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lunes, 6 de abril de 2020

Pájaros en callandito


Los Apellidos Ilustres se están extinguiendo. De once miembros, quedan ocho. Uno falleció en agosto pasado. El otro, hace unos días. 

En casa nadie moría; éramos una especie de soldaditos de acero: aguantando decenas de batallas, golpes bajos, caídas estrepitosas, pero como toda especie humana, nos volvíamos a levantar.

Ante el silencio de Los 3 Huastecos, quienes desde un día antes de fallecer mi hermano han tenido un cambio brutal de conducta, no comprendía nada. No hacían alharacas todas las mañanas al escuchar mi voz. No me gritaban para pedirme fruta ni cuando tomaba café.

Algo pasó con ellos que no logro entender.  Como si no hubiese pájaros. Como si supieran que la muerte llegó por otro miembro más. Todos muertos por la misma enfermedad: ataque al corazón. Infarto silencioso llegandito en el momento exacto de la existencia. Sin dar tiempo a disfrutar la vejez. A lo mejor la calaca al llevárselos los salva de algo.

Es la hora de morir. No tengo miedo. Desconozco si soy la que sigue, a decir verdad por ser la enfermiza debí haberme ido antes que el gemelo menor. Eso es lo que digo. 

El segundo de los hermanos vaticinó ser el siguiente. No supo que acertó, murió como dicen en las novelas baratas, en un frío cuarto de hospital. El gemelo mayor fallecido hace unos días, murió de manera rápida en su casa.

Ninguno de los tres sufrió tanto al morir. Se fueron del mundo terrenal prácticamente jóvenes, igualito que sus padres. Ninguno llegó a la edad en que supone habría de recoger los frutos de la existencia.  La 3a. generación de Apellidos Ilustres desaparece de este mundo. Nadie se va antes. Nadie se va después. 

La vida sigue, con y sin eso es lamentablemente cierto. Mis hermanos eran unos desconocidos para mí, quizá sea eso lo que le sorprende a Liz, que no lloré por ellos. 

El tiempo que dejamos de vernos se ocupó de borrar todos los recuerdos. De por sí mi mente voluble no recuerda casi nada de la infancia. Luego llega el tiempo con su afán demoledor de recuerdos.

Seremos olvidados tan rápido como el vuelo del colibrí. Magia pura, ahora lo ves revoloteando ante tus ojos, ahora ya no está.

Así merito es el olvido y sus circunstancias.









domingo, 29 de marzo de 2020

Periplo del sueño


Sin más nada en la cabeza que un simple menester glorioso de infinito placer, me tumbo en la cama como si no hubiese cosa más bella en el mundo.

Agradezco tener un techo bajo el cual dormir, porque también las pesadillas pueden ser graciosas aunque las risas salidas del fondo del alma, pongan los pelos de punta a quien duerme contigo.

El Ego sufre serias transformaciones. Lo que antes era orden se convirtió en súplica callada. Alguna poca de vergüenza se ha de guarecer bajo la intensa lluvia de la grandeza. Termino por creer en el ocio como buen compañero de los días sin escribir. Manteniendo a raya el pp no se sabe cuándo ha de llegar lo que ya no se espera.

Abnegación es cosa del pasado. Lo de ahora es la estulticia de los idiotas gobernando el lado derecho del cerebro. Bienaventurados los pobres porque de ellos serán los ocres sabores del infierno. Se dice en el cielo no haber más cupo para las almas carentes de un poco de filosofía ignota. Pleonasmo tergiversado en la riada del ostracismo puro.

¿Quién termina siendo el guía de los infames? La gente permite el destierro cuando la desventura se adhiere a la piel cual tatuaje divino. Ya no hay más que dar para sobrevivir en un mundo no hecho para la pobreza, admitiendo la estupidez humana. Me pierdo en los oscuros recovecos de la memoria jugándome el todo por el todo. No hay cabida en la sencillez del hombre aquello que martiriza el pensamiento sensato.

Escribir sin derroteros dando salida a la imaginación, palabras inherentes al formato ridículo de quien todo sabe.  De quien todo ignora. De todos modos cada cual entiende lo que quiere, según el ánimo en el que se encuentre. Sálvese quien pueda y el que no, bendita sea la elección que le permite ser un mártir desconocido.

No temas lo desconocido, siempre será mejor perder que ganar. Recuerda, la senda de los perdedores se hizo para ti. Si no ¿qué haz hecho para merecer la gloria?














domingo, 22 de marzo de 2020

Los algo y algunas urgencias

Los algo debajo de la cama tocan mis pies por la noche. Cuando lo hacen conservo la calma, nada de llantos bobos. Tomo una bocanada de aire agarro valor para revisar que no haya nada. Es la imaginación en la cabeza jugándome una trastada. En la actualidad me asusto más que antes. Los algo se suben a mi cama, son pequeñitos juguetones. Se siente el tamaño cuando se suben a mis pies. También gustan de asustarme volviéndose amorfos. Seres sin pies ni cabeza ni nada que permita adivinar qué son. Los algo pasan corriendo de la puerta a la ventana de la recámara. Me asusto mucho. Para desengañar a la mente volteo para ver bien. De soslayo toda sombra tiene memoria y actitudes serenas. Quieren hacerme saber que están ahí en el entorno quimerico en que se desarrolla mi vida con pastillas alucinantes. Barry no me creyó cuando gritando le pedí me quitara al algo del pie. No veía nada en mi pie. Yo tampoco pero ahí una lombriz de miedo. Quizás fuese un cabello. El algo invisible existe. Lo sentí, nadie me lo contó. Antes estaban sólo en mi recámara pero un día salieron tras de mi y se quedaron vagando por la cocina y la sala. No son malos, no pretenden hacerme daño. Desde que encontraron la imaginación se quedaron a vivir en el prolífico encanto de los recovecos de mi cabeza. Me asustan los ruidos trepidantes acosando mi cerebro. No me arredro al enfrentarme a ellos. De algún lado provienen como cuando la madera de los muebles cruje en su pequeño espacio. No quisiera ponerme loca hablando de algos que nadie ve o ruidos no escuchados. A veces creo que mi familia habla en secreto de mí, de la involución a la que me arrastra el espíritu mezquino del medicamento. Los días me sostienen en estos queveres sin pies ni cabeza. Nadie conspira a mis espaldas. Nadie tiene en mente hacerme daño. Luego de dignificarme ante la tozuda realidad. Créanlo o no los algo me mantienen ecuánime en un mundo de realidades distorcionadas. Nada es lo que parece. Las cosas tienen un algo infalible. Terca necedad de parir en mi cabeza. Alguien debiera encontrar el contraveneno de la locura. O mejor alguien debiera levantar la voz para pedir a las farmacéuticas no jugar con la mente de los enfermos que como yo, poseemos una imaginación prolífica, haciendo ver a los algo llenos de historia. Si el pp no jugara conmigo, dejaría de lado las letras siendo ellas de las pocas que expresan mi verdadero sentir. Sin excusas, pastillas y memoria pasaría de ser un ente solitario a una señora "normal", considerando -claro- la "normalidad" es lo que permea en una realidad que no lo es tanto.

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales