Creo que tengo múltiples personalidades o al menos he visto que en diferentes situaciones soy totalmente opuesta a lo que soy en mi vida habitual.
En casa puedo estar muy enojada y sin que sepan cómo al rato estoy muy contenta. Soy muy niña, soy muy bruja, soy muy linda, soy risueña, soy un ogro, soy llorona, soy graciosa, soy prepotente, sangrona, pesada, antisocial, rebelde, soy...
En computación soy muy callada, hablo lo necesario y solo para preguntarle algo al profe, a los compañeros no les hablo... me da pena.
En inglés tampoco le hablo a nadie pero si platico algunas veces, pero solo algunas, casi no... prefiero mirar a través de la ventana lo que sucede en la calle.
Todos los demás si se hablan entre si.
No me hubiese fijado en esto si no pasa lo que el jueves. Jean Claude - mi profe de inglés- estaba revisando tareas, yo estaba ensimimada hasta que me di cuenta que había mucho ruido en el salón. Miré a mi alrededor, todos estaban platicando... menos yo.
Oh oh! me dije a mi misma, eres antisocial. Pues si, no le hablo a nadie.
No me preocupa siempre fuí así pero me he dado cuenta que al paso de los años sigo teniendo la misma actitud de cuando era niña. No tenía casi amigas, prefería meterme en los libros y corregir mis apuntes antes que hablarle a nadie. Así sigo.
Mi familia ha movido la cabeza en total desaprobación. Yo sonrío. No pasa nada.
Me he dado cuenta también que soy la última que se levanta a calificar. Primero se levantan las impacientes y listas que quieren que las feliciten delante de todos por haber terminado rápido y además bien, osht!.
Después se levantan los hombres. Ellos esperan pacientemente a que las mujeres terminen de calificarse para pasar ellos.
Al último paso yo.
No es que no haga las cosas bien es solo que no veo la prisa porque me califiquen algo que ni pinche idea tengo de como lo hice, y como no me gusta preguntarle a mis compañeras prefiero que sea Van Damme el que me diga si estoy bien o mal. Le he preguntado a Sonia -la sabelotodo del salón- y me confunde más, así que mejor no pregunto.
Lo que me gusta es que ya van tres ¨Rs¨ que tengo en mi cuaderno. Eso quiere decir que he hecho bien las cosas, llevo tres de tres. ¡Bien por mi!.
Les he enseñado las ¨Rs¨ a mis hijos y se sonríen conmigo, eso me gusta porque veo el orgullo en sus ojos.
Pero...
He tenido dificultades para entender inglés, me está costando más trabajo del que pensé, incluso ayer le dije a Kiku que quiero renunciar a las clases.
¿Porqué quieres dejarlas? me ha preguntado ella, ¿en qué te atoraste?.
En los verbos he respondido.
¿Y?
Es que no entiendo, me molesta no entender, de pronto mi cerebro se queda pasmado, no entiendo ni madres y eso me molesta.
Jean Claude nos ha puesto ejercicios y los hago bien pero no sé siquiera como. Odio el participio, odio el futuro perfecto y todas las fórmulas para entenderlo.
¿Solo por eso quieres dejarlas? insistió Kiku.
Si... contesté bajando la mirada.
¿Y qué hay con eso que me dices que no hay que dejarse vencer? y que nadie puede contigo?. ¿Todo eso que me dices, qué significa?, ¿que son puras mentiras?.
Digo porque es lo que me has dicho, continuó Kiku.
Mi personalidad pusilánime saltó a su vista, puedo sentirme tonta pero no me gusta que ella me vea así. No pensé que algún día estuviera en esta situación. Me sentí mal porque no puedo con inglés y mi familia ya se dió cuenta. Me dan ánimos y me ayudan pero mi cerebro se bloquea. Tal vez sea que necesito concentrarme más, no sé, pero no estoy logrando nada.
No está en mis planes renunciar pero... inglés me está ganando.
Creo que tiene razón el neurólogo al decirme ayer: Es hora de ver a la psicóloga.
Por primera vez alguien entrará en mi cabeza y descubrirá las múltiples personalidades que se esconden en este cuerpo pequeño del cual cada vez tengo menos control.
En lo que esto sucede seguiré estudiando los verbos porque el jueves tengo exámen.
Dios! no quiero ni pensar.