinero no alcanzaba para mantenerlos.

La Directora pensó que si una de sus hijas la ¨adoptaba¨ por un tiempo pagándole todos sus gastos, educación, alimentos, etc.,  sería una gran ayuda para el trabajador que además era muy estimado por ella por trabajador y educado. 
Habiendo muchas bocas que mantener -pensó el hombre- si una se le iba sería una cucharada más de frijoles para los demás.
 
Así que preguntó una mañana a sus hijos, ¿Quién quiere ir a vivir con una señora rica que les dará lo que nunca han soñado?

¡Yooo!
Si, yo levanté la mano, a los diez años decidí el rumbo de mis sueños.

Una mañana de junio emprendí la partida a un mundo mejor lleno de juguetes y ropa sin remendar, sin hermanos que jalaran las trenzas ni que se pelearan por ver quien ganaba la primicia de leer ¨Leyendas de la Colonia¨, revista que era permitida sólo a los mayores. Los pequeños debíamos conformarnos con lo que platicaran los hermanos bajo las sábanas en un mundo de ruidos callejeros y fantasmas escapados de debajo del puente de El Contadero. 

Guardé con ayuda de mi madre la poca ropa que tenía, la que no compartía con mi hermana mayor. Una llave que abría los recuerdos felices con sólo cerrar los ojos y un dejo de tristeza guardado en la bolsa donde mamá compraba las frutas y verduras con las que aplacaba el hambre feroz que siempre teníamos.
Agarrada de la mano de mi madre y de Juan -el gemelo mayor- que iba dejando regadas en el camino las huellas de mi sonrisa para que a su sonido pudiera regresar sin perderme, emprendimos la ruta hacía un destino insospechado.
Mamá me dejó en esa casa enorme donde una niña rubia, con pecas y un conejo de peluche más grande que yo me dio la bienvenida escudriñándome cada poro de mi piel. Sin sonreír me veía con sus ojos verdes llenos de preguntas.
Yo con mi pelo largo negro, morena y seria era todo lo que no esperaría de un juguete vivo. 

Mamá y Juan se despidieron de mí, después de darme un abrazo que se repetiría por dos largos años en los que la separación era cada vez más difícil. Cerrando la reja partieron sin mirar atrás a la niña que se quedó con dos lágrimas temblando en las pestañas. Después de esa primera partida, las lágrimas serían mis compañeras inseparables de vida.

Alicia después de escudriñarme y viendo que no ofrecía mayor peligro se puso feliz, por fin tendría con quien jugar. Una muñeca de carne y hueso que haría lo que fuera con tal de ser aceptada en esa casa que nunca -con el tiempo lo sabría- sintió de ella.
Ropa, zapatos, juguetes, paseos, comida deliciosa, manjares exquisitos que jamás imaginé existieran y un conejo de peluche sentado en el rincón de la recámara que no era ni sería nunca mía. ¿Por qué querría que todo fuera mío? Sólo mío.

Alicia en el espejo mirándose todos los días, trenzando su rubio pelo tan brillante como el sol, me veía tratando de meterse en mi cabeza queriendo comprender porqué todas las noches me paraba de puntitas tratando de alcanzar a la Virgen del Socorro que con su hijo me veía desde arriba.
Por las noches cerraba los ojos pensando en mis padres y hermanos que habían quedado lejos, lloraba sin fin hasta dormir rendida añorando una vida que dejé sin pensar. No pensé. Si tocaba a la virgen seguro ella los cuidaría aunque la Virgen del Socorro era desconocida para mí. 

Juan y mamá venían cada mes por mi para llevarme a casa, sabiendo que al regreso mis hermanos serían indudablemente más extraños. 
Un día ya no pertenecí a ningún lado, había perdido mis querencias antiguas y las nuevas no eran lo suficientemente fuertes para extrañarlas. Ahí me quedé niña enfrentándose a sus miedos.

Cuando regresaba a casa trataba de recordar la última travesura en la que había participado con mis hermanos pero, había pasado tanto tiempo que nadie se acordaba, dejando un vacío en mi alma que comenzaba a acostumbrarse a la soledad.
Entonces me hice fuerte, vestí mi corazón de acero y no dejé que en adelante nada ni nadie me lastimara. En busca de mi propio camino amarillo con la soledad grabada para siempre en mi destino, emprendía la marcha hacía la vida.

Nunca entendí porque no pude llevarme bien con Alicia. Ella quería jugar conmigo pero yo la veía tan ajena que no quise ser su juguete ni su amiga, mucho menos su muñeca. ¨No me gusta que jueguen conmigo¨. 
Terminó por apartarse de mí yendo a buscar a sus amigos que jamás fueron míos. Ahí supe de la diferencia de clases. Mejor era mi mundo. Ahí supe lo que era ser ¨rico¨ y lo que era ser ¨pobre¨. 

Nada fue mío. Perdí el cariño de mi familia porque todo cambió para mí.  El poder y la seguridad que da el dinero -aunque no fuera mío- me hizo ser prepotente y orgullosa, sentirme más de lo que era. Cuando regresé a casa ya nada fue igual, yo había muerto poquito. Era una niña pobre con aires de rica que nunca se me quitaron por más que la vida se empeñara en ponerme en mi sitio.

Perdí mi mundo, mi bosque en el que tantas mañanas salí a recoger hongos para comer en familia. Perdí para siempre algo que jamás volví a recuperar: el amor de mi familia, que lo tengo pero algo se rompió.
Me convertí en ser de ningún lado. No pertenezco desde entonces ni a mí misma.

Así he andado por la vida, buscando el camino amarillo. rastreando las migas-sonrisa que mi hermano Juan tiró un día. Perdido el paraíso de pobreza donde fui feliz cambiándolo por uno mejor, para quedarme en el infinito mundo del solitario ser.

Busqué y busqué la casa de chocolate en la que habitaba mi familia pero lo único que encontré fue la indiferencia de mis hermanos y un hueco que jamás se volvió a llenar. Mi madre y mi padre no eran más mi familia. ¿Dónde estaban todos los que se quedaron? ¿Dónde me perdí? ¿Cuál es mi lugar? ¿Adónde pertenezco si es que acaso pertenezco a algo o a alguien?

Me vi en el espejo un día, no me reconocí. La niña feliz que partió a buscar un mundo mejor se había convertido en una señora gruñona que no se arrepiente de querer explorar su destino a tan corta edad, que fue recogiendo al regreso, migas de lágrimas en un mundo desconocido pero que llenó una canasta de besos que encontró y sigue encontrando perdidos en el camino.













lunes, 15 de abril de 2024

Repeticiones


Hay que tener la mente despierta con la inteligencia a tope evitando entrar en lugares comunes que de tan comunes ya ni lugares son.  

Hola, sí ¿Cómo estás?

Estoy bien, muy bien.

Adornando epílogos completos con base en palabras bonitas con aroma a melocotón. ¿A quién le gusta llorar sin razones? De que las hay, las hay. Tantas más que el número infinito. Desplegar atolondrada el alma sin abusar de ello. Los abusos no son buenos ni siquiera en palabrerías rotas. 

No mirar mucho las letras pa' no desgastarles el alma; luego suenan huecas igual que las tumbas  arropando calaveras desarmadas.

Deja salir la letanía de nuevas palabras, ve formando oraciones simples rebosantes de alegría. Total, siempre hay que responder al falso ¿Cómo estás? para que se te quite la etiqueta de malaleche, Muy bien, gracias. No se pregunta lo que se ve. Para amarguras, el limón. Para sonrisas el optimismo delegado en los labios rotos.

Dicen que se puede ir sonriendo  a todo aquel que te encuentres. Es mejor traer una sonrisa tatuada que bajar la moral con un rictus amargo. La vida te trata según hayas escogido el camino. Tantas emociones libres mezcladas al aí se va, pero que digan algo ¿eh?

¿Aunque digan que sólo aceptas conocer gente si te reditúa alguna ganancia económica? La gente habla porque tiene boca echando semillas de mentiras en terreno despoblado.

Lueguito sigue la charla con más mentiras piadosas. La gente carga su máscara de payaso, con habitual cortesía sonriendo los desaires. De todos modos eres un ser inanimado acostumbrado a caminar de la mano con la mala de la historia. Las derrotas son inmortales. Los éxitos pecan de olvido. ¿Viste la cara que tenía? Seguro no tiene sexo en su vida barata y vacía.  Difícil sustraerse al que por todo sonríe. Ah si, tampoco puedes apartar la vista de los otros, ya sabes.

La vida se vive mejor viajando en los dinteles de la memoria. A lo mejor no existe esa palabra. Ni modo que la haya inventado, no soy buena para eso. 

-¿Para qué eres buena?
-Para todo menos para nada.

Hoy escribo al acecho del desaire.

Haciendo a un lado los vapores de pragmatismo utópico, se vive la vida con sencillez absoluta. No quieras venir a presumir tanta palabrería dominguera. Desde que tienes tantos términos a la mano, presumes tu sapiencia con nadie. Mujer ignota, bruja arrabalera. Señorita a tres tiempos. Señora decente, obediente, sin diente.

Mejor escribe y no hables.

Oakey




 









 

domingo, 7 de abril de 2024

Soliloquio


¿Quién puede estar pensando cosas tan raras un domingo en la noche? Nadie está despierto a esta hora, o si pero no en mi casa.

Hay momentos en la vida que al estar sola con mi Alter Ego -me gusta escribirlo con mayúsculas, se lee tan nice- obligo a la soledad a quedarse callada. Tengo tanto que aprender de ella. Pienso... pienso... pienso. Se me ocurren tantas cosas como por ejemplo, ¿Si la vida fuera de colores, de qué color sería la mía? Ni idea, la vida es como el arcoiris, llena de matices instantáneos con colores rimbombantes. Puede que al amanecer mi vida esté llena de amarillo y luego se convierte en naranja para después pasar al rosita bobo y terminar con el negro nocturno. Si, así creo que es mi vida.

Iba a hacer una lista de cosas que a nadie le importa saber de mí pero lo creí inútil. A nadie puede importarle si caliento mucho mi café y después lo dejo enfriar porque me gusta beberlo frío. Tampoco creo que importe que descubrí un método para no oír a mi conciencia. O que cuento los escalones cuando subo y cuando bajo. No es importante para nadie saber que mi peinado afro era una rebeldía a mis raíces pueblerinas. Quizás a nadie le importe lo difícil que es para mi sonreír.

En ocasiones me cuento historias para dormir.

El otro día me conté una sobre la forma en que El Guardián de Almas tiene para que LucyFer -así lo escribo- no se lleve ningún alma al infierno. Estaba tan buena que la escribí en twitter. Esa historia está mezclada con recuerdos de mi niñez y trozos del adulto que soy. Un día me la voy a contar aquí con lujo de detalles, eso si no asusta ni al diablo.

Tengo historias de patines que nadie creería o ratas mordiendo mi pantorrilla. Crónicas de cenzontles tristes y de nubes con forma de tu cara. Relatos que al no escribirlos mueren cada día en forma de bostezo.

Tengo tanto que contar pero me cuesta trabajo plasmar las historias en el papel. ¿El fondo blanco de la computadora es un papel? Si no lo es tiene un gran parecido.

El otro día estaba pensando que la computadora se ha convertido en mi mejor amiga. Sabe todo de mí. Sin ella la vida me sería muy aburrida. 
Cuando me conté la historia de LucyFer, pasé mucho tiempo en twitter que hasta me sorprendí. Pero bueno por lo menos hay alguien que me lee cuando ya no sé que hacer. Ahí siempre hay alguien presto a escuchar o a que lo escuchen. Cuando alguien con quien hablaba se iba, llegaba otro y después otro, así hasta que me tocó a mi irme porque ya tenía sueño.
Si la computadora no existiera me habría vuelto loca desde hace mucho tiempo. Ya estoy lo sé pero un poco más. ¿Alguien puede volverse loco nomás poquito? Yo si.
A mi me dan miedo los manicomios, temo que me encierren en uno. -¡No me dejen aquí!- Gritaría al tiempo que me aferraría al suéter de mi hermano.

-¡Hey, esa historia es real!- si me pasó. Nada más que no me encerraron en un manicomio. Ahora que lo pienso puede ser que en ese lugar hayan empezado mis inicios con la locura. Hacía tantas cosas ahí. Acariciaba imágenes de santos, guardaba cosas tan extrañas -para mi- como una llave de VW que no sé cómo llegó a mis manos. En los vagos recuerdos que de vez en cuando acuden a mi cabezota, parece que esa llave me la dio mi hermano y la guardé como recuerdo por si se me olvidaba que tenía familia. En esa casa me convertí en un ser callado y taciturno al que ya no le importó que nadie lo escuchara. ¿Para qué si mis gritos eran acallados con un ¨Las niñas bien educadas no hablan a gritos¨, pero esa era la única forma de hacer oír mi voz.

Me, mi, me, conmigo. -¿Algún día dejaré de hablar de mi?- No creo, de eso trata el blog, del Me, mi, me, conmigo en donde soy la reina de un blog caduco y falto de seriedad.

Tiendo mucho a hacerme la víctima lo cual no me importa. Hace mucho que muchas cosas dejaron de importarme.

Cuando iba a la escuela en mis épocas tempranas usaba zapatos que me regalaban -nuevos- pero los usaba cuando nadie me veía. Fueron los inicios con la riqueza. Toqueteos excelsos con algo que nunca tendría. Al fin que ser rico no es lo mío. Los ricos me caen gordos, tengo muy malos recuerdos de ellos. Pero bueno no debo generalizar, conozco ricos muy buena onda. Eso sí son virtuales, los reales no se juntan conmigo.
Ellos dicen que el dinero no es lo más importante, ¡Achis! Quiero ver que tengan que sufrir por no tener dinero para dar de comer a sus hijos o ni siquiera para nada. Bueno, cada quien que haga con su vida un papalote y lo eche a volar que yo he aprendido a subsistir con mis propios recuerdos y con dinero que nunca gano.

Luego pienso que los seres virtuales estamos tan solos que sin nuestras manos el mundo sería infame. Hablando de manos, un día, cuando tenga manos expertas me volveré onanista. Deberían hacerla profesión, Licenciado en Onanismo. Me graduaría con honores, después buscaría una maestría y doctorados y todo eso que uno hace para acumular experiencia que al final viene siendo un logro más en un papel que la mayoría de la gente no entiende. Siendo onanistas declarados, habría mucha gente desestresada y feliz, mínimo estarían sonrientes a la hora de salir a sus labores digo yo. Pero está tan estigmatizado todo que nadie acepta que ser onanista es un gran placer. Dicen -a mi no me lo crean- cargo sobre mis hombros la vieja escuela de la negación como principio.

Esa es otra cosa que pienso en los días sin horas.

Imagino si a alguien podría importarle la historia de Maricruz, si ni yo misma la entiendo cuando me la cuento. O la de Juanita que andaba por las mismas que yo. Dos chicas solitarias en camino diario a la escuela sin decirse nada. Dos casi niñas agarradas de la mano para enfrentarse a un mundo al que no pertenecían. Juanita de pantalón de mezclilla, blusa a cuadros y pelo tan cortito como ella. Yo.. yo era una niña asustada queriendo estudiar para ser feliz, ahora sé que para serlo no se estudia.
Y aí íbamos de lunes a viernes con nuestros siete pesos en la bolsa del pantalón y los miedos envueltos en la mirada. Con mis rizos negros enfrentándome a una vida rara porque ahora que lo pienso bien, mi vida es rara.
Nadie que se precie de ser cuerdo relata los pormenores de una extraña vida a una computadora que responde en momentos ajenos al tiempo y que cada día le restriega en la cara que hay vida afuera cuando es la virtualidad lo que me ayuda a mantenerme viva en un mundo de locura real.








 

martes, 2 de abril de 2024

De vez en cuando conviene

...tomarse un tequila. No hablemos de vinos que para brindar hasta con agua.  Sin alcohol la vida no sabe, dicen los bebedores consuetudinarios. A mí ni me pregunten que el único vino que he bebido es el de mi boda y eso porque el padre me dio del de consagrar. No vale.

Perderte en su mirada azul. Lanzar una lágrima al mar. Brincar charcos imaginarios. Tomar un respiro. Verter en su sombra el sinónimo de mis pecados.

Enterrar olvidos
Sufrir por amor, odiar el calor, ser tú, dormir desnudo. Comerse el mundo. Vomitar golondrinas.

No dar explicaciones. 
Saltar en paracaídas, desafiar a la muerte. Visitar un cementerio. Volver a ser niño. Peinarte con los dedos. Caminar del lado izquierdo.

Tocar sin miedo los corazones ajenos
Ser amigo de tu enemigo. Perdonar las malas memorias. Bailar pegados. Fumarte un porro. Escribir un poema. Cantar a todo pulmón. Andar descalzo. Vivir la vida. 

Tocar la guitarra. Asear tu cuarto todos los días. Hablar con el perico. Gritar en despoblado. Sentir el alma. Cantar con mariachi. Bailar a plena luz sin miedo al ridículo. Dejarte caer al hoyo negro.

Grabar tu epitafio. 
Ver para otro lado, querer a muchos, amar a uno. Desaparecer un rato. Construir tu destino, esquivar al amor, limar asperezas, escudriñar un atajo. Que nadie sepa tu existir.

Dormir con su nombre entre tus labios. Decir que no. Volver a usar tu vestido de novia. Reír porque ya no te queda. Llorar porque perdiste el ramo. ¿Dónde quedó? Bautizar ¨tus¨ calles, cantar redondeles. No forjar sueños. Llegar a la meta. Vivir el olvido. Ya no soy lo que antes fui ni lo que solía ser. Soy un cuadro de tristeza arrumbado en la pared.

Temer a Dios. Contar tus pasos. Buscar su cara en las nubes. Hablar sin tapujos. 
Leer a tus detractores. Añorar un pasado tormentoso. Hacer cosas infantiles. Contar un chiste malísimo.
Preguntar a tu enemigo qué opinión tiene de ti. Mandarlo al carajo. Besar sus latidos. Tejer una bufanda.
  
Marcharte cuando quieras. Ser amigo del diablo. Pararte de cabeza. Desconectarte del mundo. Romper a tus ídolos. Contar tus pesadillas. Buscar la aguja en el pajar. Tomarte la foto imposible. Dormir sin horario. Dar la mano. Amarte a ti mismo. Perdonar sin excusas. Ir al circo. No mirar el reloj. Besar a tu perro. Bañar a tu gato. Comer cebolla,  ¡puagh! Morir de amor. Buscar un pretexto: Dejarte querer. Abrazar el tiempo que te queda.

Mirar de soslayo. Vagar sin rumbo. Dejar que te miren sin enojarte. Usar otro perfume. Vivir un exceso. De vez en cuando viene bien recordar que existes para ti y vives para mí o viceversa, da igual si hablamos de amor.


Dios me hizo desgraciada pero no se me da la gana. 
Escribir en una nube de algodón.
Terminar en paz.
Quemar tus naves.
Escribir sin tapujos el punto final.
























jueves, 28 de marzo de 2024

Por un si acaso vuelves

Ya pasó todo, a lo que sigue. Dale a las tragedias y al amor el tiempo suficiente para morir y fortalecerse. En ese orden.

Todavía tienes dedos y fuerza y letras e ideas e imaginación y actitud y una hoja blanca y poesía de esa tuya tan mal escrita y tienes cielo y ojos y camino y un alto y un siga y tienes demasiado y nunca poco. 
Tienes un siempre y un antes. Tienes un mar de olas sin bautizar y un poeta disidente y un amigo a la espera por ti y un jamelgo de patas chuecas y mucho por leer y un retorno ineludible y un te amo aplastante y diatribas inteligibles y palabras por rescatar, desayunos que compartir. Volcanes para escalar y una mentira qué explicar.

Tienes celos.

Y un para siempre sin comillas y sin caducidad y un y interminable. Y unas pastillas no inventadas y una bicicleta sin recursos y un libro no escrito y me tienes a mí que no es mucho pero es todo lo que tengo.

 Tienes dudas agónicas y tres dedos de frente.

Tienes huellas que seguir y un pantalón por estrenar y unas horas flojas y manecillas sin tiempo, y pasos sin rumbo y semáforos sin alto y ¨que le den por culo¨ para entender y un cielo por rescatar y un infierno que compartir. Tienes dos mejillas rotas y un miedo recién adquirido. Un saco de deseos y tres clavos que quitar. Tienes una deuda permanente y los bolsillos vacíos. Mil textos por editar y todos para  borrar. Un ¨¿dónde estabas?¨ mudo y un ¨aquí para siempre¨. 

Tienes un nuevo brillo en los ojos.

Tienes un Tú y Yo por existir y tres poetas desmemoriados y ropa para planchar y besos por redactar y revivir líneas muertas y un Dios para que te explique y unas luces que apagar y otras que prender. Y una luna para asombrar y un sol que no calienta. Amigos que se van y muchos que se quedan. Gestos por descubrir, orgasmos sin construir. Vorágines para detener y piedras para tropezar. Tienes una orden y tres para obedecer. Tienes mil demonios y un futuro pa´ sonreír. 

Tienes todo y tienes nada. 

Mira tus manos escribiendo. Una cabeza pensante, un estómago pidiendo comida. Tienes un ¨maratón¨ por delante. Y una nieta como ejemplo. Una medalla para ganar y un no sé para pensar.

Tienes y eso lo dice todo.

A lo que sigue, los viernes Cinderella Star no desmenuza reflexiones.














domingo, 24 de marzo de 2024

Somos rumiantes


(Pláticas circunstanciales en los primeros tiempos de u
n día que ya pasó pero se quedó en el árbol de satín donde nacen los cuentos para La Bella..


Sentadas muy juntitas, ella y yo aprendemos de la vida. Una vaca pinta. Una becerrita de ojos rasgados. Las dos enseñándonos secretos.

Desmenuzando plácidamente quereres arrojados al vacío inepto de la melancolía costumbrista heredada del lado materno de Los Apellidos Ilustres, Natalia y yo nos sentamos por la tarde a mirar silencios arrejuntados en las alas de los colibríes. Las campanas de la vieja iglesia llaman a nadie, los fieles se han alejado. Fe perdida mucho tiempo ha.

¿Por quién suspiras abuela?

Trocitos de nubes rojizas sabor a añoranza. Cachos de cielo lastimosamente azul asoman detrás de las nubes. El viento feroz mueve las campanas, metiéndose por las rendijas, con un severo ulular inquieto nos trae aromas de anís y laurel de aquellos domingos relucientes.

Dime qué olvidaste del pueblo al que no volverás.

Encima mío, sentada en mi panza -su lugar favorito para retozar- retoma la niña recuerdos recientes. Me pones nerviosa abuela, dime qué piensas.

-Somos rumiantes mi niña- 

Entendida de lo que es un rumiante mueve el rabito espantando moscas imaginarias. Esa sonrisa coqueta mi niña no se la enseñes a nadie que mía sólo es.

Me veo con ella en el pasto tiradas, mirando el infinito, andando juntas el camino que nos ha de llevar a ser inseparables. Juntitas las dos esperamos a la tarde benévola, tímida de sol.

Ella tritura en sus manitas las sonrisas de sus padres. Mamá y papá... mamá y papá... mamá y papá repite en sus sueños cuando ellos no están. Acunándola en mis brazos le lleno de besos la carita de princesa. Mamá y papá no se encuentran muñeca pero estoy yo. 

-¿Hasta dónde me quieres abuela?- pregunta con su claro vocabulario de niña mayor camuflada en un ser pequeñito.
-Más allá del cielo preciosa, hasta allá lejotes, donde el fin no existe.

Somos rumiantes le digo.

Yo, una vaca pinta de ojos grandes con pestañas de aguacero miro el horizonte esperando al que ha de llegar.

Ella, becerrita tierna muge te quieros a Matías, su primer amigo con el que sueña y se divierte en la escuelita. Un beso en la nariz cura la gripe de Mati. La niña lo quiere. El niño la quiere. Tierno amor infantil.
Shhh abuela, no le digas a nadie.

Así los días, nos encuentra el que llega. Peleándonos, jugando, besándonos, durmiendo juntas. Rumiando trabalenguas y palabras nuevas. Haciendo deberes a tan temprana edad. Comiendo yerbas verdes, sanas como debe de ser. Como dicen los que saben, lechuga, espinacas, y yo qué sé nada de comer sano.

Vaquitas de ternura mirando la vida pasar. Yo echada a un lado de la monotonía. Ella abrazada a mi cuello relata cuentos que nos hacen soñar. Ambas dos a la par de juntas como dice por ahí alguien a quien no conocí. Las caracolas de su pelo negro enredadas al pelo blanco mío. 

-¿Qué somos abuela?-

Somos rumiantes de vida mi niña, rumiantes de vida nomás. Vacas tiradas al sol contando nubes de sabor a encanto, pequeña.

Te quiero abuelita. 
Yo te quiero hasta la esquina del mundo. Allá lejos desconocido donde el Sol y la Luna se besan a escondidas. Hasta allá te quiero.
¿Sabes?
Eres una becerrita tierna. Yo, una vaca vieja sin color. A blanco y negro..

















jueves, 21 de marzo de 2024

Sirenas te de Dios que de lo demás yo me encargo

Hace tiempo cuando ataviada como Cinderella Star devoraba el mundo que solita puse a mis pies, pensaba que esto jamás me sucedería. Que aquello no sería permisible en mi vida. Que eso no tenía cabida en ningún instante de mi secreta existencia. Cinderella Star se mofaba de lo ridículas que podrían ser algunas situaciones. En mi mente no fueron permitidas por considerarse abyectas pero el pez por la boca muere y yo siendo una hermosa sirena de pelo negro ensortijado caí como mensa. Soy una "pescada" mensa. Orate y circunspecta. Quién quiera que haya conocido a la "pescada" de minifalda y botas de gamuza no creería lo que ve en este momento. La soberbia me abandonó, el orgullo me traicionó, la lucidez se está yendo en el tren de las ocho. Mi sensatez se perdió en tus letras. Me acordé de una frase de Astrid Hadad pero nah! no la voy a citar porque siempre lo hago cuando hablo del corazón. Como sea, si Dios existe y se acuerda de mi se ha de estar muriendo de risa. "Me río de la risa que me da reírme tanto". Heme pues aquí pensando en la bola de tonterías que dije no me sucederían pero que el destino, la vida o el puto -perdón- karma se está cobrando. De todo ello que dije rescato el valor con que le di cada mordida al mundo. Eso me salva de al menos no morir como una tipa cualquiera. Todo serë menos cualquiera. N'ombre, faltaba más y sobraba menos. Tanto trabajar para formar mi propia e irrepetible personalidad para terminar siendo una flor cualquiera. Flor silvestre que en todos lados se da que no es lo mismo que me doy. Si hasta eso elijo bien dónde voy a quedar. Como sea, sin venir al caso -y antes que el olvido lo borre- de última voluntad pido ser incinerada para no ser banquete de los gusanos -mi némesis- devorando lo mucho que de carne tengo. Dios si existes, procura que mi familia no olvide incinerarme y tirar las cenizas al mar pa' que los peces me coman. Renacer metida en la panza de una hermosa e inmortal sirena pero, ahora -obvio- de pelo blanco y rizos escasos que sólo asome las narices -los peces no tienen nariz pero ¿o si?- en las noches de luna llena para que el poeta -alguno habrá que se enamore de mi- me dedique sus tristes poemas de amor que nunca fue. Si el karma existe, estoy pagando a precio de oro cada palabra que dije. Y si no existe ¡que alguien me explique! (Voy a buscar en mi almohada la paz que necesito para no morir en el último intento). Abur










 

miércoles, 20 de marzo de 2024

Entre líneas con diálogos entrecomillados

Historias en remanente cotidiano.

Soy un espíritu susceptible al abandono. Recelosa a decir adiós con el ¨Para siempre¨ inscrito en sus letras. Me aferro a la última de las caricias sin querer soltar nada de lo que alguna vez me hizo feliz.
Vivo, muero, duermo, camino en los retablos del recuerdo. Con un adiós implícito en la quimera de otra vida.

Llevo traumas infantiles germinados en el abandono materno al que me sometí por cuenta propia. Las estadísticas guardadas en el Yo interno están escritas con letras hemorrágicas del ¨No me dejes¨.

Cuantas veces te dije ¨No te vayas¨, y cerrando la puerta me dejabas llorando tu partida, asiendo el último rescoldo materno. ¨Volveré si no lloras´. Innato deseo de algo imposible.

Brazos adolescentes vestidos de azul marino desatan mis nudillos del alma de mi madre. El adiós me lastimaba.
¨Volveré por ti´, decían tus ojos húmedos y enojados. ¨Es lo que quisiste¨, mientras poniendo el semblante adusto, me conminabas a quedarme en un sitio non grato para mi. Tirada en las baldosas frías de la ¨Casa nueva¨ lloraba mi infantil desgracia.

¡Oh dolor que no termina!

Los adioses vulneran mis sentidos, me arrojan al precipicio del dolor. La dejadez del destino puso su firma en tres seres compartiendo la misma sangre.
Sin poder hablar, sin poder decir, el abandono toma de la mano a tres niñas uniéndolas en una cruel verdad.
Amalgama de lamentos solitarios anudados en el sexo infantil no apto para mentes angelicales. ¿Dónde estás mamá?

Crueles verdades asoman traspasando la barrera del tiempo y vienen a lastimar el recuerdo imperecedero de algo que no debió ser.
Tan pequeñas, tan desvalidas, tan inocentes en su propia inocencia. Flores rotas en un futuro imposible de retoñar.
Tan ser lo que no se es. Tan niñas, tan pobres, tan silenciosas pidiendo ayuda desde un grito jamás escuchado. Sonido sin voz.

Los adioses no fueron hechos para mi. No en esta vida, pero el tuyo quiero que se vaya. Que no lastime más a seres exentos de culpa.
Las cartas traen letras lastimosas reviviendo un recuerdo aletargado en su propio horror. 

Los adioses vulneran mis sentidos. Lastiman mi alma. Laceran mi noble espíritu vestido de dureza. 

¡Ah si no existiera el adiós! Tus ojos seguirían vivos.


Los pájaros libres del pensamiento alegrarían con trinos el amanecer de cada día. Las flores, los cielos azules, el olor del monte vuelve en el momento menos esperado. Quiero que tú te vayas, pero quiero que TÚ te quedes.

La expiación de tu alma costará menos que el dolor causado.

Tú me digas adiós, no cuando el alma siente hasta la última de sus células.
Tú puedes descansar en paz, no soy quien para perdonar.
TÚ puedes regresar para decir adiós. Estoy preparada para decir ¨No te vayas¨.
Quiero pero no puedo hacer nada por nadie ni por ti. Hablo nada más.

Soy susceptible al abandono y muero cuando me dejan.
No me digas adiós, no tengo cerca a nadie a quien asirme.
Acúsome de ser vulnerable a tu partida.
Sin ti vivo porque morir no puedo.
Porque ahora no es época de ser cobarde, muriendo por algo tan lejano ya como el Sol. Nada ya tendría sentido. 

El adiós no fue hecho para mí en esta vida, en la otra quizás sea yo la que se vaya, la que diga el adiós final. El ¨Hasta nunca¨ que no vendrá porque no nací para decir adiós.

Igual voy a morir con el alma apacible, espero, como redención por el daño que no hice. A estas alturas de la vida morir o perdonar ya no tiene sentido.

Soy libre ya, eso merece la pena vivir.
























domingo, 17 de marzo de 2024

Antes del después

Cuando alguien llega a este blog lleno de palabras gastadas, empanizadas con polvo de olvido.
Énfasis sombrío, no me hallo de otra forma.
Difuminan la entendedera en palabras sin sentido.
Ecuánime y culto lector sal de aquí antes de arrepentirte por el vacío 
inocuo de un texto surrealista quizá.
¿Eh?
Hay palabras que no se llevan bien. Me lo dijo el otro día un escribidor borracho.

¡Knock! ¡Knock! ¡Knock!
-¿Enibary jom?- pregunta el despistado que llegó puchando uno y otro link.

Nadie responde. 

Entran echando un vistazo a lo inmediato. Posts desgastados, olorosos silencios tatemados por infiernitos volubles.
Mirada perdida en un lugar del infinito.

Jai, ¿Can yu hir me?

Última fecha del texto. Uhhh huele a abandono.
El inmediato es la constante del hoy. Si no estás, no existes.
Para mi el abandono empieza en el instante mismo que huyo de aquí.
Mi segunda vida,

Si les llama la atención leen los diferentes escritos que adornan el blog en pasmoso estilo churrigueresco junto con imágenes desnudas de tanto mirar.
Temo los espacios vacíos, como que tienen un dejo de abandono.

Mirada de soslayo que enamoró a uno que otro masoquista despistado cuando no se sabía de qué color era tu alma. Incluso en letras el amor se da a desear. Pa´ que no se diga que los amorosos pululan por aquí. Es cosa diferente en la igualdad. 
Me conquista ese sentir -según tú- pero no te lo digo para que no corras peligro de caer de lo alto de tu ladrillo.
 Querencia ignorada. Amores sustentables. De amor se tiñe la calma.
Capullitos de amor. Retoños de siemprevivas.

Alueguito se mira que sencilla no es por más que las palabras dictadas por el espíritu de un escritor frustrado en las noches aciagas de plenilunio cuando el sueño se demora en otros ojos.
Si la ves amigo dile que no se corte el pelo.

¡Jelou!

Asoma la cabeza alguien cotidiano. Taciturno lector costumbrista. Don let mi daugn plis. Te lo digo a ti silencioso artista de letras pausadas. Y a ti, a ti, a ti, y a ti, y al de más allá, y al de acullá. 
¿De qué tamaño es tu infierno?
Dime

Te vas. Se van. Te fuiste. Mejor no entro, esto huele a naftalina y a miados de gato.

Después de acariciar con ojos que arden de tanto mirar del amor eterno las últimas letras. Sales de este proyecto de escribicionista un tanto desolada por los cambios de miradas. Acróbatas del desafío diario de no enloquecer ante tanto que se lee en este mundo quesque virtual. Salir airoso del vertedero de lágrimas de algunos, victimistas otros, poetas vanguardistas, heroínas de mijitos, padres amorosos, solteros infalibles, groseros victoriosos. Yo sin ti y tú sin mi sobreviviendo los viernes a la vista de un acantilado. Tan cerca... Tan lejos.

¡Hola tú!

De puntillas pa´ no despertar a los espectros cierras con sigilo la puerta con un click suavecito.

Atrás de esta, sin haber hecho el mínimo ruido me dejo caer como caricatura pegadita a la pared donde todo el tiempo estuve mirándote. Mirándolos.
Mirándonos sin ver.
 
Ojos impávidos.

Suspiro -arrojo de valor tardío- musito: No se extraña lo que no se ha ido. 
Siempre he estado aquí en obligado silencio para no boicotear la vida perfecta que afuera construyo con zapatillas nuevas. 

Presta estoy a la consigna de lo estipulado. 
Tu Dios se ha puesto de mi lado. 
Aquí sigo sin esperar la muerte que un día ha de llegar.
Amas la vida. 
Secreto de confesión guardado en las entrañas
porque no quiero que piensen que tengo corazón.
¿Aluego qué sería de mi?












viernes, 15 de marzo de 2024

Y miren, yo tan sin embargo

Amigos míos, compañeros, cuates, broders, amics, tengo la mente atolondrada. El cerebro está al full de antidepresivos. El insomnio está cabrón. Las pesadillas no tienen fin. Alguien saltó sobre mí haciéndome pegar un brinco hasta el cielo raso. Puff menos mal, es Epi el gato de Laura. méndigo cachetón me pegó un susto que casi hace recobre la conciencia.

Vueltas y vueltas, vueltas y vueltas por ti. No puedo hacer ruido, Laura duerme a mi lado. Las resbaladas de mi cama se están haciendo frecuentes. alguien tiene que cuidarme. 

Entonces...

Hago un esfuerzo tremendo por no caer. Ayuda por favor. Ayuda por favor.  Ayuda... murmuro por lo bajo. Quiero que Laura me ayude pero no quiero despertarla. ¿Cómo entonces? pues ya, se levanta de prisa ayudándome a sentar al borde de la cama. 

La mente al full. El cerebro dicta una orden. Toma otra pastilla azulita. Aí voy. Luego Les diré algo, cuando estén en destino abrumado no toquen por nada el móvil. No, se los digo yo que de eso sé bastantito.

Los dedos no aciertan a puchar la tecla exacta. ¡Barbaridad! He querido redactar una nota y el dedo ha puchado ¨borrar entrada¨. ¿Qué?  No puede ser. borré el texto hermoso de Catalina. ¡Nooo! 
No puedo ponerme en pie. Decido quedarme en la cama. Intento reponer el texto, imposible. 
Lueguito aprieto la tecla y entonces ¡Dios de los eternos catatónicos ayúdame! Publico una entrada vieja.
¡Nooo!

Tomo media pastilla azul de nuevo. Este tremor me tiene en constante movimiento. ¿Quién puede vivir así?
¿Quién muere en el inter del sosiego?

En la cabeza suenan tambores de guerra.  El corazón toca como matraca traca traca traca. Sístole y Diástole en hecatombe nuclear.

Pasado el tiempo...

Los pies han adquirido una poca de fuerza. Me levanto y me voy al sillón de la marmota. Tengo mucho sueño. Reviso el móvil. Nada. Parece que nadie reparó la cadena de errores sufridos por mi pobre blog.

Entones miren, lo que quiero decir es que no se metan tanto amansalocos so pena de quedar así meritito como yo. Con el cerebro a tope, sin saber ni como me llamo.

Quiero dormir pero es imposible. Tengo brotes de ansiedad. Después de casi dos años de locura, el pánico asomó a mi vida de niu. Veo todo el trabajo que tengo por hacer. Me desvanezco en la cama. 
Laura se da cuenta. Me atiende, me regaña, me procura. 

Así hasta el más allá del atardecer. Y yo tan sin embargo.

Por eso os digo ¡Oh hermanos míos! manténganse sanos por toda la eternidad o al menos hasta que llegue la hora de colgar los tenis, o de entregar el equipo o morir.

Aléjense de todo dispositivo sino pueden aparecerles cinco llamadas perdidas, tres suscripciones a revistas literarias y un sin fin de rompecabezas armados.

Con su venia compañeros, paso a la pertinaz e inhumana desintoxicada. Mejor ser lo que se es que no ser lo que se quiso ser.


PD: Miren ustedes, son las 21.21 pm acabo de publicar este texto, y blogger dice que publiqué la entrada hace siete horas. O yo me estoy desafanando del tiempo o Blogger se empecina en volverme como endenantes.

Aí se lo haiga.










lunes, 11 de marzo de 2024

Los habitantes

 Catalina es uno de esos fantasmas que no hacen daño a nadie. Antes al contrario, en el mundo silencioso que habita, quisiera escuchar las voces de sus hijos los que hace mucho tiempo se fueron del nido para  perderse en  un mundo de dolores nuevos.

Catalina no anda sola en ese universo de sombras. Ella lleva cargando en sus delgados brazos a Néstor -primogénito de Emilia- a la que se ha acercado en sus sueños para decirle que arregle algunas cosas que en su mundo paralelo no puede.
Catalina está cansada, tiene el espíritu adolorido y las ansias inequívocas de terminar por fin la deuda que no le corresponde, pero que debe saldar.

Héte aquí que cada noche que pasa, Catalina carga amorosamente a Néstor -fallecido en la mala hora- y con él en brazos recorre la casa donde vivió toda su vida de casada.
Muestra al niño la sala, las recámaras, el patio en el que en las mañanas trenzaba los largos cabellos de las dos Marías -sus hijas mayores- a las que amó como ellas no se imaginan.
Le dice de la barda hecha de piedras desde donde se podía ver a la gente pasar y en la que en las tardes se sentaba con sus hijos a buscar nubes de formas volubles. Le platica del trabajo que a su abuelo le costó construir esa casa a la que hoy en día pocos quieren regresar. No los juzga. hay hechos que ni las mejores acciones pueden borrar,

Y así van en el transcurso de la noche recorriendo una vida que ya no está.
Catalina no sonríe, nadie le enseñó cómo dejar volar las sensaciones de entre los dedos y los labios rositas.

Hay un momento que es el que más ama Catalina -o lo que queda de ella- y es cuando llegan a la cocina, entonces sus ojos vacíos se pierden entre recuerdos y mares de lágrimas las que mojan -sin querer- la carita del niño.

Las escenas llegan a su mente sin darle tregua en tanto Néstor la mira sin lograr entender el por qué a su abuela le pone triste la cocina.
Catalina le dice con palabras queditas -para no despertar a los que duermen en la casa- que la mayor parte de su vida la pasó en ese lugar preparando cada día sin descanso la comida que daría al tropel de hijos que como pájaros en desbandada corrían a sentarse cuando ella  los llamaba a comer.
Cada uno tenía un lugar el que nadie más podría ocupar a riesgo de iniciar una batalla campal la que era terminada con un grito o con la amenaza de ser aquietados con una cuchara de madera que ella blandía sin misericordia.
Si el padre estaba presente nadie tenía permitido hablar a menos que él lo ordenara. Incluso Catalina estaba regida bajo ese régimen que nadie aprobaba pero al que todos se sometían. La mano dura y encallecida del padre era la mejor manera de hacerse obedecer.

La mesa blanca de lámina soportaba el golpeteo de las cucharas y el peso de las risas de los niños que nunca callaban cuando el padre no estaba.

Catalina recuerda con esa mirada lánguida que la caracterizó en vida, los momentos felices que pasó con sus hijos entre aromas de café y dulce de pera. El canto de Claudio -el gallo blanco- o los ladridos de El Dandy, el perro mascota de la familia que vivió toda su vida atado a una cadena sin poder nunca  ni querer escapar.
El fantasma de Catalina cierra los ojos vacíos y comienza a hablar. Ve a través del tiempo a la hija a la que no le gustaba la sopa y siempre era la última en terminar de comer. Aunque le dijera que la castigaría, el plato intacto quedaba a la espera de otro que quisiera seguir comiendo, que en eso de tener hambre, siempre había alguien.

Amó al hijo callado que aprendió a hablar ya muy grande. Nunca nadie entendió que no hablaba porque no tenía nada que decir. Cuando algo quería se limitaba a señalar con su dedo locuaz el objeto de su deseo.
Con el tiempo ese silencio se convirtió en el sello personal. Se volvió un ermitaño encerrado en el necio silencio del que nada le parece.
Catalina cuenta de los gemelos a los que la vida separó en el mismo momento de nacer por el fallo de un corazón inhóspito.
Habla de la hija mayor, callada y hacendosa que se convirtió en la segunda madre de los hermanos menores. 
Recuerda a la hija -la de pelo claro y huesos endebles- encerrada en su mutismo devorando libros en lo alto de las escaleras. 

Todos mudos.

Todos callados.

Todos sumergidos en un silencio grande como el vacío del mar sin agua.

Las horas nocturnas se van sucediendo en hechos caprichosos del tiempo ido haciendo que Catalina pierda la noción de lo que ocurre a su alrededor, mientras Néstor sumido en un silencio hereditario, va quedando dormido ante el largo recorrido de la abuela por sus memorias.

Sin darse cuenta, la noche va llegando a su fin. Los fantasmas  deben regresar al mundo inexistente en el que habitan. 
Cansada de recordar, Catalina echa un último vistazo a la cocina. Aprieta contra su pecho a Néstor y se sienta a esperar el día, junto a la estufa que le calienta los huesos cansados de cargar tanta desazón.

Conoce -como toda madre- lo que sus hijos sufren no en vano les heredó el silencio necio de los que nada necesitan ni siquiera un abrazo.
Dando un beso salado al niño comienza la partida al mundo donde nada existe. Ni siquiera ellos que son sólo el recuerdo de las culpas de otros que no terminan de pagar lo que no hicieron.

Son los últimos recorridos que hará a la que fue su casa. El permiso concedido para volver a arreglar lo que no la deja descansar se está acabando. 
Pronto debe regresar a las sombras pero, su retorno al valle de los inexistentes no será el mismo porque le ha dicho en sueños a Emilia lo que debe hacer para que al fin pueda descansar y sin miedo sonreír como en la vida nunca lo hizo.

Tantas cosas que decir perdidas en la garganta de los habitantes de la casa paterna. Miles de risas escondidas entre esas paredes que guardan secretos que jamás serán develados para no hacer daño a los que vienen atrás y que en una ironía de la vida podrían quedar mudos.

Descansa Catalina con la seguridad de que se paga lo que se debe y por la que tu no debes llorar más.

Pronto dejarás de sufrir y no habrá nadie más nunca que te haga llorar ni siquiera esos hijos mudos e ingratos que se debaten entre sus propios demonios en el mundo que ellos escogieron vivir.
Muy pronto descansarás al lado de Néstor mientras llega la hora de reunirte con quien has escogido para acompañarte en el descanso eterno.

Chao Catalina









Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

...che madre (132) ...RKO (2) 2010 (1) 28 de junio de 2014 (1) abandono (21) abuela (64) agradecimientos (14) alucinados (90) Amigocha (1) amigos (117) amor (34) amor y desamor (14) amores y desamores (13) arrepentimientos. (7) aventuras.inocencia (19) baile (8) Barry (161) berrinche (36) besos (13) blog (70) Bunbury. (22) Calixto (4) cambio. (21) casa (14) celular (8) club (2) comida (10) complejos (22) conciencia (36) conciertos (4) confusiones (32) CristyAna Melindrosa (1) cuentos (19) cuentos cortos (70) cuentos de-mentes desequilibradas (131) cuentos para mentes desequilibradas (1) culpas (20) de película (25) departamento (2) Diagnóstico (19) dolor (36) educación (17) ego (4) emociones (48) enfermedad (33) enfermedad. (16) entrevista (2) ep (5) es hora de hablar (20) escuela (10) Familia (78) familia real (22) familia. (38) fans (8) felicidad (78) Ficciones (44) Flor (257) flores (15) fobia (12) fortaleza (14) gente (25) grande (6) grande. (6) gritos (20) guapos (8) guarreces (8) heridas (29) hermanos (37) hijos (52) historias (175) historias.MaLquEridA (166) hongo... (19) hongos (9) Hoy (10) hoy escribo lo que quiero. Desnuda. Contradicción (79) huesos (6) ilusiones. (12) impotencia (22) insomnios (2) intercambio (1) juegos (28) Kiku (41) Kiku Muny (45) la f... no mam´s (2) lado oscuro. (34) le entro (18) libros (7) libros. (2) llantos (22) lluvia (10) los 200 (1) lunares (2) malo (38) Malo. (22) MaLquEridA.sueños (47) mamá (35) mascotas (71) mchálas (6) me cae (7) mi casa (3) miedo (10) milagros (6) mudanza (3) muerte (9) Muny (10) Natalia la bella (88) navidad (6) nervios (16) niñez (17) niñez. (8) no mames (17) nueris (7) olor (6) padres (29) papis (4) Parkinson (23) Pelusa (1) pensar. (30) pensar.ilusiones (10) Pepe (6) perfume (11) pertenecer (6) pianista (2) planes (9) poesía incorrupta (3) radio (3) raros (3) real (30) realidades (70) reina hongo. (48) risas (17) Santa (6) secuestro (3) si acepto (4) sin nada que hacer (34) sin rencores (22) sobrinos (4) soledad. (8) sueños guajiros (63) sueños infantiles (13) suicidio (2) suicido.ángel (3) sustos (4) televisión (4) trabajo (8) tradiciones (9) tris (2) triste (17) unión (7) utopías (15) vas (6) vergüenza (8) vida (57) vida. (29) virtual (4) vivir (24) yo mera (12) yo mera. (4)

Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.