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jueves, 23 de abril de 2026

Díscolos, rimbombantes y consuetudinarios


Nada tiene que ver con nada. Nada de nada ni con nadie. Sea pues, comienzo este relato como quien no quiere la cosa. Como si alguien en su mutismo absoluto define las formas y expresiones con un exagerado dejo de nostalgia y notoriedad.

Nada tiene que ver con nadie. Ni la oscura sombra ocultándose debajo de una base que desconozco bajo la planta de mis pies.

No es mi casa, no es mi recamara, no es el lugar donde acostumbro pasar las noches cuando la luna grandota como una pelotota irrumpe azarosa a través de la delgada tela de organdí de las cortinas de la ventana.

Busco extrañada los botines que calzo cuando me levanto a medianoche a hacer de las aguas. No están. Con el dedo gordo levantado, del pie derecho insufrible toco el piso. Suave, resbaloso, mido a grosso modo el tamaño de la base bajo mis pies. Cerca de cinco centímetros a ojo de buen cubero. En mi recamara no hay tal base. La cama de tamaño normal permite que mis pies toquen el piso sin necesidad de subirme en nada.

Definitivamente no estoy en mi casa. 

Aspiro el aire enrarecido del sitio. No circula, es como si le hubieran aplicado ¨el que se mueva baila el twist¨. 
El silencio del lugar me permite escuchar una respiración serena que no es la mía. Volteo con total parsimonia para no despertar al algo dormido a un lado mío. 

-¿Qué pasa?- pregunta una voz somnolienta.

Esa voz, la reconozco dentro de mi desmemoriado y extraviado cerebro. 
-¡Es la voz de la Lupa- grité en medio de la noche.

La Lupa es la esposa del Restaurador de Recuerdos, ¿Como pude olvidarlo?  Estoy de nuevo en la casa donde me refugie cuando le di tregua a Barry para descansar de mí. 

No reconocí el lugar. Extraviada dentro de mis delirios no supe donde me encontraba. Es la primera vez que esto me sucede. No reconocer el sitio en el que estoy ubicada me deja preocupada.

No tenía ni la más puta idea de lo que se me venía encima al punto de salir huyendo de mi casa bajo la protección cariñosa de quien ni en mis tiempos remotos pensé que se haría cargo de mí y de mi historia que se escribiría dentro de los próximos días.

Tiempo aciago en el que me vi envuelta gracias a mis inquietas ganas de escribir memorias con letras desolladas por los que sin querer exprimen mis ganas de existir en metáforas endebles y ridículas sacadas del más puro contexto circundante gracias a una sobredosis.

Nunca, jamás de los jamases me pasó por la cabeza que las ganas de escribir aún a costa de mi salud me llevaría a viajar por un mundo de muertos, fantasmas, taquicardias mórbidas y escenas por demás espeluznantes extraídas del saco donde mis demonios esperan la mínima oportunidad para materializarse ante mis ojos de niña asustada por la inexistencia de la realidad ocurrida frente de mí.

Os digo con profunda tristeza que si el sábado que vuelva a casa, los entes siguen sentados en mi sala. Muertos riéndose de mis miedos. Vivos entrando a través de las puertas. 

Mi mente perdida en el curso del tiempo estuvo fregando trastos por dos horas y media.
Estuve dormida-despierta sin tener conciencia de lo que pasaba a mi rededor.

Nada tiene que ver con nada. Nadie tiene que ver con el poco valor que junto para charlar con los muertos y mandarlos a dormir al camposanto donde deben estar, como lo manda Dios y su santo nombre. La virgen del Chongo Parado testigo es de lo que aquí  plasmo con ideas tergiversadas en el laberinto ignoto de mi salvación.


Recen por mí, si el sábado vuelvo a esta casa no habré sanado.

Lo malo vendrá después.










domingo, 12 de abril de 2026

Poesía incorrupta sin métrica ni estilo

Me gusta saberte vivo 
leyendo las pifias de una mujer sin eufemismos
baratos y vacíos acaecidos 
en el Día del Parkinson.  

Me gusta tu mirada de soslayo y tu corazón ardiente
La química desvariada y tu apología sin fondos
Los sonetos que me inventas y los versos desplumados
El fragor de tu pecho y tu rústico modo de mirar mis alas.

Me gusta tu hola en las mañanas y el adiós de madrugada
Me gusta tu norte y perderme en tu sur
Me gusta el ocaso de tu mirada y los abrazos que me das
Me gusta el céfiro del atardecer y la quietud de tus labios.

Me gustan los te amo quietos y tu sonrisa en desatino
Me gustan tus manos y sus formas en mi cuerpo
Me gustan las letras que no me has inventado y los perfumes del azahar
Me gustan tus silencios y los te quiero desbocados.

Me gusta tu esencia pero más me gusta tu presencia
Me gustan tus ya no más arrepentidos y tus no te vayas dubitativos.
Me gusta el término de tus suspiros y el reposo después del amor
Me gusta dormir abrazada al perfume de tu almohada y despertar en tus labios.

Me gustan las flores y el celo extasiado
Me gusta el arrullo de los ríos con el quebranto de los pájaros sin llanto
El vórtice de tu alma anidando en mi interior
Me gusta tu nada y me encanta tu todo
Me gusta saberte camuflado en los girasoles, en los recovecos de tu locura 
En las naranjas silvestres y en el ruido de las caracolas enredadas en mis memorias
En los opacos distantes y en los atardeceres de colores radiantes.

Me gusta con el contigo vivo
me asusta el contigo nunca muero.
Me gusta el sentido del vértigo en mi estomago
y dormir en el placido calor de tus misterios.

Me gusta la forma de tu espalda
y el ímpetu de tu cuerpo desnudo en mi conciencia.
Me gusta tu sonrisa infantil enredada en mi vientre
y la exquisitez de tus labios saboreando mi mente.

Me gusta el vigoroso latir de tu corazón
sobre mi pecho de marfil avasallado.
Me gusta todo lo que sientes,
me gusta todo, 
absolutamente todo de ti.





(Versado un tiempo lluvioso y diminuto de una noche fría y lúgubre
enternecida por el suave bailar de mis dedos
nerviosos sobre las teclas de palabras discordantes
al mas puro estilo de quien sino de la MaLquEridA.)








 

 







 

jueves, 9 de abril de 2026

Des-equilibrados

Alguna vez comenté a un poeta -si es que soy afortunada, tengo amigos y amigas poetas- mi deseo de ser musa de alguno de esos escribidores de versos.
Había sido musa antes pero de uno que otro escritor pero de un poeta no.

.-Intentaré hacer poesía a mi manera. Serás tú la poesía. Escribió en ese entonces con su peculiar tono pragmático..
Parco no decía más que lo necesario.
Yo tan hablantina y él más callado que un cine en película de amor.

-Seré entonces una verdadera musa- dije mordiendo  las trenzas y la mirada fija en el suelo. (Dicen las malas lenguas  que si miras directamente a los ojos a un poeta pierdes irremediablemente la razón. Vagarás por los siglos de los siglos detrás de él pidiendo, rogando todos los días un verso de amor. Obviamente no me quise arriesgar. Miren que a mi los amores de literatura me suenan complicados porque no creo que alguien pueda enamorarse de las puras letras. Pos no, yo necesito una cara para extasiarme en las noches de viernes abrazando una almohada sin nombre.

-Musa ya lo eres- Serás más, mucho más. Serás poesía -contestó sin despegar la vista de su ordenador-.
Me convertí de buenas a primeras en Musa del mes de Abril. ¡Virgen santísima del Purgatorio bendito! ¿Musa yo? Una pueblerina con aires de reina se hizo musa de un hombre extraño.

Con el paso del tiempo plantaba letras y él las hacía verso.

¡Ahhhh qué lindo!

Un día  ascendí de nivel. Fui nombrada bajo una corte de estrellas y un atajo bautizado con mi nombre, musa del todo el puto año, digo perdón, Musa de todo el Año.

Vida y muerte a la vez.
Mi nombre quedó grabado en un sitio sui generis algo así como yo.

Pero -malditos peros- el poeta sucumbió o se hartó -sepa la bola qué- dejando las letras a un lado. Se fue por el camino del paraíso inventado de azahares y naranjos valencianos creo. 

Me fui a la bancarrota. De picada caí en el fondo del yanomeacuerdodeti.
El poeta se fue. ¡Chingao!
 Algo tiene mi carácter ahuyentador de  novios, poetas y demás A mi parecer a los hombres no les gustan las mujeres de carácter... de los mil diablos como el mío. Entes masculinos qué poco aguante tienen.

Y se fue sin irse.  Igualito que yo. Estamos pero ni nos hablamos. Así somos de raros los poetas y las musas de trenzas negras con guaraches de cuero y faldita de percal. Aretitos de oro, muñequita de biscuit.
¿Un tequilita o prefieres un vino uyuyuy?
.
Ya no inspiro ni un bendito verso. Ni un entre líneas extraviadas. ¡Mátame camión!

Y yo tanto tanto que lo quería.

Y él...
Ah pues eso si no lo sé.

Según -a mi no me lo crean- le fallaba la azotea o lo que es lo mismo estaba un poco loco. Yo pues como ustedes saben estoy más orate que cualquiera. Nomás de la cabeza no vayan ustedes a pensar otra cosa.

Si lo ven alguna vez penando por mi díganle que ya sabe donde estoy. Con la mismita mirada que de poeta él me hizo cierta.

Si no lo olvido -al poeesta con sus versos- de mi memoria no me fío, este será mi epitafio. Cambiaré el de ¨Dios me hizo desgraciada pero no se me da la gana¨  a Eres más que musa. Tú eres poesía.

¡Ay dolor ya me volviste a dar! 
Si alguien lo ve díganle que ando penando mucho su ausencia. (Gracias al cielo Barry no me lee si no habría un duelo disputándose una bella dama con guantes, bombines y espaditas de esas muy afiladitas). 


Gracias.

(Vuelvo a la quietud de mi palacio con los gatos, mi gato Calixto,un esposo modelo, una hija encadenada a su libertad, un colibrí, y demás entes que habitan este lugar tan escaso de paz pero lleno de vida).



Chaíto.


















 

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.