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domingo, 10 de abril de 2022

El espíritu de los cínicos ajustándose el cinturón

Llevo desde antes de las diez de la noche escribiendo. Últimamente escribo tanto más que antes. No me doy cuenta el momento en que pierdo la noción del tiempo. 
En el salón donde las horas tienen sus cubículos, van juntándose en orden silencioso, los rigurosos sesenta minutos con que completan las horas. Tiradas sobre un tapete raído de las esquinas, se levantan al momento de oír el número del que son dueñas. Después forman una fila en orden de nuevo para formar en grupos de doce, la noche y el día. Así infinitamente forman lo que deben, sin perder ninguna medida por más diminuta que sea, van rigiendo el paso del tiempo. Insospechable. Invaluable. Inalterable. Incansable. Insaciable el tiempo marcha ceremoniosamente a rendir cuentas al tirano mayor. El jefe dueño de todo lo que la vista alcanza. El tiempo es dueño de todo, menos de lo que no le pertenece. Elegía clara desconocida de los dioses paganos dibujados en el vacío del no será. Hoy no. No.

Entonces, sin más que mi sentido común, sigue dale que dale al teclado. ¿Cuánto tiempo llevo en esto? Escribo para no ser leída. A nadie debe importar después de muerto que uno tenga sus vicios, canta el semidios Sabina, en sus letras de faldas cortas y chilanguita de ojos tristes.

Reviso los textos pasados. Todo grita lo que ha pasado estas semanas de miedo y zozobra. Los típicos "todovabien", ridiculizan el pesimismo, al que llaman despectivamente "depresión".
Aquellos a quienes la ansiedad, el pánico, la depresión, la paranoia, les parecen cuentos inventados pa' hacerse la interesante. Lo que tiene es una maldita flojera de órdago. Ponlos a trabajar y verás que en menos de lo que canta un gallo desaparece cualquier rastro de pereza, tristeza y demás palabrejas inventadas por ellos mismos sin otro fin que no sea el justificar el llamado de atención que han hecho para ser un poquito importantes.

¡Huestes de Belcebú! 
Id al planeta al que pertenecen,
regresad al abismo profundo donde habita 
el egoísmo y la indiferencia con la que creen ver lo que no está a la vista.

Como si se tratase de un cuento de la MaLquEridA, que sin pies ni cabeza, junta con especial alegría palabras desconocidas en su habitual proceder. Mezclando humanos, bichos que hablan, poemas de pasquín, dedicados a los espíritus cínicos cuyas entidades suelen pasear por el dúctil terreno del amor ignoto.

Con el miedo metido en mis rincones más escondidos, grito a quien esté conmigo que no me abandone. Las crisis de ansiedad se adueñaron de mi cabeza en un instante desconocido. Recuerdo que la primera vez un sofoco subió en una rapidez exacerbada hacía mi garganta.  Ahogándome, los ojos parecían salirse de las cuencas. Nunca en toda mi perra vida he tenido tanto temor.

Siguiendo las indicaciones del neurólogo, se me siguió administrando la pastilla que estuvo a un ras de aventarme al vil desamparo del dolor y la locura.

Comenzó el terror viendo en mi recámara la amorfa crueldad de la muerte simulada. Los pelos erizados hacían de mi rostro un bosquejo del temor a lo desconocido. No quería abrir los ojos. El temor llegó en una semana en que la mejor opción para sobrevivir a lo insólito era hacerse el desentendido. Ignorar todo sabiendo que es producto de la imaginación.

El brote de terror ocurría en cualquier instante. Sin más ni más, aferrada al cuerpo de quien estuviese cercano mis gritos parecían aullidos de lobos en lucha. 
Por más que intentara no imaginar, el hecho es que todo con lo que impregnaba mis escritos se revelaban monstruosos ante mi vista. Gusanos enormes con fauces tremendas queriendo morder mis dedos. El terror aumentaba en mi pecho. No podía respirar. Las alucinaciones danzaban mostrando sus horrendas caras. Burlándose de mí gimoteaban para después soltar una carcajada espeluznante.

Para ir a dormir, pedía a Barry o a Laura se quedaran conmigo. Creyendo era uno más de los tantos caprichos exigidos, me dejaban un poco azorados en el sillón.
Cuando comprendieron que esto era de verdad, se alarmaron tanto que durante tres días meditaron en quitar la pastilla que aseguraban era la que estaba acabando conmigo.

En verdad os digo ¡oh incrédulos aberrantes enemigos míos! Dejad que los aires de la locura blasfemen sobre sus pesadas cabezas llenas de hollín, no juzgar a la ligera a todo aquel que por circunstancias ajenas se contagian de las crisis de ansiedad y miedo.
Clamen a su dios por la piedad que no tuvieron ante el desdichado.

En el capítulo del miedo las letras tienden a alargarse para explicar mejor lo que en mi mente ocurre y ocurría en los inicios del período perverso en el que sin suponerlo, el neurólogo dictamina que las generaciones pasadas, en algún oculto lugar, esperaba sin prisa, el virus del miedo. 

Bienaventurados los "Juan sin miedo", dueños de su mente, sin permitir que la imaginación entre a los lugares peligrosos mentales. Sitio en el que no hay lugar para el valor.

En verdad os digo, a los pocos lectores de este blog, que no tengáis premura en dar a conocer que el miedo es sólo una palabra de significado risible. A los que saben que el miedo es la antesala de la perdición, a esos les digo: "Salve dios a los sabios sin resquemores en el intelecto, sabedores de mucho de lo que yo ignoro".

Vuelvo si lo permitid, gentiles caballeros, damas de alcurnia, mozalbetes sin educación, señoritas a disgusto, niños y niñas de cristal. Enojones de cuarta, poetas desubicados, rufianes de las letras, masoquistas interesados en fregar sin dar un respiro a quien sin otra cosa más que contar los avatares con los que la vida le regaló, no pretende más que ser cuentacuentos de textos abyectos originales, salidos de la olla de grillos que porta por cabeza.

Parte primera de las que sean necesarias para explicar el porqué el miedo me tiene aún en sus garras.

(Texto escrito bajo los influjos de cápsulas de valeriana para calmar la ansiedad. Gotas de CBD o algo así. Inhibidores de la vergüenza ajena. Cápsulas de Valemadre para que todo valga lo mismo. Y una decena más de ansiolíticos y lo más importante: un cerebro tratando de desobnubilarse por sí misma).

Este texto no encuentra aún a la correctora de estilo. Por ahora es lo que hay.

Con su venia caballeros, gentiles damas.

















Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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