sábado, 14 de enero de 2017

Como perlas...

Viviendo así... de lejitos. Comiendo estrellas porque quiero acabar con todas. Ya me hartó su titilante inseguridad. ¿Quiere una? Me gustan las plateadas con hilos de mentira y sabor de engaño. Dicen que no coma muchas porque sensibilizan la lengua.
Como perlas hilvano mis risas en cordel de oro. Ese día me vendieron un árbol de peras en veinte centavos, entonces me hice rica. Camino entre las nubes porque me dijeron que ahí puedo volver a ser niña. ¿Ve ese lucero brillante? Me lo cené anoche pero apareció de nuevo. Yo creo que es mi mamá porque la muerdo y le sale juguito de lágrimas. Mamá lloraba mucho ¿Sabía? Vivo cada noche de a poquito. Tenía un par de trenzas recargadas en mi espalda. Un día que lloré se acabó el engaño. Amo a los hombres que tienen gusto por lo salado. Así sabe mi piel, como pescado de ojos saltones en marea alta. Otras veces olvido respirar renaciendo en días cubiertos de neblina donde me pierdo con los fantasmas de mis ancestros. Evito los exámenes de conciencia porque me limpian el alma.

Tengo el pelo de caracolas chillonas. De vida pobre me revuelco en el pasado glorioso de los que me desprecian. Paso la vida armando rompecabezas de lamentos. Colecciono olvidos.  De profesión archivista de derrotas. Llorona por convicción. Maestra en el arte sutil de decir verdades en forma de regalo. Hoy poseo más risas y menos desvelos. Necesito saber dónde quedó mi olvido, quiero llorarle un poco.  Tengo recuerditos envueltos en sangre sobretodo los de mi niñez ausente. Un día fui la más hermosa pero el loco viento me dejó desnuda a la vista de todos. Desde entonces son conocidos los recovecos de mi inocencia. Lamo huellas buscando las que perdí un Abril del año del Señor.

Ausencia me llaman por mal nombre María Solita pa´ servir a Dios o al Diablo según se me ofrezca. Me bautizaron así porque el día que nací perdí el futuro. Bebo agua de los ríos rastreando la risa de aquel que murió en pos de vanaglorias disolutas. Los corazones de los que no me aman ensordecen mi angustia. Me gusta la vida ¿Sabe? me recuerda la infancia vivida en una casita de adobe. Gozo de caminar en el lodo para lavarme después con agua de alhelíes. Escribo complejas ideas absurdas mezcladas con añoranzas. Atemporales pa´  toda la vida. Dios me lo tenga en cuenta. Yo digo que mientras menos entiendan no habrá culpables. Peco de impaciente con actitud insumisa. ¡Maldita dulzura la nuestra! Maldito el olvido que me niega tu ausencia.

Ya me voy porque acabo de recordar que ya morí. ¿Y usted cómo dice que se llama?






















domingo, 8 de enero de 2017

Las horas

La fe es un grave sufrimiento, es como amar a un extraño en vano...*

Estoy agarrada del filo de la ventana a una altura aproximada de unos poquitos metros para llegar al infinito. Al no retorno. Así mi fe.

Cuando me dieron una buena noticia me aventaron al precipicio de la felicidad. Necia como soy me agarré a la orilla. Yo no quiero paraísos, que no. No me den esperanzas que miren luego no me puedo levantar pero si me dicen con una sonrisa ten fe, verás que si. Les creo.

Llevo un tiempo asida con una mano a esa esperanza. La otra se soltó de a poco conforme los días han estado pasando.
No puedo más. Si ha de tronar que truene de una vez  La espera es una tortura innecesaria. El  ¨ya¨ tirano no admite más tiempo. Si digo ya es justo en el momento.
La fe debiera ser como yo: Necia pero pues no, más bien es bruja, desaparece a la primera por arte de magia. Y eso que no nomás estoy pensando en eso si no... Dios o el diablo salven al mundo de los necios. Apóstata de la esperanza rindo culto al desasosiego.

A primera hora solté una mano. He perdido si se puede la mitad de mi fe. Se cayó por allá lejotes de mi. Ah por dios ¿quién inventó los paraísos?

¿Dónde guardo la poquita fe que me queda antes de que termine diluyéndose en los caminos vanos de la desesperación?
De una cosa estoy muy segura. No podría ser guardiana de la bomba atómica.


¿Por qué siempre conviene alegrar a la gente? también de vez en cuando está bien, asustar un poco.*



*Las Consecuencias EB.



¿Un cafecito con un bolillo?  Que pastas de thé ni que ocho cuartos  Bolillo señores. En las mañanas beberse un café junto con un bolillito es tocar el paraíso. ¿Qué no tiene chiste? ¿Qué saben ustedes de amor si nunca les han besado el ombligo? además eso dicen porque el bolillo es tan simple como yo pero si lo probaran adiós galletitas. ¡Bolillos para todos! ¡Yo invito!
Después de eso aguanto hasta que me digas que ya no me quieres. (nocierto).










viernes, 6 de enero de 2017

Nostalgia de mi


-¿De verdad quieres que te cuente?- Mira, las sombras que habitan en mi cuarto son de las que no hacen daño. Han estado aquí desde que recuerdo. Sombras salidas de otra dimensión a la que no pertenezco pero en la que esperan pacientemente por mi. Viven en mi recámara, en mi espacio, en mi mundo.
Cuando siento que me tocan el hombro al pasar por la puerta, no me asusto sé quien es, la sombra de un padre que me cuida para que nada suceda. A veces se enoja, se va por unas noches y es cuando puedo dormir bien porque sus ojos claros no me ven con esa mirada de arrepentimiento. 

La que está colgada en el closet -¿la ves?- no la conozco. No tiene cara. El vestido blanco es lo único que veo de ella. Algún día -me ha dicho- revelará quien es y porqué está aquí. Espero pacientemente.  No tengo prisa por saber quién fue.

En las noches cuando empiezo a dormir, mi mano cae hacia el suelo. Los fantasmas que habitan debajo de la cama corren para jalarme pero la sombra que está en la cabecera las ahuyenta. Es mi madre. No se ha ido porque dice que necesito cuidados como cuando era niña y arropándome en sus brazos me calmaba todo mal. Quisiera se fueran a descansar, que sepan que estaré bien pero no me hacen caso, quieren quedarse conmigo hasta que no necesite más cuidados.

-Mira, ahí en la ventana- es el fantasma de un hombre que murió cerca de casa. Un día pasé por ahí caminando. Sin darme cuenta estuve a punto de pisar su sombra. Fue lo único que quedó de él después que en una noche de tormenta los coches le pasaron por encima sin dar tiempo a despedirse de nadie.
-¡Pobrecito!-dije en mis adentros. Me escuchó, desde entonces está en la recámara esperando un descuido para hacerse dueño de mi cuerpo y buscar los recuerdos que quedaron hechos pedazos junto con él.

Hay otros más -muchos- están acechando, esperando la oportunidad de llevarme pero no me dejo. Cuando empiezo a quedarme dormida, desde lo alto del hoyo negro en el que juego, veo como mi alma  cae sin gritar, sin hacer nada, al borde del precipicio, con la punta de los pies arañando el vacío. Miro como caigo sin hacer nada por detenerme, es entonces cuando una mano me jala antes que desaparezca. Eres tú quien no me deja caer. Quieres tenerme junto a ti.
-Aún no- dices y agarrados de la mano nos vamos  a esa dimensión a la cual no pertenezco pero por la que me muevo sin miedo.

Quiero regresar a mi mundo pero la nostalgia de dejar solos estos cuerpos sin alma lo impide. Añoro mi cuerpo, mis juegos, mi espíritu libre bailando en las sombras a la luz de tus ojos pero no es tiempo de partir. Alguien susurrando en mi oído dice que no es tiempo todavía.

Veo en penumbras los ojos llameantes de un ser que no sé quien es. Enojado se burla haciéndome creer que he ganado la batalla. Ilusa de mi,  la noche aún no ha terminado.

Las sombras que me habitan no se disipan con ninguna luz. Pasan volando como pájaros brunos en el cielo raso de la habitación. Brumas silenciosas.
Escondidas a la luz del día duermen quimeras. Sueños blancos del ya no ser. La nostalgia se arrellana sobre mi almohada esperando plácidamente llegue la noche para volver a vivir.




















Fui musa del Cantor de poemas alucinantes.

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón
de sol escondido
y mil silencios largos.
Es beso de agua
y luz de ciegos
en el desierto diario.
La leo y me leo.
La leo y la siento.
La leo y la quiero.
Vamos de la mano
desconocidos
y alejados
por los caminos
rotos y astillados
de la vida cansada
y del tiempo huraño.
Refunfuñamos por todo
y hasta en el infierno
tienen miedo
de que un día aciago
lleguen nuestros pasos.
Chocamos con mil horas
arañamos las rutinas
odiamos la compasión
nos dan risa los ángeles
y mucha pena los diablos.
Nos cansa todo
y más que nada
el resto de los humanos.
A veces herviríamos
a los que nos rodean
y otras daríamos la vida
por hacer reír a un chavo.
La Malque es un corazón
de sol escondido
y mil silencios largos.


Toro Salvaje

Hey si de cuando en cuando nos preguntamos qué demonios hacemos aquí.