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domingo, 14 de junio de 2009

Once al asalto.

Era lo que literalmente hacíamos cuando todos los hijos de ... mi madre nos sentábamos a comer.





Uno ponía la mesa, otro hacía el agua de limón generalmente-era lo más barato- el otro iba por las tortillas- cuatro kilos lo menos- otra más les lavaba las manos a los más pequeños y los más ayudaban a lo que mamá ordenara.





Crecí en una familia muy grande, con diez hermanos correteando por todos lados, jalándonos los cabellos, peleándonos por la ropa que hoy nos tocaba ponernos, batallar para poder alimentarnos, supongo que era un trabajo bastante pesado para mis padres.





Y cuando mamá decía- ¡ a comer!- solo se oía el corredero de chamacos para ver quien ganaba el mejor lugar.





Los más pequeños tenían una mesa igual de pequeña, para que no les colgaran los pies y estuvieran fuera de peligro de que los mayores les soltáramos un zape por menos de- enchílame éstas gordas-





Tengo una hermana María chica que cuando le servían la sopa de fideos empezaba su letanía,


-mi sopa está fría-


-está bien contestaba alguien-


-no quiero sopa-


-te la tienes que comer-


-no me gusta-


y así hasta que nadie le hacía caso, entonces se quedaba con el plato de sopa servido aunque estuviera frío se lo tenía que comer.





Y es que mamá tenía una regla de oro, la comida era lo más valioso entonces no se podía desperdiciar nada, así que había que comerse la sopa sin chistar ,era paso obligado para el guizado y los frijoles que siempre eran negros- hasta hoy a mi no me hacen comer frijoles negros para nada- teníamos que tomar un vaso de agua hasta después de terminada la sopa, antes no.





Si en el transcurso de la comida se acababa el agua de sabor, entonces tomábamos agua simple, y cada quien sabía cuántos vasos llevaba ingeridos para que todos tomáramos la misma cantidad.





Y María chica, imperturbable ante su plato de sopa...





Se quedaba ahí hasta que todos terminábamos de comer y algunas veces hasta se quedaba dormida sobre la mesa.





Pocas veces mamá la dejaba levantarse sin haber comido la sopa, pero eran muy pocas veces, casi nunca, así que se quedaba sin comer.





En la cena era más decente el panorama,porque solo tomábamos café negro y una torta de frijoles revueltos con huevo para que alcanzáramos todos y los más pequeños tomaban leche con una pizca de chocolate, cuando no había pa´frijoles, comíamos bolillo solo.





Al terminar de cenar María grande lavaba los trastes, yo ayudaba a lavar los dientes de los pequeños y los más grandes terminaban de levantar la mesa.





Lo más divertido era cuando se iba la luz en plena cena.





Entonces empezaba mamita a contarnos historias de brujas y fantasmas y como en el lugar donde vivía había un patio enorme y muchos árboles, en la noche cuando se movían pensábamos que eran fantasmas y nadie entonces quería ir al baño solo porque mami nos decía que nos iba a salir el nahual,uy! que miedo le teníamos.





El nahual era un sujeto mitad hombre y mitad lobo que se llevaba a las muchachas casaderas,jajaja ( eso ahora me da mucha risa, más bien se iban con el novio) jajajja.





Una vez José grande se escondió debajo de la mesa sin que nos diéramos cuenta y cuando mami estaba en lo más aterrador del cuento, José grande salió de su escondite y todos gritamos y nos paramos tan rápido, que todo lo que había en la mesa salió disparado para todos lados.





Entonces papá que ya estaba dormido se levantó como de rayo a ver que pasaba y sobra decir que le dió unos cuantos cintarazos a mi hermano - merecidos por supuesto- y nos mandó a todos a dormir más que inmediatamente.





Entonces todos ya acostados nos moríamos de la risa y no había poder humano que nos callara, hasta que de nuevo papi nos amenazaba con su voz de trueno- ¡ a callar!, nos tapábamos la cabeza con las sábanas y seguíamos riéndonos hasta que el sueño nos vencía.





Ah! extraño ésos tiempos, como era divertido vivir ahí, en mi casita, con su olor a yerba, a tierra mojada, a aire limpio, a su cielo tan azul que lastimaba.





Extraño el montón de hermanos que siempre estábamos juntos a pesar de los pesares.





Hoy todo ha cambiado, solo nos vemos en fin de año y escasa vez en los cumpleaños, todos vivimos muy alejados unos de otros.





Tengo dos hermanos que viven en provincia, la última vez que los vi fué en el funeral de mamita en el 86, ha pasado tanto tiempo desde entonces.





Quiero ver de nuevo a José grande, a Rafita, a Marco, María grande, Miguel mi hermano más querido, Emilia, Adriana, María chica, Felipe y a José chico, quiero mucho a mis hermanitos, los quiero ver de nuevo,ya!











Ójala podamos vernos antes de que a todos nos llegue la mala hora.









In memoriam.


C Y D

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales