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jueves, 28 de noviembre de 2019

Interludium


Asomando la cabeza del sublime arte del dormir en la exquisitez de un tiempo indeterminado, abro los ojos a una oscuridad que no me incumbe. 

¿Qué son las sombras sino temores camuflados en sombras vergonzosas? Algo hay ahí paralizándonos el miedo. Somos niñitos agarrados de las enaguas de una madre escondiéndonos de lo desconocido sin imaginar que la madre está peor que uno, sin tener un pecho donde guarecer el miedo al tirano, monstruo omnipotente que duerme a su lado. 

Los temores inducidos por una sarta de pastillas aberrantes pernoctan en el dispensador diario esperando la mano insegura, acudiendo a la hora en que el médico de orates lo ha dispuesto. Ni siquiera a mi boda fui tan exacta en mi cita con el destino. Soy la típica mexicana llegando tarde a todos lados, no por herencia sino por una costumbre adquirida. 

Creo que a la cita con la huesuda llegaré con retraso. Eso me permitirá despedirme de aquellos que olvidé en la prisa diaria. O quizás lleguen a mi mente otros rostros de tan amados fueron rezagándose para dar lugar a rostros nuevos. 

Poetas y musas en juvenil esencia soslayando los placeres de un beso robado en la lógica existencia de lo infinito. Íntima poesía de versos ensombrecidos por el dejo de amor primero. Ese que no es amor pero como si lo fuera,  guardándose en el baúl de los amores inconclusos. ¡Diablos! Qué hablo de amor si -como dijera Barry- nunca me han besado el ombligo. 

Volvamos a las sombras compañeros, a un lugar en tinieblas al que la mayoría cuando se asoma al reino caído de la reina destronada de los hongos, lugar lúgubre al que los rayos del sol, piden permiso a las cortinas para poder entrar. 

"¿Por qué está tan oscuro?", preguntan 
Son las cortinas. Respondo rapidito antes que mi irascible carácter grite, '¡porque así me gusta, chingá!' 

Sombras lúgubres sin forma ni estilo. Carentes de sentido conviven en las duermevelas constantes a las que someto a luchar al espíritu libre, habitante interior de este minúsculo cuerpo enfermo por desgracia. 

Las sombras, residentes perpetuas de mi cabeza, inquieren la pregunta constante jamás contestada: "¿Qué hago yo aquí?". Soy un ente perdido en la vertiente de sus emociones, resignada a buscar respuestas donde no las hay. 

¿Capisci?


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Una historia que no me pertenece

Ayer hablé un poco con el neurólogo sobre el problema de Barry. "Tiene que atenderse ya". Hablar con Barry sobre lo que le sucede es como jalarle la cola al diablo. ¿Han visto al diablo enojado? Yo sí. Con lo poco que pude hablar, Barry me mandó a la chingada. Hacía mucho no me mandaban allá, 'tonces me fui calladita y sin hacer ruido. Después, Barry habló claro y fuerte ante La Emilia y Laura; dijo así: "Cuando la Chiki -o sea la MaLquEridA- y yo valgamos para un carajo, nos iremos a la chingada los dos". Barry lo tiene claro como yo lo he tenido siempre. Vivir así no es vivir. Nosotros nacimos para vivir el amor a nuestra manera. No nacimos para vivir infiernitos. Barry lo dijo claro: "Chiki y yo -suena bonito ¿no?- partiremos juntos". ¡Bang, bang! y al hoyo, digo yo. Queda dicho. ¿Suena cruel? No para quien lo vive día a día. No es cobardía, es dolor de saberse aniquilado vivo. Dependientes de alguien más porque uno ya no sirve para un carajo. Quizás tengamos una oportunidad en otra vida porque en esta valimos madre. Vamos a dejar fluir la vida, compañeros. Tomemos el reto del sólo por hoy. Mañana es hoy. Hoy fue ayer. Ayer fui feliz con Barry, La Emilia y Laura. Hoy respiro tranquila al lado de Barry. Hoy la vida va. ¡Salú! ¿Ya ven? Conté la historia que no me pertenece. Igual, Barry no me lee. ¿Otro tequila doble mi Eva? ¡Salú!





martes, 5 de noviembre de 2019

Los vivos muertos


Los muertos han partido de regreso al Mictlán. Mi buena suerte permitió que no me visitaran esta vez. Supongo que los fantasmas habitantes cotidianos no les permitieron entrar. Quizás dijeron que aquí no vivo o se inventaron algún pretexto y no vinieron a verme. Desde hace años rompí con la tradición de honrarlos poniendo un altar en su memoria y ya no vienen.

Y es que el último día que visité la tumba de mi madre le di el adiós verdadero, el adiós del no retorno. Pedí ante su tumba me perdonara por todos los enojos y preocupaciones que le hice pasar en este vivir enfermizo al que estuvo sometida casi desde que nací.

Entonces fue mejor decir adiós.

La otra tumba también la visité. Igual le di el adiós verdadero. Ya no había para qué regresar 'tonces si te vi, ni me acuerdo. Igual Los Apellidos Ilustres mantienen viva su memoria y apellido del  cual se sienten muy orgullosos. Cada uno escoge qué y a quién honrar. En mi particular punto de vista pienso que un apellido no define lo que soy. Podría llamarme Jesusa Palancares o Jennifer Natasha, tendría la misma cara, el mismo cuerpo. El apellido no involucra mi carácter ni mi forma de ser.

Entonces les digo: "oh, hermanos míos, que los muertos no vienen a visitarme". Ni mi Tiki me visitó. No lo culpo; en el mundo que habita no sufre. Si viene nos viera cómo estamos, querrá no haber venido.

El fantasma que habita en mi recámara me cuida de lo malo que pudiera ocurrirme. Quizás él como yo, a veces dirá (sobretodo cuando la realidad se convierte en una carga aplastante): "de haber sabido, ni nazco".

Eso no tiene nada que ver con la gente que me rodea, mi familia primera, algunos de mis hermanos. Amigos masoquistas perviviendo en mis días malos y en los buenos, claro que sí.

Si estoy pagando alguna culpa añeja de otras vidas alzo la voz desde mi camita para decir que el karma es injusto si pago lo que no hice. Y es que busco y rebusco en mi pasado qué hice para que me tocara la vida que me tocó. Cuando veo lo que otros pasan, digo "no pos pudo ser pior".

Entonces me levanto con una sonrisa -como canta Enrique- y echo a andar.

Agradezco al universo o al Dios o demonio que me toque lo que tengo para hacer ligero el paso por este mundo, prometiendo, -si es que puedo, obvio- no venir a asustarlos.

Espero que esta sea mi última vida, no quiero ni pensar lo que va a pagar al que le toque reencarnar con esta que soy.

Con otra como yo, que Diosito lo ampare.

Mi correctora de estilo tiene mucho trabajo, aí ustedes habrán de perdonar.

Salebai.



Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales