Después de algunos días de silencio me doy a la tarea de escribir. Llena mi vida hacerlo pero me doy cuenta que es una adicción el mostrarme al mundo como si fuera artista de ínfimo nivel recurriendo a lo abyecto para llamar la atención.
He reflexionado mucho.
Estoy aprendiendo a meditar sin que la mente desvaríe. Me logro concentrar y no pensar en nada unos pocos minutos, por algo se empieza digo yo.
He estado consciente de lo que está pasando. Estoy tomando cartas en el asunto, puede que las cosas no marchen como debieran pero lo estoy intentando.
En esta rueda de lo que es la vida nos toca estar abajo esta vez tratando de salir adelante, pronto estaremos de nuevo arriba habiendo aprendido mucho de lo que es estar en el hoyo.
Hay muchas cosas que tengo guardadas, creo que así se quedaran. Me he sentido un tanto asqueada de mi y de lo que escribo así que la pausa dada fue suficiente para hacerme ver donde estoy parada y que es lo que quiero. Eso si, una parte de la MaLquEridA murió en esta semana de ausencias obligadas.
El enemigo a vencer -como siempre ha sido- soy yo misma.
Estos días me he dado la oportunidad de hablar con muy buenos amigos. Me han dicho verdades que me han marcado las cuales no creo se borren nunca. Un amigo siempre hablará mirándote a los ojos y sin miedo que las palabras dañen porque no lo harán, antes al contrario ven lo que uno se resiste a ojos cerrados.
Amigos, cuanta importancia le tengo dada a esa palabra. Lo que para mi significa no se puede describir.
Hace poco me sentí despreciada ubicándome en un punto donde sentí coraje y rabia. Contrario a lo que siempre hago, controlé mis emociones. Intento que ese daño no haya hecho mella en el espíritu cambiante que tengo.
Sentí el abandono de personas que consideré mis amigos. Un día me dijeron: No esperes nada de nadie y nada te dolerá. Eso fue lo que hice, lo que pueda hacerme daño lo controlo con el viejo caparazón que rescaté del armario en que se ha convertido mi corazón.
Me decepcioné de muchas cosas, cosas que hasta hoy no logro entender pero sabiéndome humana, la decepción es un sentimiento inherente a nosotros.
No soy monedita de oro.
He hablado mucho con Barry, con mis hijos y con los amigos que se mantuvieron cerca. Las cosas se suceden unas a otras sin respiro y hay que echarle para adelante o nos lleva la tristeza.
Tengo un nuevo amigo, un pez al que bautizó Bruno como Gerome y yo lo apellidé Stravinsky. Es que fijándose bien tiene cara de músico incomprendido.
En dos semanas empiezo un curso de guitarra. Hoy siguiendo mis impulsos pregunté el horario y los costos. Esta vez haré lo que me he propuesto aunque debo ahorrar para comprarla porque la otra se la llevó Kiku.
Cuando pedía informes me quedé pensando en si teniendo parkinson será difícil aprender a tocar pero si no lo intento no lo sabré.
El miedo es el ancla que ata a los cobardes a un mundo enano.
Escribí el lunes un pequeño cuento para Tadeo en el que hablaba de un país llamado Hermoso donde habitaba pura gente sana y feliz, espero le haya gustado.
He estado saliendo sin compañía, no quiero seguir dependiendo de nadie para poder moverme. Salir sola habla mucho de lo que he aprendido en este pequeño lapso de tiempo.
Intento no pensar mucho pero me he dado a la tarea de arreglar el mundo que me rodea y para eso tengo que pensar y pensar aunque me duela la cabeza.
Me he vuelto egoísta porque no quiero que nadie robe la estabilidad que hemos construido Barry y yo. Sé que no debo serlo pero no tengo excusa. Mi casa es un mundo impenetrable. Sabrán mucho de mi pero nadie sabe nada de nadie. Cualquiera que me conoce sabe que en realidad no sabe nada de mi.
Un día me sentí muy sola, quise gritar pidiendo ayuda después me pregunté para qué querría ayuda para algo que ni yo misma sé que es.
Me aislé odiando al mundo.
Después reflexioné dándome cuenta que el mundo no tiene la culpa de mis depresiones.
Este tiempo sin letras me ha enseñado a ver que el mundo real es el mismo que el virtual porque en los dos habitamos las mismas personas.
La traición, el desprecio, el abandono son iguales en ambos mundos. Obvio que la alegría, la compañía y demás vale igual. Valoro ambos mundos rescatando lo bueno de cada uno. De la traición y el desprecio también se aprende.
Suspiro y me alegro de ser quien soy.
Poco a poco las cosas van tomando forma. Dejé de buscar a quien no quiere ser encontrado. Transito sin culpa por los caminos que alguna vez anduvimos juntos. Sola y mi alma.
Disfruto lo que hay sin llorar por lo que no tengo. Termino siendo una cuentacuentos de historias inconclusas en que el final feliz se difumina en extrañas formas. Alegorías de tristeza efímera como la risa.
Soy responsable de muchas cosas, asumo lo que me corresponde y pago sin chistar.
Después de una larga -para mi- abstinencia de letras sé exactamente el lugar donde estoy parada. Desde aquí donde estoy las cosas marchan como debieran. Sin daños a terceros y con muchos lugares comunes que al final es el sitio que siempre he habitado.
Un lugar común como lo es mi blog.