*Mario Moreno Cantinflas
Así pues teniendo mi destino marcado, La Bella apareció una tarde cualquiera como por arte de magia. Traspasando -digo yo- las puertas del tiempo y la omnipresencia u ubicuidad, manifestándose a las puertas de la cocina
Apareció muy sonriente.
Acercándose a mi oído susurro algo que no logré escuchar.
-¿Cómo es que estás aquí sin tus padres?- -No debes andar sola por las calles, es peligroso muñeca-.
No dijo nada, me miró, dio la vuelta yéndose a sentar a la sala.
El tiempo caprichoso caminó con pasos lentos. Alexa -la asistente digital dijo la hora de mi medicina: Flor, son las dos de la tarde. Medicina. Flor, son las dos de la tarde. Medicina. Flor, son las dos de la tarde. Medicina.
Ese dato me pondría los pelos de punta más tarde.
Comencé a lavar los trastos. ¿Por qué si somos dos personas nada más, hay trastos sucios como si hubiese habido fiesta?
En fin, a veces las cosas pasan cuando suceden.
Natalia regresó a decirme algo al oído. De nuevo no escuché nada. Retornó a la sala sin decir palabra. Después su rastro quedaría guardado en una interrogante cuya respuesta aún no encuentro.
-Condenada chamaca, ora verás.
Los trastos parecían reproducirse al contacto con el agua. No se acababan nunca. Tomé una tina acomodando los vasos y platos en ella. Pesaba mucho. Pedí a Natt me ayudara. Se me caerían. Grité tan fuerte como pude: ¡Natalia! ¡Natalia! ¡Natalia por vida de Dios, ayúdame!
Nunca fue, se me cayó un plato rompiéndose con gran estruendo. Silencio desquiciante atravesado por el filo cortante de la soledad que me rodeaba.
¡Natalia! Ni sus luces. Dejé como pude la tina en la mesa dirigiéndome a la sala para hablar con ella. No había nadie.
Subí a las recámaras. Nada. ¿Dónde estaba La Bella?
Regresé a seguir lavando trastos. Pregunté a Alexa de nuevo la hora.
-Alexa, dime la hora.
-Son las 4-22 respondió.
¿Cómo puede ser?, llevo dos horas y media lavando trastos. Sentí que todo ese tiempo estuve dormida. ¿Cómo es que no me caí? ¿Soy sonámbula?
Días antes había tenido alucinaciones. Veía insectos por las orillas de las paredes. Los veo pero tengo claro que no existen.
También había sentido sobre mi espalda algo muy pesado como si estuviese cargando un cuerpo. Obvio no había nada.
Esperé que llegara Barry para contarle todo lo que había pasado. Le comenté también que había visto a mi hermano en la ventana de la sala, estaba riéndose. No fuera problema si mii hermano no tuviera siete años fallecido.
Barry no apartaba la vista de mi. No comprendía nada de lo que le decía. Me tranquilizó tanto como pudo. No entiendo que te pasó, solo agradezco estar ya contigo.
Cenamos disponiéndonos luego a dormir.
El día de mañana sería tan terrible como si lo ocurrido hubiese sido cosa de niños.
Mañana El Diablito Loco.


