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martes, 10 de abril de 2018

Simulacro

La forma que encontró el médico don neurólogo ha sido la que aprendió en las aulas universitarias. Bajarle tres rayitas a mi irritabilidad y malhumor con otro antidepresivo más. Aletargarme para que con sonrisa boba acepte el destino para mi escrito. De esa manera dejaré de azotar el móvil contra las paredes cuando lo que dice no me gusta. De igual forma el cereal o lo que tenga en las manos no caerá consciente al piso para hacer saber a alguien que existo.
Los lugares se reducen, no puedo transitar entre la gente. Estorbo en un mundo lleno de prisas. El ritmo que siguen sus pasos son un tronar de tambores en mis oídos. Engatusan los sentidos haciéndome creer que puedo seguir el ritmo acelerado. Prisa desaforada por llegar a checar tarjeta. El mundo es un complejo sonido lleno de notas discordantes. Mis pies no encuentran el acertado paso para salir gloriosa de ese arrabal de emociones de los domingos en familia.
El señor don doctor quiere bajar tres rayitas a mi irritabilidad y malhumor con cápsulas de tenmeaquí. Don neurólogo ignora que mi irritabilidad es cíclica. Aparece con los primeros calores de marzo y termina los primeros días de los otoños fabulosos con sus alfombras de hojas muertas. El calor vulnera mis sentidos. Inhibe mi mente. Convierte los restos de mi cuerpo en guiñapo ultrajado por el sudor desquiciante. Las prisas, la gente exacerbada por el sol, piernas metidas en shorts de mil colores. Hombros al aire, pelo apretujado, deseo obsceno reflejado en las miradas impías en hombres sin compasión ni memoria. El calor toma de rehén mi piel ajándola sin piedad como antaño cuando mi madre curaba heridas de lo desconocido con paños de bondad. Un cuerpo enfermo con el que he luchado desde que tengo memoria.
Asustando al cuidador de mi boca salen dolores profundos. Ayes lastimeros que no puedo acallar en medio de la noche. Reniego del sentido de la vida. El agua escasea. Marchita el sol la gracia de mi cintura. Estoy convertida en caricatura gore. No existe en los anales de la memoria tanto descuido a mi persona. No existo en un más allá de nadie.
Me quiero bañar como Dios manda, si es que acaso los dioses se bañan. Perdida en un océano de metas a las que nunca llegué. ¿Qué hay después de la meta? La nada como epitafio. Mi epitafio será un silencio oscuro escrito en el pecho del aire. No existí como forma. Viento con perfume de una flor cualquiera. Fosa común de los rebeldes. Todo eso lo veo, lo siento, lo palpo. Puede que el señor don doctor esté en lo correcto y quiera salvarme de ver esos mundos atroces en los que la mente se mueve. Quiere que viva en el Paraíso de los locos. Con sonrisa boba, sin fuerzas más que las del hálito de valor que me queda vagaré este tiempo de prueba. Seré un manso corderito asintiendo en todo lo que me diga quien ose mandarme. Ni así vencerán mi espíritu rebelde. Punto final.












miércoles, 28 de marzo de 2018

La guarida de la marmota

El caldero de cuentos. Churrigueresco tal como yo.
La última vez que me senté frente al viejo computador fue en junio del 2014 según mi cuaderno de notas.
Bajo un montón de polvo yacían los apuntes para nuevos posts. Cuadernos con garabatos burdamente escritos en las noches oscuras de ese entonces cuando de panza sobre mi cama escribía a oscuras para no despertar a Barry. Antes de la separación el cofre de las ideas era prolífico. Con alma de niña grande peleaban las ideas por salir de mi cabeza. Di vida a moscos, cucarachas, gusanos, moscas, grillos. Di vida a seres que nadie quiere. Malqueridos como yo. 

Parece poco cuatro años ¿dónde estuve entonces? Descubriendo a las infames, mortales, infieles. Sucumben a los amores metidas entre las patas de los caballos. Inconsciencia en cuerpos abyectos delineados al por menor. Los hombres las prefieren flacas como título de post adornado de coraje. Soy fácil de adivinar. Muero por mi propia boca y no soy pez. 

Todo sigue igual. No moví nada. Cuadros, fotos, discos, libros, etc. Un montón de historias hechas olvidos. Revisé todo al amparo de un mantra de alegría. Recuerda: los mantras no son cosa de juego. Subsisto gracias a ellos. La cordura no es un bien preciado para quien poco entiende de amores corruptos. Sin embargo vuelvo a lo mío. A escribir desde el lejano páramo de mi memoria. Lo viejo debe morir para dar paso a lo nuevo. Si se trata de vivir muero por dentro. 

Las historias no pueden escribirse sobre olvidos. Hay que hacer espacio. Remodelar el escritorio, tirar hojas que a nadie dicen nada. Palabras mágicas, capullos de cuentos. Suspiros en do menor. Alegría de casa otrora feliz. Crisálida sin ganas de abrirse al mundo. Revolotea en mis indultos que no pido para mi. Impulsiva como soy doy por cerrado el capítulo de mi inocencia. Nadie preguntará.
El rompecabezas de recuerdos ha sido terminado. No pertenezco a nada ni a nadie. Pertenecer a algo porque a alguien no será. 

Por fin lo entendí, tras estas palabras duras la verdad sale a la luz. No soy ni pertenezco a nadie. A nada. Mi psicóloga favorita me habría dado un abrazo de final feliz.

Cubiertos todos los espacios, no hay recovecos donde pueda meterse la frustración. El espíritu carga con mi antepasado dudoso. No tenemos nada en común. Abro las alas a la incipiente libertad carcajeándose de mi. Tiene razón no soy libre. Mi pasado me condena aún cuando pasado esté. No hay forma de cambiar. Sigo siendo la que ellos no conocen. La indiferencia es un buen método de castigo muy bien aplicado. Berrinchuda, altanera, enojona, impulsiva yo soy. Bloqueados los temores ahora sí puedes hablar sin cortapisas.
Bajo el amparo como si fuese manto de la Virgen del Chongo Parado me acojo bajo su descarada protección. Las vírgenes también se vuelven locas.
Regreso al nido de la pereza formados con mi blondo cabello. No se piense que no me cepillo el pelo, son nidos que el hado que me cuida hace para sobrevivir a los días aciagos de calor espeluznante.  Si de todos modos hay que vivir pues que sea a mi modo qué chingados que para eso soy dueña de mi vida y mi infortunio.










domingo, 25 de marzo de 2018

Trinos de pájaro madrugador

Usttedes no estàn para saberlo pero yo si para conttarlo porque mi pecho no es bodega.

Un pàjaro madrugador pasó conmigo la noche. Durmió conmigo. Ese pàjaro desplegaba las alas cada cierto tiempo. Había que con cuidado acomodarlas, volverlas a su sitio, cubrirla con una mantita y luego volver a dormir. Ese pàjaro es muy inquieto.

-Abuela, ¿jugamos?- preguntó el pajarillo.

-¿Eh?- pregunté somnolienta.

Con los ojos a medio abrir vi la figura
de una nińa descalza miràndome curiosa.

Por las mañanas al despertar soy Madame Mim, asusto con mi cabeza
de león. Esa nińa conoce a Madame Mim por lo tanto no se asusta conmigo.

-Natalia ponte zapatos te vas a enfermar- balbucee.

-Si abuela pero ¿podemos jugar?

Miro el reloj.. 6,47  de la mañana. Es domingo y el pàjaro madrugador ha comenzado con sus trinos.

-Te quiero abuela- dijo el pàjaro
al tiempo que sus alas rodeaban mi
cuello.

Ustedes no estàn para saberlo pero yo si para contarlo.

Acaba de ocurrir un milagro. La magia de Natalia ha hecho que mi
sismo particular siga dormido. Estoy
escribiendo desde mi celular.

¿Eso qué? preguntaràn algunos. Pues nada. Escrbir sin haber tomado medicamento por las mañanas es algo imposible para los que como yo padecemos de pp.

Sean como quieran ser amigos en eso estriba la felicidad de cada uno.

Ya me voy, el pàjaro nadrugador quiere leche y en esta casa hace mucho que dejamos de consumirla cotidianamente. Cierto que me parezco a Madame Mim pero aún no
sé hacer magia.

Disculpen, sin ofender, entre los presentes ¿hay alguna vaca lechera?








Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje