Ayer fue algo especial.
Al atardecer llovió muy fuerte, comenzaron a oírse ruidos extraños. Junto a mi escritorio, en mi recámara, en la cocina. Indago qué puede provocarlos pero no hay nada.
Hubo tormenta eléctrica, haciendo que se fuera la luz y los relámpagos iluminaran fantasmas en la sala y la recámara.
Hace un momento se escuchó algo muy fuerte, otra vez en mi escritorio. Fue la razón que dio pie a este escrito. Cuando suceden cosas extrañas las escribo, rompiendo mis pesadillas para que no lleguen al final.
Algo sucedió a media semana con Kiku.
Murió un vecino del departamento de arriba. Ella tuvo pesadillas. Pienso que pudo haberse sugestionado y esa fue la razón de su mal sueño.
Ayer La Bellita estaba rodeada de cojines en su cama para que no se cayera. Su mamá salió un momento de la recámara pero tuvo que regresar de inmediato cuando oyó el llanto de la niña. Al entrar, Natalia estaba llorando sentada en el suelo.
No se sabe bajar de la cama, nos preguntamos cómo es que llegó ahí. Los cojines no estaban movidos, ¿cómo es que se bajó si no sabe? Los hechos ocurren sin dar explicación.
Los días han sido raros, parece como si no hubieran pasado, no sé dónde quedaron. No hay huellas palpables de que los viví.
Las vigilias son constantes, puede ser que por eso no sepa donde quedaron esos días que he vivido entre brumas a la espera de algo que no llega.
Me pongo a pensar qué ocurrió el lunes o el martes o cualquier día y no tengo un hecho marcado que me haga recordarlo.
Ayer fue otro día de esos. Recuerdo vagamente que entré a twitter y comencé a dar #FF. Empecé con dos de los seguidores que siempre me leen y que no son del blog como la mayoría. Cuando me di cuenta los recuerdos llegaron a mi mente. Apareció @Rich Montero y con él los inicios de mi blog.
La música, el ambiente lluvioso, la soledad hicieron que me pusiera sensible. Me puse a escribir un agradecimiento a todos los que han caminado conmigo desde entonces. Los nombres comenzaron a aparecer, fueron tantos que al pensar que pudiese olvidar a alguno me hizo no publicarlo.
¨Agosto¨ de Los Héroes del Silencio le puso el toque final a la angustia y opresión que tenía en el pecho. Busqué a alguien con quien desahogarme pero era viernes, la mayoría de la gente se aleja de la computadora para vivir la vida real. Kiku estaba en el otro lado de la ciudad pendiente de mi pero hay ocasiones que necesito de alguien lejano para hablar.
Sin más, apagué la pc y seguí escuchando la música con el corazón hecho un trapo. Los ojos se me llenan de lágrimas. Recuerdo las pocas cosas que se quedan atoradas en mi cabeza y siento que algo va a pasar.
Mando un mensaje de auxilio a la medianoche el cual es respondido con prontitud dejándome un poco tranquila pero de nuevo la soledad y el silencio atacan lo más duro de mi: La conciencia.
Lloro sin explicación. Me envuelvo en el edredón para sentirme protegida y sin embargo tengo miedo. Me siento culpable de algo que no ubico o quizás mi subconsciente no me deja ver. Algo que no hice o no lo tengo registrado.
Algo raro hay en el ambiente, la experiencia me dice que los ruidos y los hechos extraños son aviso de algo fuera de mi entendimiento. Hay veces que quisiera ser uno de esos tantos objetos de mi escritorio, de mi casa.
Todo es tan extraño.
Cuando bajo la escaleras me miro al espejo para ver si existo pero la ausencia me dice que no estoy en mi, me quedé flotando en el ayer.
No hay nadie, estoy sola con los recuerdos rondándome como moscos prestos a picarme el vacío de mi existencia.
Tanta bruma y la claridad está al alcance de mi mano, filosofía barata que compré en los recorridos por los días extraños de mi vida.