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viernes, 30 de abril de 2010

Soy nena.




No hago mucho caso de los días específicos para celebrar algo como el Día del Niño, el Día del Maestro, el Día de la Mujer, en fin.
El Día de las Madres si me gusta porque soy interesada y me gusta que me den muchos regalos, pero solo ese día celebro, los demás no.

Pero rememorando mi infancia no puedo quejarme de haber sido muy feliz, cierto que un poco diferente a lo que la mayoría de los niños viven pero no por eso dejé de ser niña.
Mi padre cuando ya no podíamos quedarnos quietos le decía a mi tío que nos rentara su televisión, nos dejaba ver algún programa y después ya nos íbamos a casa. Así fue hasta que mi padre pudo comprarnos una en abonos.

Éramos muy inquietos mis hermanos y yo.

Nos trepábamos al árbol de peras que había cerca de la casa, jugábamos a las escondidas, Stop, a la roña, al bote pateado, a Doña Blanca, a pares y nones, a las cebollitas, a la víbora de la mar, tantos juegos que vienen a mi mente y que se han dejado de jugar gracias a la tecnología que cada vez aborbe más y más a las nuevas generaciones.
Jugar con mis hermanos a las carreras en donde la meta era la primaria que está cerca de casa, corriendo como si nos persiguiera el mismísimo Satanás.  Mis hermanos nos jalaban de las trenzas para detenernos y que ellos ganaran.
Nunca tuvimos bicicleta ni patines ni pelota para patear. Comprábamos un balón, con mucho esfuerzo y cuando se ponchaba casi casi era luto nacional. Siento que una bici no nos hizo falta pero si hubiésemos querido tener una por lo menos. Cuando la pudieron comprar mis hermanos mayores ya no teníamos tiempo para jugar.

Se hacía mucho ejercicio corriendo y corriendo sin parar todo el tiempo, por lo mismo casi no había niños gordos como hoy en día.
Si debíamos quedarnos un rato quietos, entonces jugábamos mi hermana y yo con la colección de muñecas de papel recortables.
O leíamos revistas que mi padre nos compraba para aumentar nuestro vocabulario o mantenernos entretenidos un rato. También nos compraba libros para que nuestra afición por la lectura  creciera. Hoy en día todos mis hermanos leén mucho, menos yo.

Hoy es Día del Niño y recostada en el sofá me he puesto a pensar todo esto. En la infancia y los juegos que se han quedado atrás. Juegos que hemos dejado porque ya somos mayores, ya no tenemos tiempo siquiera de recordar los buenos tiempos.

¿Qué importaba entonces que hubiera poco dinero para comer?, siempre existía el monte a donde podríamos ir a recoger hongos para que mamá los cocinara.
¿Qué importaba que las rodillas del pantalón estuvieran rotas?, mi madre tenía su máquina de coser para que con un trozo de tela les pusiera un parche o los convirtiera en short.
¿Qué importaba que los chicos no tuvieran ropa?, siempre existía un hermano mayor que podría heredarle alguna camisa o vestido a los más pequeños.

Fuímos felices entonces y somos felices ahora agradeciendo a mis padres el que nos hayan sacado adelante.

Hoy Día del Niño comeré melón con nieve de limón como la que nos daban en la primaria, comeré papas chip´s, tomaré coca-cola, comeré dulce de tamarindo, no comeré comida habitual, comeré hamburguesa, me quedaré tirada en el sillón a ver televisión sin necesidad de pagar por ver algún programa.

Y recordaré que tuve suerte de tener a los padres que tuve. Gracias a eso ha resurgido la niña que siempre estuvo guardada en mi mente.
Soy una niñota, una nena que no tiene a los padres de antaño porque han muerto... tiene a otros.
A sus hijos que la cuidan con mucho amor tanto como sus padres la cuidaron un día siendo  muy feliz, tanto como lo es ahora.





Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales