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domingo, 30 de diciembre de 2018

Pragmatismo ecléctico

(Dedicado a ti que no me miras) Los tiempos cambian. No se piensa tanto en la muerte cuando se aparece en forma redundante. La veo en su justa dimensión. No la busco si de cualquier forma llegará cuando menos se espera. Much music. Supertramp para el recuerdo. Descubro secretos obvios. Camino mejor cuando nadie me ve. Él encontró la forma de llegar al destino inmediato. Tomándome de la cintura él, rodeo su cuello con mis brazos. Caminamos los dos juntos. Corazón con corazón. Pegaditos muy juntitos los dos que se aman. Yo creo que muero sin él, lo juro que si. Mátenme porque me muero ¿recuerdas? Luego las consecuencias llegan. Flagelo mi espalda con las púas hirientes de la culpa. ¿Enfermó por casi cargarme? Hace mucho dejé de ser el centro del universo. Supe de ello al momento mismo de aprender a pedir las cosas por favor. Empezar de nuevo recordando a los muertos. ¡No! Comenzar de nuevo con su recuerdo en instantes gratos que no nublen nuestros ojos. El descanso de la memoria. Hundiendo la cabeza en la almohada reviso los esquemas que me trajeron hasta aquí. La disculpa inmediata. La enfermedad como pretexto. Respirar aire libre sin las rejas del patio trasero. Ser como el colibrí del otro día. Visitante esperanzador de ideales por una vida mejor mientras la que tenemos se escapa de nuestras manos. Colibrí verde-negro. Colibrí negro-verde parado en la reja quietecito sabiendo que no corre peligro ante esos ojos embelesados por él. Si fuera pájaro querría ser colibrí como tú. Los seres humanos hemos perdido la capacidad de volar. La tecnología apunta hacia el exilio. Mirar hacía los paraísos propios de una mirada limpia. ¿Mis pies mienten? ¿Por qué me cuesta caminar cuando alguien me ve? ¿Soy una mentira de mi mente? Ser feliz en un mundo utópico donde tú y yo somos una parte del mundo feliz. Sin contemplaciones. Existir por un bien común. Dejar algo en vida pero no ser recordados en muerte. Eso significaría que lo hicimos bien lo que sea para lo que fuimos creados. También los gusanos son bellos en su escalofriante realidad. El sillón de la marmota y el sillón de la desidia unidos por un beso. Gesto de amor de un par de viejos cansados pero vivos. Para nadie es misterio la dependencia que he creado hacia Barry. Sin él apenas existo. Mucho saben de mi quienes creo saben nada de esta vieja huraña. Sonrío mucho con Paquito. No me teme. Se sabe que no me gustan las visitas sorpresa. Los tiempos pasados surtieron efecto. ¿Puedo ir a tu casa? ¿puedo llamarte? ¡Dios mío! Soy un ogro sibarita en edición pobre. Mientras más me conozco más me quiero. Amo la soledad de mis pensamientos, de mi cuerpo, de mis manos. Se vuelven pródigas ante la carita de Natalia. ¿Existe alguien más puro y bello en mi vida y la de mi familia? No. No, no, no. Mi palabra favorita. No pero si. Antagonista de mi misma me voy encontrando en el ocaso de mi vida cuando quizás sea demasiado tarde. Murieron en mis labios muchos te quiero. Para qué lamentar algo que no tiene remedio. Decir te quiero no es sinónimo de flaqueza al contrario. Decir te quiero es mostrar la bondad inherente al ser humano. Desaparece después al tomar el rumbo equivocado. Mis pies. Benditos ellos sitúandome en el lugar correcto. Frente a mi misma. No me veas por favor. Al final de los finales serán ellos quienes me lleven al encuentro de mi Tiki. No sé si de mi madre que es el ser que más quise pero ella nunca lo supo. Se fue con mi imagen grabada en sus pupilas cuando se la llevaron al hospital. Su mirada última. Después no hay nada más. Mi mente trabaja a mil por hora. El iPad también está cansado. Muere de a poquito dejándome ver lo que nada puedo hacer por él. Ese aparatejo tiene la vida de Natalia en su memoria. Los abrazos de mis hijos. Los optimismos de Barry. Mis historias. El ser imperfecto que soy contenido en la menoría de un aparatejo inverosímil. Los pies. Invariablemente mis pensamientos terminan en ellos. Un par de piececillos regordetes, pequeños cargando mis si y mis no. Los míticos no berrínchudos. ¿Por qué no? ¡Porque no y se acabo! Siempre fue menester ganar. Ser más. ¿Más qué? Sepa la bola pero más. Dormir más quiero. Lo esencial ahora es rescatarme de mi misma. Cuando al fin la yo desconocida salga detrás de mi ogro yo. Entonces podré dar más de lo bueno que hay en mi. Algo rescato de este berenjenal de letras es mi buena fortuna. No puedo caminar bien pero siempre de los siempres ha habido a pesar de mi renuencia al contacto físico son los brazos tendidos hacia mi. Gracias eternas. Si puedo vuelvo, toca vendimia.
Hay que trabajar para comer. El "no puedo caminar" no vale. Se trata de ser feliz pero un poco desgraciada.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Al sexto piso por favor

Querer controlar los ataques de ansiedad es como querer atrapar la ola con tu nombre. Los esfuerzos que hago para que nadie vea en mi a esa marioneta me dejan sin aliento. Tomar el control es una pelea constante. A veces gano. Muchas veces no. Entonces sale disparado el celular vuela por los aires estrellándose contra el suelo. Barry ni se inmuta. Sabe ya cuando viene lo inevitable. No dice nads pero queda atento. Muy atento. Barry siempre Barry. Imagino la cara que va haciendo el teléfono queriendo agarrarse de algo para no azotar en el piso. ¡Echen paja! La ansiedad es desesperante. Controlarla precisa un gran esfuerzo. O controlo mi cuerpo o controlo el alma. Prefiero controlar mi alma, como quiera que sea puedo vivir sin celular. Barry conoce a fondo todas mis desplantes y consecuencias. Ayer fue testigo de dos. Uno cuando hice lo de la ventana y las cortinas. Cridsty y El Jefe me ayudaron. Las lágrimas salidas de lo más hondo de mi espíritu cabalgaron en tropel hacia la desesperanza. Ya no quiero vivi aquí. Cridsty no conocía mi lado oscuro. Debió haberle tocado mejor suerte. No lo digo por mi si no por la adversidad. Y aí sigue, no se vence. La admiro por ello. No se lo diré si no vaya a creer que tengo sentimientos. El otro día me abrazo. Mi debilidad ante El Jefe me pone en extremo vulnerable. Defiendo mi punto de vista pero no sé la razón por las que las lágrimas salen muy rápido cuando discuto con él. ¡Maldición de lágrimas colafácil! Luego paso a otro final. Barry y Cridsty no debieron caer en esta familia. Son dos almas nobles que debieron tener mejor suerte, sabemos sin embargo que la suerte no existe sólo circunstancias. El ataque de ansiedad termina con una gran escena final, simbólica e imperativa. Hincada -sin que me viera Barry, obvio- rescatando las partes del celular -siempre tres- debajo de la lavadora. Fiuuu funciona. Mi celular es a prueba de brotes de ansiedad. Afortunadamente -tonta no soy- jamás se me ha ocurrido botar por los aires mi iPad. Él es mi último contacto con la virtualidad y sus espejismos ignotos discurridos de la mente anquilosada a una realidad que me supera. Vivo y muero poquito cada día. La respuesta de Barry ante mis ausencias es tan sencilla como lapidante. "No quiso venir". ¿Cómo dices? "No quiso venir güey. ¡Madre del amor hermoso! Lueguito se asoma el abandono. En mi memoria hay un hecho delimitando las acciones. El abandono. Puede que me enoje tanto. Puede que me ciegue la furia. Puede que sea la peor mujer del mundo pero no abandono y no me refiero más que a ese pequeño e invisible lazo que es la empatía oyoquesécómosediga por otro ser humano que daría la vida por mi. Espero que la lección haya sido aprendida. Hace diez años dije la edad en que quería morir pero aquí sigo robando aire a quien sabe aprovechar las oportunidades de la vida. A veces el suicidio de un joven es inútil. Algo bueno debe salir de una muerte valiente. Cuando uno se da cuenta que no sirvió para más que otros querer seguir el ejemplo es apabullante. Los jóvenes de hoy tienen la vida muy complicada. Su suicidio deja muerta a su familia primera los demás como sea sobreviven a la monotonía robótica actual. Y bueno ya me voy a bajar, estoy llegando a mi destino. El sexto piso. Deseo de todo corazón que Natalia se busque otro ejemplo que tenerme a mi de abuela. Ser ídolo de una niña es mucha responsabilidad. Si alguien ha sido irresponsable en esta vida he sido yo. Fui responsable la mitad de mi vida. Sirvió para un carajo. Hoy soy un poco irresponsable sin dañar a nadie más que a este cuerpo obsoleto. Lo que deseo más en esta mi perra vida es que La Bella escriba cuentos, ame el ejercicio, que siga aprendiendo como dar un "maguachigueri". Que sea ella sin ser yo. Elegí el drama como forma de vida, ella debe elegir lo mejor para sí misma. En ese "mejor" no debo estar. Por cierto ayer descubrí otro talento en ella. Le voy a regalar mi guitarra. No le voy a decir cómo, solamente le voy a poner elementos -que no armas- para que elija con qué quiere aprender a vivir. Y ya es todo. ¡Bajan! Gracias eternas. Los quiero... o no.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Pacto de amor

Hace algún tiempo "hicimos" un pacto de amor excelso, morir juntos. No, no hablo de Barry él es asunto aparte. Tampoco hablo de amores carnales, espirituales o platónicos. Jable del amor que existe entre un humano y un perro. Cuando mi idea del suicidio era la mejor opción para escapar de esta vida sin rumbo me puse un día a platicar con mi perro. Ya había bautizado entonces por tercera vez a Benito Tiki, el chihuahua viejo. Lo bauticé con el nombre de Alter Ego Perro. El vinculo que tenemos él y yo es indestructible. Benito Tiki entró en mi vida de forma rara. No me gustsban los perros peo mis hijos estaban dale y dale con que querían una mascota. Un chihuahua dije, son chiquitos y no dan lata. Se llamaba creo que Brandon o algo así. Llegó a mi vida temeroso. Era su segundo hogar en poco tiempo. No lo quería porque no era un chihuahua pequeñito. Lo acepté ante el desconcierto de mis hijos. Tengo muchas anécdotas con mi perro peto la que hoy me obliga a escribir es la de la separación. Mi Tiki fue dormido en mis brazos la noche del sábado uno de diciembre. Su cuerpo ya no aguantó más otra lucha con la enfermedad. Se fue quedando dormido en apenas unos minutos. Sus gruñidos al ver las sombras a nuestro rededor se fueron apagando. Hasta el final defendió a quién en brazos lo acunaba. Mi familia era su familia. Benito no era un pero cualquiera. Era un miembro más de la familia. Se ganó a pulso su lugar. "Prometimos" morirnos juntos. Si uno se adelantaba, el otro lo esperaría para vagar juntos en el Mictlán, el valle de los muertos. Como en videojuego, los muertos deben andar cuatro años y vencer nueve niveles donde los monstruos peores que los que uno fabrica en su mente no permiten pasar. Llegar al gran rio para alcanzar la vida eterna juntos, mi perro y yo. Ignoro el tiempo que me falta vagar por este mundo. El mundo feliz construido Ppr mi familia desdeñado por mi. Mi alma no sabía agradecer toda la fortuna que tenía y tengo. Yo quería más. De lo que fuera pero más. Para ellos siempre fui una reina. Yo era una reina tirana y así viví. Mi Alter Ego era solitario como yo. Rodeada de personas mi felicidad es estar con mi familia. También lo es cuando estoy sola. Hablando con mi conciencia, mis amigos. Tratando de leer un libro, dormir o lo que se me antoje. Disfruto mi silencio tanto como estoy empezando a disfrutar el jazz. Benito Tiki, el huraño Tiki, el malhumorado Tiki me enseñó a vivir el día a día. Disfrutando lo que hay. Mi perro me enseñó que a la muerte no se le busca. Ella de cualquier forma llegará. Entonce uno debe recibirla cuando se han acabado todas las armas. El Alter Ego me está esperando. Cuánto falta para reunirnos lo ignoro. Extraño a ki perro. Su lugar junto a mi está vacío. Lloro por él cuando nadie me ve. Pocos pueden entender el amor existente entre un perro y el humano que lo adoptó. La muerte de Benito fue bonita. Así me gustaría fuese la mía. Ahuyentando a las sombras amenazadoras. Perdida la vista uno no sabe que no son malas, es la familia que nos arropa. Sea uno, cinco o cero miembros, uno casi siempre tiene un apoyo para pasar los malos tragos. Los buenos también. Tiki no está más y yo lloro su ausencia cuando nadie me ve.

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales