Páginas

lunes, 16 de septiembre de 2019

El diván de la marmota

Hacía mucho tiempo que no me quedaba en el sillón de la marmota a escribir.
Ha cambiado todo desde entonces. Los residuos de la memoria se han vuelto quisquillosos, no aflojan a la primera.  Meretrices del olvido se niegan a salir a la luz como pláticas carentes de importancia. Memorias vanas empotradas en el cerebro.
Mañana u hoy creo,  me levantaré molida, cosa de aguantar un poco el místico tronar mi esqueleto  gordo. Porque tengo huesos no vayan a creer que debajo de esta piel color mestizo hay pura grasa. Obvio tengo huesos. Debo sentirme orgullosa de poseer algo que no es obeso ni nunca lo será. ¡Loor al dios de los gordos!

A falta de ideas interesantes les contaré que Calixto apareció.
Adivinen quién se subió a la lavadora para bajar al gatito miedoso del techo. Si, yo exacto. Barry no se atrevió a bajarlo por miedo a lastimarlo.
-Quita hombre, quita. Hazte pa'llà yo lo bajo.
Saqué una poca de fuerza de la que guardo para momentos peligrosos. Armada con un cepillo para gatos -Calixto es fanático de él- trepé a la lavadora ayudada por el Barry lo bajé. Estaba asustado pero normal.
Dos días estuvo estudiando el terreno para seguir haciendo sus rondines nocturnos. Calixto es un gato solitario, no tiene amigos ni novia ni hijos ni nada nomás nos tiene a nosotros y a la Srita Guantes. La minina nueva. Demasoado beibi para ese gato viejo. Algo es algo. De eso a nada digo yo.

Volvimos a la vida rutinaria.
Felices mi gato y yo.

Hoy me dieron una sorpresa, El Jefe me trajo mi lap vieja. Tengo que hacer algunos ajustes pero ya tengo compu. ¡Viva! ¡viva! Podré escribir, comentar y todo eso que hace un bloggero respetable y responsable.

Eso es todo amigos ya es mañana. Día de asueto. Día de la Indipendencia de mi país.
Gracias por aguanta. Los admiro, no mucho pero si.

Nos leemos :)







miércoles, 11 de septiembre de 2019

Interludio

La cosa ocurrió tal como la cuento. 

El fin de semana pasado llegaron nuevos vecinos a la casa de atrás. De inmediato comenzaron a cubrir la parte descubierta de su patio trasero, colindante con el mío. A nosotros no nos afecta en lo más mínimo, pero sí a Calixto, mi gato adoptado, porque lo deja encerrado en mi patio.

Por la tarde comenzó a caer una lluvia ligera haciendo que Calixto buscara refugio en sus lugares favoritos. Por la noche se asomó a mi ventana. La Srita. Guantes lo buscó para jugar con él sin lograr su fin. Calixto se paseaba por la azotea, no lo pudimos bajar. Se quedó acurrucadito en el frío tejado.

Ahí fue la última vez que lo vimos...

"No te preocupes -dije a Barry- es gato sabrá como bajar".

Y pues ¿qué creen? Calixto no sólo no supo cómo bajar, si no que ni siquiera amaneció pegado a la ventana de mi habitación. Calixto no está.

No puedo subirme a la azotea porque pues estoy chiquita. No sé qué hacer ni donde buscarlo. ¿Qué voy a hacer sin mi Calix? Sabía que por su condición de callejero algún día quizás pegaría carrera pa' encontrar su destino, pero irse sin avisar no es cosa de mascotas gatunas.

La Bella dijo hace poco cuando le salieron ronchas en todo el cuerpo: "mami, no estoy lista para tener varicela". Así yo, no estoy preparada para la partida de mi gato adoptado.

Y es que catorce años se dicen fácil; es el tiempo que Calixto tiene en nuestras vidas. ¿Dónde lo busco? Ni siquiera conozco los caminos de sus travesías nocturnas.

Calixto, si me lees -mi gato es muy listo-, regresa por favor. 

Aquí la Srita. Guantes y yo te estamos esperando.

Miau.  :'(


 

lunes, 26 de agosto de 2019

Dile que lo quiero

-¿Estás triste abuela? Pregunta La Bella un tanto extrañada.
-No- respondo rápidamente.
-¿Por qué no lloras? Sigue interrogando curiosa
-No lo sé muñeca- dije con la vista puesta en su hermoso pelo.
-Falleció tu hermano abuelita, deberías estar muy triste. No lo entiendo abuelita.

Me quedé callada sin saber explicar lo que pasaba por mi cabeza respecto a la reciente muerte de uno de los miembros menores de Los Apellidos Ilustres.

La muerte se llevó a mis padres relativamente jóvenes. Mis dos hermanos estaban jóvenes al morir.

A los dos dejé de verlos hace mucho tiempo. Mi memoria borró el tiempo ignoto que se marchó huyendo de los temores acunados por una enfermedad genética.
El gemelo menor falleció de otra enfermedad genética ¡qué diablos! Tanto sin saber de ellos nos puso la vida ante desconocidos.
Recuerdo el accidente del pie. Adolescente me quedé con esa culpa rondando mi tribulación. Nunca volví a ser la misma.
A él no le quedó cicatriz en el pie
 A mi sí en el alma.

Si los recuerdos son benévolos traerán sonrisas, pero si uno ha guardado los malos momentos imperan, no hay más que hacer.

La vida va difuminando el amor fraterno, el que muy en el fondo del alma se encuentra escondido. La lejanía hace su parte. El orgullo egoísta no se aparta. Se queda anclado en la herrumbre del silencio

-Luis, si te escucha dile que lo quiero? -escribí por whatsa un recadito sin aspavientos. Tímido. Sosegado.
El mensaje llega al oído de quien yace escondido bajo la maraña de tubos que lo mantienen con vida.
La muerte llega.

Él decía que sería el siguiente en morir. Tan aferrado estaba que se olvidó de que estaba vivo y se puso a dormir.

Ha pasado una semana desde entonces. Fue traído del norte en una caja oscura. Rodeado de sus hermanos y un montón de flores quedó presto a ser homenajeado por quienes lo quisieron. Sus cenizas descansadas al centro de la sala   donde los padres fueron velados.

No estuve ahí, no tenía caso. Lo que estaba en la caja no era mi hermano.
Nunca fuimos cercanos. Era un ser solitario como como yo. Tan extraño como esta alma errante.
Tuvo la fortuna que sus hermanos fueran a por él en sus últimos momentos.

Lo recordarán con su carácter recio. Yo no. Yo me quedo con su cara sonriente platicando conmigo juntos por la calle como nunca lo hicimos. Tal como lo soñé días antes de morir.

-¿Por qué no fue a la misa? Preguntó Cridsty.
-No quise- respondí.

Si no estuve en su vida, ¿de qué sirve estar en su muerte?

Es así, inexplicable para algunos. Tan claro para mí.














Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales