Páginas

lunes, 27 de septiembre de 2021

Listo y tres




Imagen de la red 



Metidos en el fragor de la guerra, nadie reparó en la colonia de hormigas chicatanas escondidas debajo del árbol de pera plantado allá lejos de la puerta. La reina Columba la viciosa, estaba al frente de ellas. 

Permanecían escondidas por el hecho de ser platillo gourmet. No vaya siendo que algún chef gordo se le ocurra comer hormigas rojas con alitas y sabrosas.
Columba la viciosa, comedora compulsiva de hojas de las que sean. ¨Hojas, hojas, hojas¨. Decía a las obreras encargadas de suministrarle sin reparo el alimento favorito. Mezcladas con hongos a los cuales suministraban material vegetal para su reproducción en una especie de simbiosis perfecta., vivía en armonía celestial. 
Las obreras trabajaban incansablemente para mantener las arcas llenas de hojas cuando el Comandante Barry del Olmo, afecto a andar descalzo, no se percató que las obreras se habían acercado lentamente a sus pies. A Columba los ojos se le ponían grandes, chicos, grandes, chicos, grandes, chicos al creer que el pie del Barry era un enorme hongo. Sin pensarlo, abrió descomunalmente las mandíbulas y ¡mocos! le da tremenda mordida al dedo gordo del pie derecho del comandante lanzando este un aullido de dolor mientras veía una gota de sangre brotar del pie.
¨
¨¡Papi! ¡Papi!¨ gritó el cabo Bruno presto a socorrer a su padre. ¨¿Te duele papi?¨, preguntaba angustiado.
La alférez Natalia entró por alcohol y gasas mientras LizCristina Soñadora acercaba una silla.

Columba, sin abrir la mandíbula no esperaba la reacción del ¨hongo gigante¨, quedando bajo el pie del herido. Tan plana como una de sus alas quedó en el piso. La colonia de hormigas chicatanas quedaron  azoradas sin saber qué hacer. 

Una de las obreras cargadoras puso orden dando instrucciones para levantar a la reina y llevarla al nido.
Las hormigas soldado corrían para un lado y para otro chocando entre sí, con tal desorden que se aplastaban entre ellas, menguando en gran medida al ejército.

Las Hormigas Rojas Gigantes del Infierno Bendecido al ser descubiertas por los humanos, cayeron sobre ellas con las armas de spray, cayendo como lluvia mortal. Las más ágiles elevaron sus alas pero eran atrapadas entre la ropa tendida del día.

El viento fuerte se soltó haciendo más difícil la huida. Los aires esparcieron la carga mortal por todo el patio trasero.
Las arañas patonas del fondo de las plantas se levantaban las faldas para no tropezar. Los tacones salían volando cual armas mortales puntiagudas.
Ya no sentían lo duro sino lo tupido. Giovana Tres Puertas trepó a sus hijos cochinilla en su lomo y corriendo tan rápido como corren las cochinillas, puso patas en polvorosa.

Los minutos pasaron en agonía interminable. Cansados de apretar el gatillo del atomizador, los humanos buscando entre las hojas para ver si habían por fin acabado con ellas.
Nada a la vista. Revisando planta por planta no encontraron ningún vestigio de vida hormiga.

Retirando las máscaras protectoras, los guantes y las gorras, procedieron a desinfectarse por si no vaiga a ser las moscas y les pase algo a ellos. Una irritación o güerever.

El parte de guerra presentado por el Comandante Barry del Olmo, fue de 123,465,985,345 hormigas muertas entre chicatanas y hormigas azúcar.
Su ejército no sufrió ninguna baja a no ser el dedo gordo del pie derecho inflado como globo el cual sanaría con cuidados caseros.

Felices y contentos subieron a sus recámaras a descansar. Por fin podrían cantar la gloria a los dioses exterminadores de hormigas azúcar y demás especies.

¡Viva la Doñita de Pelo Blanco y Dientes Nuevos!

¡Vivan las armas de destrucción hormiguil!

¡Viva Contry Sorprais!

¡Viva la mad... ya, ya ya vámonos.

Oakey

El cronista de Contry Sorprais, el viejo Jan Carreras de Vila y Serra, llevaba compilados cientos de escritos bien detallados y precisos de cada hecho sucedido en el pueblo.

De la guerra de exterminio del 21 había juntado tal cantidad de datos que fue necesario contratar más gente para llevar en orden el detallado completo de lo sucedido en dicha guerra.

El exterminio del 21 fue el hecho histórico que le llevó los últimos años de su vida. Cuando llegaba la noche, Jan Carreras sentaba a sus seis nietos al rededor de la chimenea para contar cada hecho con suma fluidez. Tenía la magia de los viejos de embelesar a los niños con sus relatos. Muy atentos ni pestañeaban para no perder algún detalle acompañado con formas imaginarias hechas al aire por sus manos huesudas. 

El exterminio del 21 había acabado con la desaparición por completo de toda hormiga en la casa de los humanos. Según ahí terminó la historia, pero Jan Carreras había investigado un dato muy importante, lo último de lo último.

Al retirarse el comandante Barry del Olmo y compinches todo quedó en absoluto silencio. Ni la orquesta de grillos tenía ánimos para ensayar a la luz de la luna el concierto próximo a efectuarse en la Bóveda de los Músicos Andariegos de Contry Sorprais.

Tanta muerte les dejó el alma lastimada por mucho, mucho tiempo.

Pasados los días al dar el paseo matinal, Jan Carreras sintió sobre el rostro algo muy delicado que al contacto de sus manos peludas se deshacía cual ala de mariposa. 

Siguiendo el fino hilo con la mirada, quedó impactado. Una hermosa tela de araña lucía en lo alto del cielo raso. 

Recordó aquella lucha de su juventud con la araña panteonera Bonifacio Silva. Lo recordaba muy bien ya que de un mordisco le había arrancado la pata derecha, quedándole un muñón de grotesca forma que escondía bajo la capa de fieltro grueso que pocas veces se quitaba.

Sabía que con ese tipo de arañas lo mejor era dar la vuelta sin enfrentarla so pena de perder otra pata o las demás, uno nunca se sabe qué tanta hambre traigan las panteoneras ermitañas.

Dando una gran chupada al puro apagado se fue rengueando como si de pronto al contacto del recuerdo, le volviera a doler el vacío de la ausencia.

Quizás si hubiese esperado un poco más habría visto a la pandilla de Bonifacio Silva quien regresaba a sentar sus reales a ese lugar donde bien mirado no sufrirían ataques humanos. La costumbre de estos de no mirar pa´rriba los mantenía a salvo. 

Claro, mientras la Doñita de Pelo Blanco y Dientes Nuevos no se le ocurriera la idea de salir con atomizador en mano a buscar insectos depredadores de plantas de ruquita sin quehacer.

Jan Carreras de Vila y Serra moriría esa misma noche con la vista clavada en el sitio donde alguna vez hubo una pata. 

No podría ya más escribir como en una noche de luna nueva, decenas de ojos que detrás de la hoja elegante y la cuna de Moisés, se frotaban las manos esperando el tiempo prudente para sin misericordia ora si deveritas vamos a aniquilar a todos esos humanos destructores de los hábitats de todas las especies de hormigas y demás bichos asoladores de bichos y demás bichos feos. Y una que otra araña panteonera.

Ora si, apaga y vámonos.




















jueves, 16 de septiembre de 2021

Aviéntate corcholata al fin que ni premio traes


El comandante Barry del Olmo Picazo y Sánchez había pasado varias noches sin dormir. El ejército de hormigas fue adueñándose de toda la casa sin encontrar resistencia alguna. El baño, las recámaras, el patio trasero, la cochera. Todo había sido tomado en menos de una semana. Las estrategias funcionaban a la primera. La gente de casa se descuidaba un momento y en menos que canta un rayo, digo un gallo, hicieron presencia por todos los malditos lados. 
La 1ª y 3ª división formaron un gran cinturón negro pegados de espalda a la pared. Todos con su rifle de asalto y una resortera hecha de piel fina y elástica de Drosopila Melanogaster. La cabeza del mosco servía de casco protector y el esqueleto era buen escudo para repeler el rocío vertido por los atomizadores del comandante. Un girasol insertado en el ojal de la camisa camuflada color verde rebuscado era la incongruencia de la guerra.

La siguiente batalla fue la más cruenta. Cruzando el patio a la luz del sol, soldados hormiga sin perder el paso avanzaban rápidamente para no ser presas ni de animales ni seres humanos ni gatos domesticados.
Habían avanzado dos terceras partes sorteando charquitos limpiadores con aroma lavanda, cuando a la de sin susto les cayó una especie de lluvia verde tan espesa que era imposible seguir caminando sobre el suelo. Se caían llevándose entre las patas al de adelante. Como fichas de dominó iban una tras otra. Los escudos más que ayudarlas se convirtieron en estorbosos objetos que chocaban entre sí. Los soldados no sabían de quién protegerse. Atónitos no entendían de dónde llegó la lluvia infame. Convirtiendo en burbujas el aire que respiraban. Burbujas, burbujas, quiero hacer burbujas.

El comandante Barry del Olmo al ver que el líquido era eficiente mandó a su subordinado el Cabo Bruno Don Juan de las Cheves Frías a surtir los recipientes con tapa que encontrara. Botes de yogurt, de crema, de helado, sirvieron de mucho para almacenar el líquido verde aniquilador de hormigas soldado. Frascos de café y una botella de Red Cola fueron lo último que llenaron, partiendo en seguida a lomo de patineta con su valiosa carga en manos.

El General Olayo Santoscoy de la Garza y Garza pidió refuerzos a los aliados. Las Hormigas del Frente a la Calle no podían porque les había caído una plaga de arañas de patas negras peludas gordas y elegantes que un día descubrieron que las hormigas son deliciosas untadas con miel de pasto corriente, traída expresamente para servir en el restaurante de La Comadre Siberiana. La dueña, una araña sin complejos de panza ni cosas sutiles, había dado con la clave del éxito con ese platillo gourmet. De rostro choncho y pelo ensortijado bailaba en el centro del restaurante loca de felicidad, mientras las arañas patonas dado que eran muy tragonas, acabaron con las hormigas ipso facto, quienes fueron medrando ante el ataque salvaje de las gordas patonas. Descartadas Señor General, sino mire que sí íbamos allá para ayudarle, respondió Severiano Riquelme quien estaba al frente en ese tiempo.

Una palomilla blanca usada como correo fue a pedir ayuda al Ejército del Bajo Relieve, pero esas tampoco estaban en condiciones de ayudar. La Orquesta de Grillos de la 9ª división y las Mariquitas Tribales acabaron con ellas. Los colores rojo sangre y negro lujurioso hicieron un magnetismo tal en ellas que solitas caían como moscas con Raid. 
No contaron con que éstas se las habían comido la mayor parte en un acto de amor y odio perverso. 
Muy pocas se salvaron. Las que hallaron les dijeron que no que muchas gracias, que otro día que no lloviera irían, cómo no con mucho gusto. Usté dispense señor general y demás lerdos que le acompañan.

Al Ejército les quedaba alguien que no estaban muy seguros que les ayudaran. Los Grillos del Viejo Orden Mundial y Los Escorpiones Sin corazón del Altiplano. Ellos eran el último recurso que tenían para salvarse. Entrenados en el Sur del Medio Oriente, contaban con armas de última generación que ni los ejércitos mejor armados tenían. El armamento era distribuido clandestinamente por el jefe del cártel Floripondio Tres Marías Carrancá, el más salvaje jefe de todos los jefes que surtía por los recónditos recovecos de la imaginación.   

Mientras, en el Patio Trasero, Barry del Olmo de tanto apachurrar gatillo se cansó, yendo a tomar una siesta vespertina dejando al mando al Cabo Bruno Don Juan de Las Cheves Frías. Un enamoradizo miembro de la cuadrilla del 23, dispuesto con toda su valentía a matar a besos a todo ente que se le pusiera enfrente. Si eran hembritas mucho mejor.
La segunda oficial al frente Coronela Kiku De Juaritos Incipiente. Heroína de todas aquellas que requieran protección.  Mujeres, hembras y niñitas sin protección. Ella quedaba al mando en las muchas veces que el Cabo perdía el alma por una hembrita caderona y bien servida. Entonces la Kiku alisaba el pelo negro de caracolas enormes. De voz de locutora perrona hacía obedecer al más pintado. 

Acompañada de la alférez Natalia La Bella y su señora madre LizCristina Soñadora Dispersa del reino de Nezayork, se ofrecieron a terminar con el ejército de hormigas, pero no contaban con que de puntitas y sin hacer ruido llegaron de los cielos Las Hormigas Rojas Gigantes del Infierno Bendecido, que harían ver su suerte a todos los miembros de la familia de militares sin experiencia del Barry del Olmo Picazo y Sánchez.

Heroico Ejército de Hormigas del Patio Trasero libraría lo que sería la última lucha.

¡Prepárense para la ¨bataia¨!

Ora si violín de rancho ya te llegó tu profesor.














jueves, 9 de septiembre de 2021

Contry Sorprais

He bautizado al entorno en que me muevo como ¨Contry Sorprais¨. Un lugar lleno de magia cuyos habitantes principales son los insectos, bichos, mininos, pájaros y alguno que otro humano.

En esa parte de la casa correspondiente al patio  trasero paso la mayor parte del día. Siempre hay algo que hacer ahí tomando el sol bajo la sombra del sauce llorón y el tronco seco de un aguacate. Los momentos de mayor silencio son dedicados a observar cómo ante mi mirada las hormigas pequeñas que llegaron un día sin saber ni cómo, se han adueñado de mi país. Salieron por primera vez comandadas por el General de mil batallas cuyo cuerpo daba cuenta de lo encarnizadas que han sido sus luchas. Un gran terreno lleno de decenas de plantas de una variedad enorme de flores multicolores alzaban al sol los tiernos pétalos como pidiendo otro ratito mas.
 El día que invadió lo que sería su base de operaciones, un mosquito zumbón atraído por el gran ejército que marchaba en avanzada hacia la pared cortó su alocado vuelo estrellándose en el ojo del general, probando sin querer la roja sangre de un colibrí poeta.

El general perdió el ojo izquierdo o algo así, sustituyéndolo por uno fabricado con baba de caracol pero se veía muy mono, No hay nada más falto de credibilidad que un general vestido de transparente uniforme color baba de caracol. 
Pasado un tiempo lo cubrió con un parche hecho con alas de mariposa ratonera por el artífice de sueños contritos y otras amargas decepciones Josafat Kuri Chiprut. Modisto de señoras (siempre que no sean enemigas), creador de los lujosos trajes con los que el general y su linda esposa lucían en los saraos que se organizaban un día sí y el otro también. 
Teniendo un atellier enorme en donde trabajaban las niñas-hormiga traídas ex profeso por Madame Cochinilla desde el sur de otro país que no es el mío.

Loa diseños eran muy cotizados por las esposas de los militares de alcurnia del Heroico Ejército de Hormigas del Patio Trasero, cuyo nombre fue dado desde el primer día que llegaron a sentar su poderío heredado de los antiguos guerreros hormiga aztecas.  Era buscado de igual forma por las reinas hormiga, las amantes e hijas de ricachones fortuitos. Dueños del aire y el tiempo sobrante.

Luciendo las diversas condecoraciones y medallas ganadas porque sí. Digo en el patio trasero no hubo insecto que se les enfrentara. Luego entonces el general no tendía de qué presumir. Las arañas patonas lo respetaban porque la mera verdad tenía una cara de malo muy malo,

El general también tenía un brazo de madera hecho de un palillo de Industrias Astilla La Mancha. Perdido en una cruenta lucha a mordidas entre la reina y él. La reina era su amante ante los ojos de todos menos del de su esposa que no veía nada mas allá de su nariz. La reinita se cargaba un carácter de enchílame esta¨. 
Con el uniforme lleno de arena para gatos en cuyo sitio cayó  una bofetada tamaño mayúsculo dada por la reina antes de caer herida de muerte por un proyectil certero esquivando la furia de la susodicha fue a parar al fondo del arenero, momento que aprovechó el ayudante dirparándole  un certero moquetazo entre cien, oreja y media madre a la fúrica reina.

Vivía de esas glorias reseñadas una y otra en las tardes de reuniones ambientadas por el cantante de ranchero Luis Pedro Quintero, cantante de moda en las tertulias diarias. 
Bebiendo y brindando por los recuerdos inventados, se sumergían en los vapores del alcohol fabricado en el margen de la maceta de hojas primorosas.  Baste decir que el general era afecto a las fiestas sin motivo importante. Que si llovió vamos a hacer fiesta. Que hace mucho calor hazte una fiestecita para celebrar que podían celebrar. Que si mira que tú, que si mira que yo.

Cuando descubrí al ejército de hormigas no me alarmé. Al rato se van dije para mis adentros muy quitada de la pena. Cuando volví para saber de ellas se me fue el santo al cielo. La casa estaba sitiada, Incontables hormigas marchando al ritmo ¨quítate tú para ponerme yo¨.
Tiempo más tarde observé a un grupo de hormigas, estas con uniforme de bolitas y taches saliendo de la pared del vecino inexistente. Me alarmé pero no tanto. 
La vida siguió su curso en el patio trasero. El ejército empezaba a preocuparme, o sea sí pero no.

Una vez quitando las hojas marchitas de una ¨Cuna de Moisés vi que decenas de soldados vestidos con el uniforme gris Oxford (usado por los de la avanzada) danzaban alrededor de todo el patio. Habían tomado sin oponerse, esa parte de la casa. Estaban por todos lados, camuflados otros, movíanse por toda la estructura de fierro instalada como protección contra los ladrones. No contra insectos pequeños.

El Heroico Ejército del Patio Trasero sin derramar una sola víctima y sin haberse enfrentado a nadie se adueño de Contry Sorprais, el lugar exquisito inventado por mí en un sueño medicado de gotitas de alcanfor y tres sorbidas de sesos de conejo negro.

En la observancia de suyo cotidiana con gran espanto y profundo temor encuentro en el escritorio de la marmota una avanzada cuyas intenciones fueron adivinadas en un tres por dos, o seis por ocho lo que se les haga mas barato. ¡Esto ha sobrepasado los límites! gritó la mujer al tiempo que aplastaba con fuerza un atomizador con un extraño líquido amarillento.

Me iba a enfrentar a un ejército muy poderoso -pensé- de miles de insectos que nomás verlos me ha salido urticaria. 
A darle que es mole de olla,

La avanzada iba ya muy lejos cuando mi cerebro de pájaro madrugador indicó que había de tomar medidas extremas,
Se rompía el diálogo entre las dos partes.

Dándoles tiempo para que se fueran de mi casa puse un ultimátum. Prometieron irse al término de la adquisición de alimentos y pertrechos. En eso había pasado el tiempo necesario para tomar por asalto y sin mesura aquella casa limpia y acogedora habitada por una mujer que creyó que hablando con las hormigas, hacerse protectora de bichos tolerando con mucha valentía y sin azotar en el piso víctima de un paro cardíaco a todo aquello sin pies ni manos arrastrándose por el piso.

Brrr pensar en ellos hace que se me encuere el chino, digo digo, que se me enchine el cuero.
Mañana mismo reúno al Grupo de los 7, para emprender la lucha. El comandante Barry gran estratega del humor y la cosquilla estaba al frente del grupo. 
Provistos de guantes de látex, gafas protectoras, y un delantal viejo cada uno se colocó en las entradas donde las hormigas del Heroico Ejército del bla bla bla, encontrábanse dispuestos a acabar con los intrusos.

¡Hasta la victoria siempre!

¡Viva la doñita de pelo blanco y dientes nuevos.

¡Abajo las hormigas de azúcar!

¡Arriba nuestro comandante vitalicio, Barry del Olmo Picazo y Sánchez!

¡En Contry Sorprise no se admiten devoluciones!

¡Preparaos soldados, la lucha por el Patio Trasero ha comenzado!¡Qué escuche donde se tenga que escuchar!
¡Contry Sorprais no acepta nada que no sea libre! ¿Ni tiranos pretenciosos ni héroes de pacotilla!
¡A luchar por la justicia!
¡Viva Compi!
¡Vivan las fuerzas vivas!
¡Viva el General Juan Ignacio Brayan del Sagrado Corazón de María!
¡Viva la MaLquErida!¡Viva Enrique y sus mentiras celestiales!
¡Viva yo y la madre que me parió!

¡Burro el último!
















Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Cada uno se dedica simplemente a salvar su propio pellejo.