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lunes, 13 de junio de 2011

Pájaros en solitario






Los trinos de un pájaro madrugador eran lo primero que se escuchaba cuando el día  iba despuntando, su canto era el más bello que se había oído en los alrededores, los habitantes del lugar despertaban al escuchar los acordes de un poema lejano que disfrutaban los que tenían la suerte de estar cerca de él, el canto tenía algo que erizaba la piel, las notas eran suaves pero melancólicas y sin embargo escucharlas alegraba el día de quien los oyera.

El pájaro solitario desde su nido invocaba a las hadas de los cantos para que lo acompañaran, sus trinos eran el compañero inseparable desde el día que le cortaron las alas, se quedó con las ganas de recorrer caminos insospechados en compañía de sus hijitos, pájaros favoritos mayores, pájaros favoritos menores como les decía, con las alas rotas la única libertad que podía disfrutar era la que su vista alcanzaba, sobre su cabeza se alzaba el trozo de cielo que era únicamente de él, sin embargo la risa no la abandonaba.
Pájaro feliz atado al nido por sus alas rotas en la copa del árbol más alto del mundo, donde era el rey absoluto de su desgracia.

En otro lado, un pájaro miedoso abría los ojos al nuevo día, algo extraño le pasaba a las alas que no podía remontar el vuelo para viajar entre nubes como le gustaba, el nido donde vivía se había convertido en el único sitio en el que podía ser feliz. Las alas temblorosas y sin fuerza no le dejaban aventurarse en otros lares donde la vida era bella.

Dos pájaros viviendo cada uno por su lado las pruebas que la vida les daba, vidas paralelas que un día coincidieron cuando al pájaro madrugador no le cortaban las alas y el pájaro miedoso no tenía temor. Se encontraron en el momento justo... en la hora justa que la vida les tenía marcada.

La risa cantarina del pájaro madrugador alegraba los miedos que tenía su amigo, -No tiembles decía- no pasa nada- mientras veía sus alas rotas que no volverían a tocar la libertad y una lágrima bajaba rápido a su pico, el pajarillo miedoso guardaba sus lágrimas en el pequeño buche para que su amigo estuviera bien, uniéndose cada día más, juntaban sus cantos siendo felices en su desgracia.

-Un día Amigocho-decía el pájaro miedoso- te voy a sostener para que no te caigas, tu tomarás mis alitas temblorinas y bailaremos al son de nuestras risas, daremos vueltas y vueltas, bailaremos hasta cansarnos sin miedo a caer... sin miedo al miedo, hasta que la música de nuestro corazón deje de latir y nos vayamos juntos a volar entre nubes para saber de que tamaño es el cielo.

El pájaro madrugador abrazó a su amigo sosteniéndose con fuerza, sintiendo el corazón trémulo del pájaro miedoso que lo ayudaba con sus alitas muertas de miedo a no caer, los dos eran el bastón que su corazón necesitaba para seguir la vida que el destino les marcó.















Imagen tomada de google.

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales