¨No llores Llorona porque el llanto afea
y quien mucho llora
muy escaso mea¨.
Así me cantó Astrid Haddad el sábado de aburrición donde la soledad me acompañó como ya es costumbre..
Tengo la fortuna de tener una familia que trabaja cuando todos descansan o descansa cuando todos trabajan así que si hay días feriados me la puedo pasar papando moscas.
Tirada en mi cama, escucho la primera canción de una cadena de melodías que disparan mi nostalgia al cien por ciento.
Empiezo a escuchar las primeras notas de Astrid que canta con voz aguardentosa:
¨Como si fuera un calcetín
me pisas todo el día,
en el suelo me traes arrastrada por tu amor¨.
Y me pregunto como es que alguien puede andar pisoteada y en el suelo tirada por el amor de su vida.
¨Como si fuera un calcetín
tirame cuando esté rota
que en las cosas del amor
que en las cosas del amor
no hay manera de surcir¨.
Y si... no hay manera de resarcir un daño cuando alguien está enamorado y el otro falla. No sé. Nunca me ha pasado. Es lo que cuentan las malas lenguas.
Esto de estar tirada en la cama analizando canciones me hace pensar que la vida ha sido muy benévola conmigo porque en cuestiones de amor no he sufrido. Si mi vida fuera telenovela sería la más aburrida de la vida y del amor.
La princesa que se casa con el plebeyo en contra de la voluntad del rey. Contra todo, el caballero gana casándose con la princesa. Tienen sus hijitos, sus mascotas y viven felices para siempre jamás.
FIN.
Sigue cantando Astrid.
¨Un calcetín, un calcetín, un calcetín,
eso soy yo para ti.
Ay cosita súrceme mi agujerito, suavecito, mi hilito, mi agujita, mi alfilercito, mi tomatito, mi huevito frito, mi aguacatito, mi pechuguita, suavecito, ay ay ay...¨
¿Súrceme mi agujerito?... mmm... emmm... pues allá ella si quiere que le surzan el agujerito.
Ya entrada en esto de escuchar canciones queriéndome cortar las venas con galletas saladas, Enrique me canta al oído, ¨Aunque no sea conmigo¨. Empiezo a soñar con él. A sentir su aliento muy cerquita de mi oído.
Y entonces me quiero tirar al vacío desde la altura de mi cama pero mi perro me detiene y no es que quisiera salvarme. Es que si me muevo me muerde.
Así que en vista de que la soledad llegó cargada de una buena dosis de tonteras, terminé mis sueños guajiros con ¨Si yo fuera hombre...
me gustaría ser mujer¨.
Por eso digo que mi mente debe estar ocupada o desvarío entre sueños, café cargado y somníferos para huir de la realidad.
Raciones de nieve de mil sabores y sorbo y sorbo de refresco con hielos aplacando el calor con el que ha empezado la méndiga primavera.
Dos tragos de tequila son suficientes para que mi cabeza acostumbrada a no beber empiece a dar vueltas sin control.
Se me suben las copas pero debo cuidar que no sean las del brassiere o ya perdí... o gané según con quien haya sido.
¡Salú! aunque sea martes y aunque no sea conmigo.