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domingo, 20 de septiembre de 2015

La epopeya de una idiota (nomás sin insultar Flor de María porque no respondo de mi)

De entre dos surgen las ideas, las culpas, los orígenes de un episodio que no tiene fin. Apostamos por la cordura para salir de este evento pero las cabezas -tuya y mía- seniles y obsoletas dejan entrever la desesperación apoderándose de nosotros.
-Yo no soy viejo
-Yo tampoco pero mi cuerpo y mi pelo si.

-Tú abriste la puerta las dos únicas veces en la mañana, luego entonces...
-¿Y si a ti se te escapó y no quieres decirlo?
-¡Vamos por dios ya estoy bastante grandecita para temer a los castigos pueriles!
-Yo no me aparté de la puerta en ningún momento, no pudo salirse sin que yo lo viera, además Babo ladra.
-Eso es verdad, antes de salir avisa con ladridos como advirtiendo: estén atentos pendejos, me voy a salir, no me pierdan de vista.

Las ideas por más disparatadas fluyen en contrasentido. Le damos paso a la razón de la sinrazón.. Absurdidades vestidas de coherencia un tantito estúpida.
Estamos en el tercer mundo, creemos en dioses y supercherías. Espejitos milenarios socavando nuestra conciencia. 
-¿En el primer mundo no son así? 
-Yo qué sé nunca he salido de aquí.
-No crees en dios pero le temes al diablo. ¡Vamos MaLquEridA, defínete!
-¿Y si El Vecino Asesino se lo robó?- recuerda que el otro día dijo que la sangre de perro es una muy buena protección. Eso lo escuché yo mismista con estos oídos adornados con aretitos de filigrana hechos por los artesanos de Guerrero.
-No creo, los chamanes no son tan malos. Además por eso lo saludo para tenerlo de nuestra parte por si las moscas.
-Entonces, ¿qué pasó con Babo?
-Npi

Sin saber qué más hacer sentamos nuestra impotencia elucubrando ideas, dejamos que la locura nos tome por asalto.
El dedo flamígero te señala después de todo tú eras la que estaba con ellos cuando desapareció.

-Estaba la reja abierta pero eso no dice nada ¿o acaso crees que alguien entró sólo para robarse a Babo? ¡Por dios aterriza!
-Juro por Natalia que es lo más sagrado que tengo -bueno también ustedes son sagrados pero un poquito menos- que no se me escapó. Si miento que me caiga un rayo y me parta en dos, ya ves que ahorita eso puede ser posible. Miedo no tengo, me rijo siempre por decir la verdad hasta cuando digo mentiras.

El Tú y el Yo en circunstancias fuera de nuestro control. Veladamente nos culpamos porque no encontramos respuesta ante este hecho inexplicable.
Esa es la pregunta redundante: ¿Cómo se escapó? Si supiera no lo estaría buscando.

-¿Y si Babo no salió y está escondido por algún motivo dentro de la casa?
-Razona estás diciendo estupideces.
-Me siento un poco cuerda, un poco idiota. La cordura en súbito desapego de mi persona. La epopeya de una idiota he titulado este texto -a decir verdad se llamaba La epopeya de los idiotas pero te zafaste y me dejaste solita- porque así me siento aunque esto no tenga nada de heroico, nada de poético, nada de nada. Me quitaste de tajo lo poético que encontraste en mí hace rato que te leí.

-¿Recuerdas que cuando murió mamá yo sólo pensaba en comer y me daba pena que nadie tuviera hambre?
-¿Y eso qué tiene que ver ahorita?
-Tengo hambre, mucha, pero sólo te lo digo a ti. ¿Cómo puedo pensar en comer si no sé si Babo...?
-Qué difícil es todo esto.

Un título ideado en el momento mismo cuando con mi pelo mojado sobre la cara recorría las calles, las lágrimas mezcladas con la lluvia y el pie arrastrando como culpa insensata de quién se sabe inútil para ciertos menesteres. Antihéroe de bisutería, cuéntame tus penas, hoy tengo un poco de tiempo para ti.

-Lo que más me zumba en la cabeza es lo que dijiste: Natalia no está segura contigo. Él debería estar temblando si lo piensa un poco.
-Eso ya lo sabía al igual que todos. No soy apta para cuidar ni de mi misma. Es un secreto a voces. Nadie lo dice por miedo a lastimar mi ego de mujer independiente.

-Lo sabemos
pero
nunca una verdad ha dolido tanto.





















Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales