Y alueguito que nos llevamos como alma que lleva el diablo al Babo Alejandro al veterinario. Desde hace poco más de ocho meses que mi Tiki partió al Valle de los Muertos, Babo en enseguidita le cambió el carácter. Se volvió callado, dormilón, ni lata da. Si no fuera porque se la pasa ladra que te ladra a la hora de la comida a ver quién es el alma piadosa que le convida un cachito de pan o carne o zanahorias... Babo comería piedras si pudiese. ¿Tienen perro?
No era como el Tiki quién pacientemente esperaba sentadito a un lado con su carita triste un bocado compartido por la mano del que lo viese primero.
Tiki falleció el uno de diciembre del año pasado desde entonces la vida cambió radicalmente para Babo.
Parece que el alma de Tiki se metió al cuerpo de Babo enfermo desde entonces. Tanto enfermo para tan poco perro sin ánimo de ofender su tamaño tan pequeñito.
Pues aí vamos corre que te corre el sábado con la doctorcita que despacha en el consultorio del doctor Fernando, retirado hace unos años por exceso de trabajo. Un doctor muy chistoso porque amenizaba el estado del paciente con chascarrillos dulces respetando claro el dolor del dueño de la mascota. En ese lugar fueron atendidos desde que llegaron a casa hasta el veredicto final.
Babo ni siquiera se dio por enterado al lugar al que iba. Teniendo cataratas en ambos ojos pos no había manera de saberlo.
Olfateaba el horizonte, la avenida, los perros. La mañana de cielo nublado contrastaba con el calor deleznable. Tedio sofocante aderezado con sonido de campanas llamando a misa de ricos. Ruido de motores, carcajadas de niños latosos de domingo. Calor infernal. ¿Quién inventó el Sol?
¡Dios de los perros mándanos la lluvia plis! ¡Maldita canícula termina de irte de una vez!
La señorita veterinaria después de revisarlo minuciosamente nos fue enumerando el rosario de enfermedades que Babo tiene. Enciclopedia parecía. ¿Tiene algo sano este perro doñita?
El veredicto fue el mismo de mi Tiki. No aguanta las operaciones que requiere. Está viejo y enfermo. Fue volver al principio del fin. Decidir la vida o muerte del chihuahua.
En eso andamos.
No me gustaría ser perro para que otro decidiera mi muerte. La vida es ansina como lo cuento. Metódica y rutinaria. Dolor de corazón.
¿Quién sufre más la muerte de una mascota? -me preguntaron.
El dolor tal como el amor no tiene medida. No es el que más llora o el que más lo recuerda. El dolor como el amor no tiene medidas ni tamaños.
Te quiero de aquí a la luna, tres vueltas y media de rodillas y sin agua.
Nadie llega y pide ¨un kilo de dolor¨ o ¨un medio de sentimientos¨ porque ¨todavía tengo unos pocos en la alacena¨.
¨¿Me da tres cuartos de dolor del fuerte porfa?¨
Y pos nada, aquí estamos viendo como Babo reaccionó favorablemente al tratamiento. ´tonces hay que inyectarlo de nuevo pa´ ver cómo evoluciona.
Andamos en eso.
Benito Tiki -el chihuahua viejo- y Babo Alejandro -el chihuahua joven- llegaron de la calle a mi casa. Los adoptamos. Todas las mascotas han sido adoptadas.
Había prometido cuando muriera Tiki adoptaría al primer perrito callejero que pasara frente a mi casa. Desgraciadamente no lo voy a poder hacer. Tengo a la Señorita Gato, a Los Tres Huastecos, a Calixto y a Babo enfermo. Yo pues no soy un dechado de salud como saben. Apenas puedo cuidarme yo sola.
Babo está formado en la fila del no retorno.
En eso andamos, consintiéndolo para que sea feliz tal como Natalia dijo a Barry: ¨Disfruta lo que te resta de vida abuelo porque ya estás viejito¨.
Ni más ni menos.
La vida es.