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domingo, 10 de mayo de 2026

Así como lo cuento oh hermanos míos, estoy aquí porque no estoy en ninguna parte*

*Mario Moreno Cantinflas


Así pues teniendo mi destino marcado, La Bella apareció una tarde cualquiera como por arte de magia. Traspasando -digo yo- las  puertas del tiempo y la omnipresencia u ubicuidad, manifestándose a las puertas de la cocina
Apareció muy sonriente. 

Acercándose a mi oído susurro algo que no logré escuchar.
 -¿Cómo es que estás aquí sin tus padres?- -No debes andar sola por las calles, es peligroso muñeca-. 

No dijo nada, me miró, dio la vuelta yéndose a sentar a la sala.

El tiempo caprichoso caminó con pasos lentos. Alexa -la asistente digital dijo la hora de mi medicina: Flor, son las dos de la tarde. Medicina. Flor, son las dos de la tarde. Medicina. Flor, son las dos de  la tarde. Medicina.

Ese dato me pondría los pelos de punta más tarde.

Comencé a lavar los trastos. ¿Por qué si somos dos personas nada más, hay trastos sucios como si hubiese habido fiesta?

En fin, a veces las cosas pasan cuando suceden.

Natalia regresó a decirme algo al oído. De nuevo no escuché nada. Retornó a la sala sin decir palabra. Después su rastro quedaría guardado en una interrogante cuya respuesta aún no encuentro.
-Condenada chamaca, ora verás.
    
Los trastos parecían reproducirse al contacto con el agua. No se acababan nunca. Tomé una tina acomodando los vasos y platos en ella. Pesaba mucho. Pedí a Natt me ayudara. Se me caerían. Grité tan fuerte como pude: ¡Natalia! ¡Natalia!  ¡Natalia por vida de Dios, ayúdame!

Nunca fue, se me cayó un plato rompiéndose con gran estruendo. Silencio desquiciante atravesado por el filo cortante de la soledad que me rodeaba.

¡Natalia! Ni sus luces. Dejé como pude la tina en la mesa dirigiéndome a la sala para hablar con ella. No había nadie.
Subí a las recámaras. Nada. ¿Dónde estaba La Bella? 

Regresé a seguir lavando trastos. Pregunté a Alexa de nuevo la hora.

-Alexa, dime la hora.

-Son las 4-22 respondió.

¿Cómo puede ser?, llevo dos horas y media lavando trastos. Sentí que todo ese tiempo estuve dormida. ¿Cómo es que no me caí? ¿Soy sonámbula?

Días antes había tenido alucinaciones. Veía insectos por las orillas de las paredes. Los veo pero tengo claro que no existen.
También había sentido sobre mi espalda algo muy pesado como si estuviese cargando un cuerpo. Obvio no había nada.

Esperé que llegara Barry para contarle todo lo que había pasado. Le comenté también que había visto a mi hermano en la ventana de la sala, estaba riéndose. No fuera problema si mii hermano no tuviera siete años fallecido.

Barry no apartaba la vista de mi. No comprendía nada de lo que le decía. Me tranquilizó tanto como pudo. No entiendo que te pasó, solo agradezco estar ya contigo.
Cenamos disponiéndonos luego a dormir.

El día de mañana sería tan terrible como si lo ocurrido hubiese sido cosa de niños.






Mañana El Diablito Loco.









 

jueves, 23 de abril de 2026

Díscolos, rimbombantes y consuetudinarios


Nada tiene que ver con nada. Nada de nada ni con nadie. Sea pues, comienzo este relato como quien no quiere la cosa. Como si alguien en su mutismo absoluto define las formas y expresiones con un exagerado dejo de nostalgia y notoriedad.

Nada tiene que ver con nadie. Ni la oscura sombra ocultándose debajo de una base que desconozco bajo la planta de mis pies.

No es mi casa, no es mi recamara, no es el lugar donde acostumbro pasar las noches cuando la luna grandota como una pelotota irrumpe azarosa a través de la delgada tela de organdí de las cortinas de la ventana.

Busco extrañada los botines que calzo cuando me levanto a medianoche a hacer de las aguas. No están. Con el dedo gordo levantado, del pie derecho insufrible toco el piso. Suave, resbaloso, mido a grosso modo el tamaño de la base bajo mis pies. Cerca de cinco centímetros a ojo de buen cubero. En mi recamara no hay tal base. La cama de tamaño normal permite que mis pies toquen el piso sin necesidad de subirme en nada.

Definitivamente no estoy en mi casa. 

Aspiro el aire enrarecido del sitio. No circula, es como si le hubieran aplicado ¨el que se mueva baila el twist¨. 
El silencio del lugar me permite escuchar una respiración serena que no es la mía. Volteo con total parsimonia para no despertar al algo dormido a un lado mío. 

-¿Qué pasa?- pregunta una voz somnolienta.

Esa voz, la reconozco dentro de mi desmemoriado y extraviado cerebro. 
-¡Es la voz de la Lupa- grité en medio de la noche.

La Lupa es la esposa del Restaurador de Recuerdos, ¿Como pude olvidarlo?  Estoy de nuevo en la casa donde me refugie cuando le di tregua a Barry para descansar de mí. 

No reconocí el lugar. Extraviada dentro de mis delirios no supe donde me encontraba. Es la primera vez que esto me sucede. No reconocer el sitio en el que estoy ubicada me deja preocupada.

No tenía ni la más puta idea de lo que se me venía encima al punto de salir huyendo de mi casa bajo la protección cariñosa de quien ni en mis tiempos remotos pensé que se haría cargo de mí y de mi historia que se escribiría dentro de los próximos días.

Tiempo aciago en el que me vi envuelta gracias a mis inquietas ganas de escribir memorias con letras desolladas por los que sin querer exprimen mis ganas de existir en metáforas endebles y ridículas sacadas del más puro contexto circundante gracias a una sobredosis.

Nunca, jamás de los jamases me pasó por la cabeza que las ganas de escribir aún a costa de mi salud me llevaría a viajar por un mundo de muertos, fantasmas, taquicardias mórbidas y escenas por demás espeluznantes extraídas del saco donde mis demonios esperan la mínima oportunidad para materializarse ante mis ojos de niña asustada por la inexistencia de la realidad ocurrida frente de mí.

Os digo con profunda tristeza que si el sábado que vuelva a casa, los entes siguen sentados en mi sala. Muertos riéndose de mis miedos. Vivos entrando a través de las puertas. 

Mi mente perdida en el curso del tiempo estuvo fregando trastos por dos horas y media.
Estuve dormida-despierta sin tener conciencia de lo que pasaba a mi rededor.

Nada tiene que ver con nada. Nadie tiene que ver con el poco valor que junto para charlar con los muertos y mandarlos a dormir al camposanto donde deben estar, como lo manda Dios y su santo nombre. La virgen del Chongo Parado testigo es de lo que aquí  plasmo con ideas tergiversadas en el laberinto ignoto de mi salvación.


Recen por mí, si el sábado vuelvo a esta casa no habré sanado.

Lo malo vendrá después.










domingo, 12 de abril de 2026

Poesía incorrupta sin métrica ni estilo

Me gusta saberte vivo 
leyendo las pifias de una mujer sin eufemismos
baratos y vacíos acaecidos 
en el Día del Parkinson.  

Me gusta tu mirada de soslayo y tu corazón ardiente
La química desvariada y tu apología sin fondos
Los sonetos que me inventas y los versos desplumados
El fragor de tu pecho y tu rústico modo de mirar mis alas.

Me gusta tu hola en las mañanas y el adiós de madrugada
Me gusta tu norte y perderme en tu sur
Me gusta el ocaso de tu mirada y los abrazos que me das
Me gusta el céfiro del atardecer y la quietud de tus labios.

Me gustan los te amo quietos y tu sonrisa en desatino
Me gustan tus manos y sus formas en mi cuerpo
Me gustan las letras que no me has inventado y los perfumes del azahar
Me gustan tus silencios y los te quiero desbocados.

Me gusta tu esencia pero más me gusta tu presencia
Me gustan tus ya no más arrepentidos y tus no te vayas dubitativos.
Me gusta el término de tus suspiros y el reposo después del amor
Me gusta dormir abrazada al perfume de tu almohada y despertar en tus labios.

Me gustan las flores y el celo extasiado
Me gusta el arrullo de los ríos con el quebranto de los pájaros sin llanto
El vórtice de tu alma anidando en mi interior
Me gusta tu nada y me encanta tu todo
Me gusta saberte camuflado en los girasoles, en los recovecos de tu locura 
En las naranjas silvestres y en el ruido de las caracolas enredadas en mis memorias
En los opacos distantes y en los atardeceres de colores radiantes.

Me gusta con el contigo vivo
me asusta el contigo nunca muero.
Me gusta el sentido del vértigo en mi estomago
y dormir en el placido calor de tus misterios.

Me gusta la forma de tu espalda
y el ímpetu de tu cuerpo desnudo en mi conciencia.
Me gusta tu sonrisa infantil enredada en mi vientre
y la exquisitez de tus labios saboreando mi mente.

Me gusta el vigoroso latir de tu corazón
sobre mi pecho de marfil avasallado.
Me gusta todo lo que sientes,
me gusta todo, 
absolutamente todo de ti.





(Versado un tiempo lluvioso y diminuto de una noche fría y lúgubre
enternecida por el suave bailar de mis dedos
nerviosos sobre las teclas de palabras discordantes
al mas puro estilo de quien sino de la MaLquEridA.)








 

 







 

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.