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domingo, 18 de enero de 2015

Tan alto como lejos está el cielo

Veamos:

Si yo fuera la señorita médica me daría de alta de inmediato. He dejado atrás las obsesiones por tener todo lo que se me antojara. Sirviera o no. Tazas, ropa, aretes, perfumes (nomás compro para todo el año, esa no es obsesión, es prevención por si llegan las vacas flacas, por cierto hace mucho no se han ido) zapatos. Todo es cíclico. Nadie podría creer con lo mamona -perdón- que soy que ande con estos tenis viejos y gastados que Laura me compró cuando corrí mi primera maratón (nomás he corrido dos y no es cosa de risa). 
Dejé atrás la compulsión a tocar a todos los santos (dios tuvo una poca de culpa de ello). Dejé de contar los escalones cada que subo y bajo, trece para arriba, doce para abajo porque el último me lo salto.   No recojo más las pelusas y basurillas que encuentro a mi paso. No oigo más sus voces. Dejé de escribir todo lo que me pasaba. El más mínimo detalle. Nada tiene ya importancia para ser contado. Moscas, moscos, gusanos, hormigas y demás han vuelto al anonimato (nomás escribí de Rosalba La Güera porque quise pero en la madrugada vi algo en twitter que me hizo jurar no volver a hablar de ellas, ni de ningún bicho horriblemente espantoso).

¿Qué más? ¿qué más? ¡ah si!

Ya no cargo lastres ni recuerdos lastimosos. Hice la paz conmigo misma (nomás lo digo pero ni siquiera creo que necesite hacer las paces con mi otro Yo, ni siquiera sé cómo se hace. ¿Me pediré perdón y mi otro Yo lo otorga? Cosa de locos eso es).

No vivo obsesionada por actualizar ni por dejar rastro por todos lados como lo hacía antes cuando comencé esta locura de relatar mi vida en formato telenovelesco.
Hoy lo hago pero se vale porque es domingo, es muy temprano y no hay nada qué hacer. Bueno, bueno si hay, leer pero la infección en las ventanas del alma -vulgo ojos- me lo impide. ¿Por qué soy enfermiza diosito? dímelo tú que todo lo sabes.

La más importante cosa que denota mi cura mental es que ya no me enojo (nomás no me pidan que les convide de lo que estoy comiendo porque me sulfuro) por nada casi. Y digo casi porque tampoco soy un pan.

Los lastres arrinconados en la memoria -origen de este blog- han sido tirados al mar que todo lo limpia (nomás espero que nunca me los regrese porque entonces si, chuparé faros). El saco de recuerdos y lastimaduras mundanas está limpiecito y no pienso volver a llenarlo. 

Pienso más lo que digo, equivale a decir menos lo que pienso. Una poca de hipocrecia no hace daño. Procuro que barbaridades no salgan de mi boca ni de mis dedos. Prefiero que el silencio hable por mi. 
Como digo cada vez que me da la gana: Si hoy muriera, lo haría feliz.

Ya no lloro por cualquier cosa. No lloré en Año Nuevo cuando no pude tragarme las uvas. Tampoco lloré cuando me dieron un regalo inesperado que a cualquiera le hubiera hecho verter lágrimas de desconsuelo. Hubiese querido que estuviera ahí la señorita médica. La actitud que tomé mereció las risas de la concurrencia. ¿Yo haciendo reír a un público exigente? Para hacer reír a Los Apellidos Ilustres se necesita mucho ingenio. Yo sin tenerlo los hice reír. Aplausos para mi.

Creo que es todo.

Si fuera la señorita medica, me daría de alta inmediatamente pero no lo soy, tengo un poco de locura en remate. ¿Alguien gusta? Necesito todavía en mi guardarropa la camisa de fuerza. 

Reconozco que me falta recorrer un buen tramo del camino a la cordura. Admitir que el pp se adueñó de mi parte izquierda y va por la derecha es muy duro y puede conducirme a volver a caer en la depresión pero admito que los antidepresivos me mantienen a flote y por ahora no se ve que tenga que dejarlos como tampoco las pastillitas para dormir pero como digo a La Bella cuando la comen las prisas: Poco a poco paco peco, poco pico.

Reconocer lo que soy es el camino a la cura -según dicen- pues ya está, ya lo reconocí pero no me toca decir que estoy sana mentalmente porque si no mi alta estará tan lejos como el cielo de mi cabeza.

















Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales