Páginas

viernes, 14 de octubre de 2011

El extraño caso de la desaparición de la chuleta con papas, pepinos, zanahorias y uvas.






Corría una mañana de octubre cuando se dio el extraño caso de la desaparición de una chuleta con papas, pepinos, zanahorias y uvas.
La mujer de la casa se había levantado a preparar el desayuno de su hijo con mucho cariño y demasiada flojera porque era sábado.
Con los pelos parados y bostezando, la mujer después de lavarse la cara y los dientes bajaba a la cocina a preparar el desayuno de su amado retoño.

Cocinó chuleta ahumada con papas, pepinos, zanahorias y uvas que le puso de adorno porque se veían bonitas en el plato.
Preparó café y un sandwich para ella mientras subía a apurar al hijo que como nena tardaba demasiado  tiempo arreglándose frente al espejo.

Mientras tanto, un ladrón furtivo entraba a la cocina escurriéndose entre las sombras. Sin hacer ruido y atraído por el delicioso aroma de la carne sancochada, subió a la silla cuidando cada paso. Mirando de un lado a otro olfateó lo que estaba en la mesa, sin pensarlo mucho, agarró la chuleta de un jalón, escondiéndose debajo de la silla del comedor, la engulló de dos bocados. 

-Está deliciosa -pensó el bribón.

Al ver que nadie lo había descubierto, se asomó de nuevo a la mesa. Las papas, pepinos, zanahorias y uvas que acompañaban la chuleta exhalaban un aroma delicioso. Echando una ojeada, cuidando que no viniera nadie, tragó todo casi sin respirar haciendo que dos veces estuviera a punto de ahogarse.

Unos pasitos sigilosos se oyeron tras él, el hermano mayor del ladrón lo veía sin poder creerlo, ¿Quién le había enseñado a su hermano a robar? 
Lanzando una mirada de desaprobación se dirigió a su casa esperando la tormenta que se veía venir.

¡Rápido! ¡Pronto! ¡Pronto!

Al escuchar pasos en las escaleras, el truhán corrió hacia su casa, metiéndose debajo de su cobijita, esperaría que descubrieran el robo.
Seguida de su hijo, la mujer vio el plato vacío y empezó a pegar de gritos. ¡Un ladrón! ¡Un ladrón de chuletas con papas, pepinos, zanahorias y uvas! gritaba mientras su hijo a grandes zancadas buscaba al ladrón de chuletas con papas, pepinos, zanahorias y uvas.

¿Quién se comió mi desayuno?- gritó el hijo a los perros. 

Mirando a sus mascotas, no tuvo que repetir la pregunta, Babo Alejandro -el chihuahua joven- se relamía los bigotes.
No había duda de quien era el ladrón de chuletas con papas, pepinos, zanahorias y uvas.

¡Te quedarás sin desayunar! vociferó el hijo, pero el ladronzuelo poco le importó, el desayuno estaba de-li-cio-so.
Sin dejar de relamirse los bigotes, sintió una mirada sobre él, era su hermano que con mirada dura le recriminaba el haber robado, sería castigado pero tenía que sufrir las consecuencias, se quedaría todo el día sin comer.

Al poco rato le fue servido un bistec enorme a Benito Tiki, al verlo, Babo Alejandro puso la cabeza sobre sus manitas, a él no le tocaría bistec por haberse robado la chuleta con papas, pepinos, zanahorias y uvas.

Pero Benito Tiki sabe lo que es ser joven e inconsciente, le dejó un trozo de su carne al hermano quien moviendo el rabo se acercó a lamerlo en señal de agradecimiento.

Encaminándose al patio trasero, Benito Tiki saltó la puertita seguido de Babo Alejandro, echándose los dos a tomar el sol, uno al lado de otro, como hermanos que sin serlo se cuidaban desde que llegaron a alegrar la casa de esa familia que tanto los quería y que les aguantaba todo hasta quedarse sin desayuno.

Eran sus bienamados perros, sus amadas mascotas, sus lindos chihuahuas tan tiernos y dulces. 









Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales