Páginas

miércoles, 8 de julio de 2020

El imaginario

Convivir de manera cotidiana con bichos, sombras y algos puede llevar a la locura si uno no tiene el espíritu férreo de los indomables. Teniendo esto en perspectiva se adquiere el valor necesario para no enloquecer.
Los bichos pasan al lado de mi escritorio, los miro de soslayo, no existen repito en oración trémula. No existen. Volteo rápido para mostrar una prueba a los que viven conmigo de que son bichos verdaderos, no es mi mente obtusa la que los inventa. No los ven, no los miran. Sus ojos tienen esa tristeza extraña de quién no conoce el mundo en el que me muevo. Porque este es un mundo niños. Un mundo al que no todos tienen libre la entrada. Terreno acotado.

Las sombras semiparalizan el corazón. Las veo volar por las paredes de la sala, de la cocina, de la recámara. No hay nadie. Me mantienen cautiva por momentos en que libero la mente para no dar oportunidad a la locura que me tome entre sus filas. Exhalo cuando fijando la mirada se pierden en el aplanado de las paredes. Hay sombras que habitan los engaños pereciendo al nacer la luz del sol. Hay otras sin temor a ser vistas a plena luz del día asociándolas con los fantasmas habitantes comunes de la casa donde vivo. Casa habitada desde antes por sus propios fantasmas.

Y luego llegan los algos por las noches tomando por asalto mi cama. Los algos pequeños caminan por mis pies, acomodándose detrás mío, inhalando los excesos de un miedo arrinconado en mi cabeza. ¡Vete ya!
Doy la espalda a la puerta cuidando que no se suban a mi almohada. Entran de prisa saltando sobre la cama. Otros se esconden bajo de ella. Otros algos juegan redondeles infantiles en el pináculo de mi miedo. ¡No existen! mascullo repetitivamente.

El corazón late y late como burro sin mecate. Se avecina un espasmo, lo siento subir por mis piernas engarrotadas por el efecto de los antidepresivos, causantes de todo esto que me está llevando a empujones por los páramos de la paranoia.
Mis gritos a la medianoche asustan hasta al más plantado. Figuraciones mías, pero es que de verdad yo misma me despierto ante la intensidad de la llamada de auxilio. ¡Despiertame por favor! Me siento morir, los párpados pesan tanto. Las pestañas del susto se abrazan una a otra temblando de miedo no permitiendo abrir los ojos. Qué sé yo quién de miedo muere ante los algos infinitos de novel existencia.

-¿Qué es eso que está ahí?- me pregunto al borde de las lágrimas. Nadie contesta, nadie sabe lo que es dormir con los algos sobre su cama.
No estoy asustada, o si. Ya ni sé de mí lo poco que sabía.  Tiemblo porque así ha de ser. Haciendo fuerte la mente no dejando entrar más que con lo poco que puedo hacer frente. Si no duermo ya habrá día que me reponga el sueño perdido. Si me oyen gritar día no teman de mi. Soy una señora con el cerebro atomizado por tanto menjurje recetado por el neurólogo ante la apatía por saber que no hay más que hacer si no es esperar la locura atada a mi cama, sin poder dormir ni comer. A los bordes del infierno se yerguen fabulosas las artes del engaño.

Si por un acaso los vapores de la sinrazón entran a mi cerebro, no tengan miedo, soy un ser imaginario. No me inviten a pasar a su cabeza. Temo no querer salir de ahí.
















lunes, 29 de junio de 2020

En tu mirada


Cuando abro los ojos después de una siesta a cualquier hora del día, tus ojos me miran azarosos.
-¿Por qué me miras tanto?- pregunto acomodándome el pelo.
Siento que con tu mirada atraviesas con descaro los dominios de mi alma rota. Cohíbes mis sueños deteniéndolos abruptamente ante la persecución de las interrogantes intrínsecas de tu memoria.

-¿Por qué me miras así?

Abro los míos al sentir el peso de tu mirada.

-No me veas- digo apenada. 
-No me veas- susurro quitando el oropel de mis sueños sin estilo. Temo que un día te quedes engarzado a ellos para no irte jamás enmarañado en las caracolas invisibles del pelo que te enamoró

No me mires más Enriqu... digo, Barry.










lunes, 15 de junio de 2020

Las Teorías del No

No ha de ser en los cementerios donde busque a mis muertos,
yacen
muy dentrito de
la memoria.

No son los despojos con los que se nutren los árboles de verde follaje
los que guardan las querencias,
es en el corazón donde reposan indelebles al tiempo

No es el valor lo que me mantiene erguida.
Es el temor el que impide  las caídas
abrazadas a los troncos gruesos de sauces llorones
se yerguen gloriosas ante el ímpetu de los despojos nutriendo vida.
















Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales