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lunes, 28 de diciembre de 2020

De soslayo sin paradas a ninguna parte

Porque cuando sueño despierta me pierdo en la cama. Pierdo el horizonte, la ubicación de mis sentidos. La luz debajo de  la puerta cambia de lugar. Acostumbro a mis ojos a la penumbra. Está tan oscuro. Los bultos se confabulan para hacerme perder el norte. Lo que toco no tiene sentido. Los Algo regresan a la tercera temporada de una vida circunspecta

Estoy atravesada en la cama. Pretendo llegar a la orilla, pero no está. La cama se ha convertido en un extenso territorio amorfo. Parpadeo lentamente. De nuevo miro el entorno de la recámara. ¿Dónde estoy?

Mis dedos palpan la almohada de los pies. La ubico; no así el apagador. Sigo moviéndome en este inmenso desierto de sábanas negras. Repto al sitio donde los dedos han encontrado el vacío. Me aferro a la orilla cualquiera que sea, no quiero perder el hilo de mi circunstancia. 

Logro ponerme de pie. Extiendo la mano derecha al frente, tocando un mueble que de inmediato reconozco como la cajonera No es el librerito al lado del buró. ¿Qué estoy haciendo ahí?

Despierto a Laura para decirle que estoy extraviada. Enciende la luz. Puedo ver la puerta, ¡estoy del lado contrario!

La inquietud no me deja volver a dormir. Nunca me había pasado. Es que nadie puede perderse en su habitación.

Cuando por la mañana cuento mis pesadillas, el desconcierto hace presa de los rostros de mi familia. Hace poco desperté de una siesta preguntando qué día era. En mi cabeza llevaba dos días de atraso. 

Otro día desperté tratando de recordar quién estaba conmigo arriba. Tuvieron que pasar varios minutos para recordar que estaba sola en casa. Y cuando grito un nombre, mi extraña voz me asusta.

Podría seguir contando mis miserias, pero todo es más de lo mismo. Y esta pandemia que no da tregua. No puede verme el neurólogo. Estos eventos han sucedido después de la caída por las escaleras. Quizás eso tenga que ver. 

A lo mejor se desconectaron los cables en mi caja de ideas. O tal vez el arte de la imaginación se está mudando a donde vive la realidad. 

A lo mejor estoy entrando a un mundo desconocido donde mis recuerdos van quedando en el olvido, haciendo que lo real se vuelva imaginario.

En el mundo al que me asomo, las sombras han vuelto a distraerme. Algo sucede dentro de mí, un universo paralelo abriendo sus puertas a la pérdida de la cordura. 

¿Sabré cuando la realidad se haya difuminado dentro de mi cabeza o estaré perdiendo el arte exquisito de pensar fuera de ella? Vida selecta.







domingo, 6 de diciembre de 2020

Senderos inconclusos


Cae una llovizna de diciembre, sin fuerza. Una gota por aquí, otra por allá, otra más allá. Copitos de nieve visualizados en una imaginación sin guía. Gotitas de nieve, copos de lluvia sobre los hombros ajados de un ser humano habitado por entes amorfos. Puede parecer un ebrio cualquiera de los que hay en una ciudad cualquiera donde los humanos en el río citadino son charquitos a las orillas de un destino cualquiera. Muchos cualquiera hacinados en poco espacio. El aire se define en una exhalación en contubernio con otra del mismo nido.

Ilusiones desarropadas, el frío entra por los huesos. Los pies raíces faltos de tierra húmeda, tierra alimentaria. Opciones de renacer en otra cosa, otro ente, otro humano ser, saliendo por la cabeza. Las ideas congeladas bullen debajo del cuero cabelludo. Llovizna pobre, bruma densa. Frío que mata sin razón y sin justicia. La corona de espinas ha caído de la cabeza sangrante. ¿Qué dices sobre las sombras deshabitadas? Hay días de 36 horas y noches de suspiros profundos. Ojos verdes asomados por la rendija corta de una mirada triste. Acuosa, sentimental, refleja la mirada a un amor cuajado de falsas esperanzas.

Me visitas en sueños, por las noches en que es permitido tener encuentros románticos mentales con cantantes rockeros. Aquí nadie se entera, que de amores estoy curado. 
No es tu estilo, quizás lo fuera cuando encarnada en ti, Jennifer Natasha con minifalda y botas de gamuza, caminaba por las calles de los rumbos de una juventud que ya no existe. Escribo imaginarios con el alma de niña grande. Escribo, es así.

Las pesadillas intuyen seres nobles acuciados por el escaso tiempo de gracia. Me hablas enterrando la mirada en mis pechos de cristal. Sonríes, platicas conmigo de las largas utopías en los conciertos llenos de luces de mil colores, fastuosos escenarios habitando el Enrique verdadero. Melena suave, caracolas ensortijadas en el pelo blanco de una mujer imaginaria. Enrique plagia versos, frases, letras ensartadas por otros. Los sueños son imaginación compartida con seres lejanos. Permean en ellos el blanco y negro de una transformación cotidiana. De eso nada importa, a mí no me puede robar más que los suspiros en el negro de la noche. 

Me gusta el lugar donde el destino me tiene parada en tierra firme. Me gusta harto recordar los momentos vividos detrás mío. Lo que pasó no existe más. Los perdones fueron dados a quien compete.
Demos el paso siguiente a las nuevas circunstancias. La experiencia buena o mala dejó un rastro imborrable. Lecciones aprendidas a punta de madrazos. 

La vida libre tiene el don de parecerse a los colibríes, sus huellas no existen en tierra firme. Uno nace para aprender a volar sin alas, provisto de basta imaginación se logra después de tanto caminar cuando las alas viejas y olvidadas desempolvan el fin para las que fueron hechas: volar.
Volar a ojos cerrados, a manos atadas, a pasos lentos, a vidas conceptuadas. El amor existe en mil formas. El amor resiste al arte del engaño si el que ama es el otro, vulgo "ojos que no ven, corazón tú dirás lo que hacemos". 

Cerca del fin de año que debiera escribirse en hierro fundido para no olvidar que el dueño de los destinos mueve el mundo con alma de titiritero.

¿Esto de qué va? Npi
Rumbo al 62




 



Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Cada uno se dedica simplemente a salvar su propio pellejo.