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sábado, 28 de mayo de 2011

Pedro y medio.







Son casi las tres de la mañana, el sueño a huido de mi como tantas otras noches, el calor no me deja dormir, me pongo a escribir dejando que mis dedos hablen, me pregunto si algún día dejarán de sentir ese cosquilleo inquieto que no puedo controlar.
Se oye el tic tac del reloj marcando el paso de las horas que no dejan huella. la respiración tranquila de Barry que descansa a mi lado. Escucho el suave latir de mi corazón descansando después de un día muy pesado, los grillos están dormidos. A lo lejos se oye el ruido de una motocicleta, ¿quién andará a estas horas de la madrugada en la calle?

Se escucha también el silbato del vigilante, de pronto viene a mi memoria ¨Pedro y medio¨ el sereno que cuidaba la colonia en la etapa infantil en la casa paterna.

Pedro y medio-el velador de la colonia- tenía una estatura gigantesca, una voz de trueno, manos grandes y gordas y una panza descomunal en la que pensábamos traía a los niños que se habían portado mal y que se había comido por no querer dormir.

Mi madre cansada de la friega diaria queriendo descansar cuando llegaba la noche nos decía que si no nos callábamos Pedro y medio nos comería pasando a formar parte de su desayuno, palabras mágicas que hacían que todo quedara en silencio en cuestión de nada, bajo las sábanas temblábamos imaginando que en cualquier momento entraría haciéndonos pasto de sus crueles colmillos.

Cuando los domingos pasaba a cobrar el buen resguardo que hacía a nuestra seguridad, mamá le preguntaba que cómo le había ido en su búsqueda de niños latosos, con voz cavernosa decía que solo había comido uno o dos niños sobándose la panza, señal con la que nosotros corríamos a escondernos de sus tentadoras fauces.
Su uniforme color caqui y su gorra cada vez le quedaban más chicas, creíamos que era porque comía muchos niños, inocencia de chamacos.

Pedro y medio era un tipo bonachón, su gran estatura y su voluminoso cuerpo lo habían hecho pedir trabajo de velador, todos le tenían miedo a pesar que era muy bueno, era incapaz de hacerle daño a nadie.

Los fantasmas vagabundos del pueblo lo dejaban pasar escondiéndose en las ramas de los árboles, los perros mansitos se echaban a su paso, los borrachos se escondían en los quicios de las puertas cuando estaban muy bebidos, algunas ocasiones detrás de las cortinas lo veíamos pasar enchinándose la piel al escuchar el silbato con el que anunciaba su paso.

¨Las tres de la mañana y todo sereno¨ gritaba para infundir más temor, nosotros temblando en nuestra camita pedíamos a todos los santos del cielo y a nuestro ángel de la guarda que nos protegiera, imagínábamos que metía la mano por la ventana de la calle y sin misericordia nos comería.

Pedro y medio desapareció un día en que el viento fuerte del olvido azotó con furia nuestras ventanas, el eco de su silbato dejó de oírse en las madrugadas, la voz de trueno desapareció para siempre quedándose escondida entre las paredes de las casas, en el sótano de la escuela, en la orilla de la carretera.

Y aquí estoy rescatando del olvido a un ser que se quedó grabado en la infancia con letras de miedo pero que al recordarlo me ha hecho sonreír porque Pedro y medio con todo y su descomunal figura, era incapaz de hacerle daño a nadie.





Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales