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miércoles, 26 de agosto de 2026

El Tren del Olvido

*Antes que el encender y apagar el computador sin escribir nada se vuelva un ejercicio mudo y cotidiano debido a que el medicamento del pp se está adueñando de mi mente haciendo polvo la caja de pensamientos volátiles e ideas inimaginables publicaré posts antiguos que me gustaron mucho por allá del 2009 cuando comencé a escribir sin saber a ciencia cierta en la que me estaba metiendo. 
Seguiré escribiendo porque eso quiero pero sobre todo porque no quiero que los fantasmas que me habitan terminen posesionándose de lo único que tenía intacto: mi cerebro.



La habitación está en penumbras. Es la única forma en la que puedo dormir. Las cortinas oscuras. La puerta semi cerrada sin ninguna luz que ahuyente al sueño. Es la manera que tengo de asustar al insomnio. Mi recámara completamente a oscuras.
Las sombras que habitan mi cuarto caminan de un lado a otro sin dejarme dormir. Ya no me asustan. En algún momento se cansarán y se irán dejándome en la quietud de la noche que tanto busco.
Abrazo al sueño no dejándolo escapar. Quiero dormir arropada en el cansancio.
En las tinieblas de mi cuarto habita el recuerdo que se va. Las lágrimas en mi almohada han dejado de fluir dando paso a la tranquilidad del reposo tanto esperado.

Son las 4.30 de la mañana. Un grito de hombre se oye a lo lejos. Me saca del letargo en el que me encuentro. Abro los ojos buscando en el techo algo que no encuentro.

¿Oíste?- pregunta Barry.

Si- respondo. Nos quedamos callados aguzando el oído. No se escucha más.

Mis ojos abiertos siguen buscando. Se escucha de nuevo un grito- esta vez de mujer-. Ya no decimos nada, nos quedamos callados tratando de adivinar qué pasa.
Empieza el llanto de un niño.
A lo lejos se oye el silencio que dice que algo está pasando en algún lugar de la noche.

Se escucha el ladrido de un perro que ahuyenta al conejo de la luna sin lograrlo. Los chihuahuas se han ido a refugiar entre mis piernas, asustados de algo que no logran saber que es. No ladran, algo raro sucede y ellos lo saben. No quieren atraer a lo extraño con sus ladridos. Paran las orejas alertas a cualquier ruido. No se mueven. Tienen miedo.
Se escuchan pasos en al escalera. Pasos presurosos que se dirigen a ningún lado. No tengo miedo. Un ruido en la protección hace que Barry me pregunte de nuevo si escuché. No respondo. El corazón me late muy rápido queriendo escapar de mi pecho. Pongo una mano encima para detener su loca carrera.

No se oye más. Todo queda envuelto en la penumbra de mi cuarto. 4.30  de la mañana, hora en la que el Diablo debe estar ya en el infierno renegando de no haber podido llevarse un alma, al menos no de nuestra casa.

A lo lejos se escucha el silbido del Tren del Olvido. Lleva en sus vagones a la gente que va derecho a borrarse de la mente de las personas que conocieron.

Sé que en el primer vagón van los Don Nadie, los que pasaron por la tierra sin haber hecho nada que los recordara sin dejar huella en el tiempo. Personas que serán borradas de la memoria en el mismo instante que les echen la última palada de tierra. Sin lágrimas de por medio.

En el segundo vagón van los Amados que se hicieron querer por la gente y que pasaran unos años antes que su recuerdo muera junto con la última generación de sus buenas obras. Se les puede ver pensativos pero tranquilos. Saben que serán recordados sólo por un tiempo y después desaparecerán como desaparece el ruido que hacen las ruedas del tren en las vías.

En el tercer vagón van los Personajes Ilustres. Esos que pudieron comprar un cacho de cielo y una memoria viva que pasará a través de las generaciones contando todo lo bueno que hicieron. Aunque de bueno no haya nada.
Héroes fabricados para hacer creer a la gente que dieron la vida por sus semejantes. Los que se quitaron el pan de la boca para dárselo al hambriento pero que en su casa tenían un frugal banquete esperándolos para compensar el mendrugo de pan que regalaron.

Héroes de pacotilla.

En el cuarto vagón, van los Buenos. Los que sin importarles nada dieron la vida por aquellos que lo necesitaron. Los que fueron por la vida siendo buenos porque si. Porque su corazón les indicaba que debían serlo sin esperar nunca una recompensa.
Ser buenos porque la vida así lo decidió y ellos quisieron serlo. Se les nota alegres. Saben que por mucho tiempo serán recordados por alguien a quien si le importaron. Saben que el olvido tardará en llegar... pero llegará.

En el quinto vagón van los Desalmados, riendo y cantando. Alegres deambulan por la vida sin importar el olvido.  No les interesa. Saben que no llegará por mucho tiempo. El daño que causaron fue tan grande que pasaran generaciones y generaciones recordándolos no importando ser maldecidos cada que los recuerden. Los maldecirán hasta que no haya más rencor guardado si es que puede ser.
A los Desalmados los dejará el tren en la última parada. La séptima puerta del infierno. Ahí quedarán presos de sus crímenes y errores cometidos. Ellos lo saben. Saben a donde van y no les importa. El olvido para ellos no llegará y eso los alegra.

En el sexto vagón van los Inocentes. Aquellos que tuvieron la mala fortuna de no nacer. Los recordarán sin recordarlos. No tienen cara. No hay sonrisas ni llantos. Ni alegrías ni tristezas. No hay nada. Sólo un recuerdo imperturbable de alguien que no llegó a nacer. Un ser que no llegó a ser.

Los gritos que escuché no logro ubicarlos en el tren. No sé en que vagón van. No los oigo más.

En el séptimo vagón...

En el séptimo vagón voy yo. Viendo el camino abrirse ante mi. No tengo miedo, ha desaparecido. Mi memoria y mi recuerdo están vivos y así permanecerán hasta que alguien decida que es suficiente. Que lo hecho por mi no da para más.

Dejaré las letras que mis dedos han juntado. Mi libro se vida se leerá pasando de generación en generación hasta que pase a ser obsoleta., hasta llegar el momento en que a las nuevas generaciones ya no les diga nada mi nombre.

Sabré entonces que el  Tren del Olvido llegó,  debo abordarlo.



















domingo, 10 de mayo de 2026

Así como lo cuento oh hermanos míos, estoy aquí porque no estoy en ninguna parte*

*Mario Moreno Cantinflas


Así pues teniendo mi destino marcado, La Bella apareció una tarde cualquiera como por arte de magia. Traspasando -digo yo- las  puertas del tiempo y la omnipresencia u ubicuidad, manifestándose a las puertas de la cocina
Apareció muy sonriente. 

Acercándose a mi oído susurro algo que no logré escuchar.
 -¿Cómo es que estás aquí sin tus padres?- -No debes andar sola por las calles, es peligroso muñeca-. 

No dijo nada, me miró, dio la vuelta yéndose a sentar a la sala.

El tiempo caprichoso caminó con pasos lentos. Alexa -la asistente digital dijo la hora de mi medicina: Flor, son las dos de la tarde. Medicina. Flor, son las dos de la tarde. Medicina. Flor, son las dos de  la tarde. Medicina.

Ese dato me pondría los pelos de punta más tarde.

Comencé a lavar los trastos. ¿Por qué si somos dos personas nada más, hay trastos sucios como si hubiese habido fiesta?

En fin, a veces las cosas pasan cuando suceden.

Natalia regresó a decirme algo al oído. De nuevo no escuché nada. Retornó a la sala sin decir palabra. Después su rastro quedaría guardado en una interrogante cuya respuesta aún no encuentro.
-Condenada chamaca, ora verás.
    
Los trastos parecían reproducirse al contacto con el agua. No se acababan nunca. Tomé una tina acomodando los vasos y platos en ella. Pesaba mucho. Pedí a Natt me ayudara. Se me caerían. Grité tan fuerte como pude: ¡Natalia! ¡Natalia!  ¡Natalia por vida de Dios, ayúdame!

Nunca fue, se me cayó un plato rompiéndose con gran estruendo. Silencio desquiciante atravesado por el filo cortante de la soledad que me rodeaba.

¡Natalia! Ni sus luces. Dejé como pude la tina en la mesa dirigiéndome a la sala para hablar con ella. No había nadie.
Subí a las recámaras. Nada. ¿Dónde estaba La Bella? 

Regresé a seguir lavando trastos. Pregunté a Alexa de nuevo la hora.

-Alexa, dime la hora.

-Son las 4-22 respondió.

¿Cómo puede ser?, llevo dos horas y media lavando trastos. Sentí que todo ese tiempo estuve dormida. ¿Cómo es que no me caí? ¿Soy sonámbula?

Días antes había tenido alucinaciones. Veía insectos por las orillas de las paredes. Los veo pero tengo claro que no existen.
También había sentido sobre mi espalda algo muy pesado como si estuviese cargando un cuerpo. Obvio no había nada.

Esperé que llegara Barry para contarle todo lo que había pasado. Le comenté también que había visto a mi hermano en la ventana de la sala, estaba riéndose. No fuera problema si mii hermano no tuviera siete años fallecido.

Barry no apartaba la vista de mi. No comprendía nada de lo que le decía. Me tranquilizó tanto como pudo. No entiendo que te pasó, solo agradezco estar ya contigo.
Cenamos disponiéndonos luego a dormir.

El día de mañana sería tan terrible como si lo ocurrido hubiese sido cosa de niños.






Mañana El Diablito Loco.









 

jueves, 23 de abril de 2026

Díscolos, rimbombantes y consuetudinarios


Nada tiene que ver con nada. Nada de nada ni con nadie. Sea pues, comienzo este relato como quien no quiere la cosa. Como si alguien en su mutismo absoluto define las formas y expresiones con un exagerado dejo de nostalgia y notoriedad.

Nada tiene que ver con nadie. Ni la oscura sombra ocultándose debajo de una base que desconozco bajo la planta de mis pies.

No es mi casa, no es mi recamara, no es el lugar donde acostumbro pasar las noches cuando la luna grandota como una pelotota irrumpe azarosa a través de la delgada tela de organdí de las cortinas de la ventana.

Busco extrañada los botines que calzo cuando me levanto a medianoche a hacer de las aguas. No están. Con el dedo gordo levantado, del pie derecho insufrible toco el piso. Suave, resbaloso, mido a grosso modo el tamaño de la base bajo mis pies. Cerca de cinco centímetros a ojo de buen cubero. En mi recamara no hay tal base. La cama de tamaño normal permite que mis pies toquen el piso sin necesidad de subirme en nada.

Definitivamente no estoy en mi casa. 

Aspiro el aire enrarecido del sitio. No circula, es como si le hubieran aplicado ¨el que se mueva baila el twist¨. 
El silencio del lugar me permite escuchar una respiración serena que no es la mía. Volteo con total parsimonia para no despertar al algo dormido a un lado mío. 

-¿Qué pasa?- pregunta una voz somnolienta.

Esa voz, la reconozco dentro de mi desmemoriado y extraviado cerebro. 
-¡Es la voz de la Lupa- grité en medio de la noche.

La Lupa es la esposa del Restaurador de Recuerdos, ¿Como pude olvidarlo?  Estoy de nuevo en la casa donde me refugie cuando le di tregua a Barry para descansar de mí. 

No reconocí el lugar. Extraviada dentro de mis delirios no supe donde me encontraba. Es la primera vez que esto me sucede. No reconocer el sitio en el que estoy ubicada me deja preocupada.

No tenía ni la más puta idea de lo que se me venía encima al punto de salir huyendo de mi casa bajo la protección cariñosa de quien ni en mis tiempos remotos pensé que se haría cargo de mí y de mi historia que se escribiría dentro de los próximos días.

Tiempo aciago en el que me vi envuelta gracias a mis inquietas ganas de escribir memorias con letras desolladas por los que sin querer exprimen mis ganas de existir en metáforas endebles y ridículas sacadas del más puro contexto circundante gracias a una sobredosis.

Nunca, jamás de los jamases me pasó por la cabeza que las ganas de escribir aún a costa de mi salud me llevaría a viajar por un mundo de muertos, fantasmas, taquicardias mórbidas y escenas por demás espeluznantes extraídas del saco donde mis demonios esperan la mínima oportunidad para materializarse ante mis ojos de niña asustada por la inexistencia de la realidad ocurrida frente de mí.

Os digo con profunda tristeza que si el sábado que vuelva a casa, los entes siguen sentados en mi sala. Muertos riéndose de mis miedos. Vivos entrando a través de las puertas. 

Mi mente perdida en el curso del tiempo estuvo fregando trastos por dos horas y media.
Estuve dormida-despierta sin tener conciencia de lo que pasaba a mi rededor.

Nada tiene que ver con nada. Nadie tiene que ver con el poco valor que junto para charlar con los muertos y mandarlos a dormir al camposanto donde deben estar, como lo manda Dios y su santo nombre. La virgen del Chongo Parado testigo es de lo que aquí  plasmo con ideas tergiversadas en el laberinto ignoto de mi salvación.


Recen por mí, si el sábado vuelvo a esta casa no habré sanado.

Lo malo vendrá después.










Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.