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domingo, 24 de agosto de 2014

El mundo hecho de escaleras y bicicletas





¿Por qué los parkinsonianos caminamos por las escaleras y andamos en bicicleta como la gente ¨normal¨? ¿Por qué al llegar al último escalón o al bajar de la bicicleta, los pies se vuelven a hacer de plomo y ya no podemos seguir nuestro camino?

¿Eh?

¿Por qué?

¿Diosito?

¿Puedes responderme?

¿Doctor?

¿Alguien?

Dudo que a estas horas de la locura alguien tenga una respuesta a mi pregunta insomne. Preguntas estúpidas que uno se hace cuando hay que caminar al baño y este se encuentra tan cerca para los ¨normales¨ y tan lejos para los que como yo tenemos pies de plomo. Ni modo que instalen un baño al pie de las escaleras, pues no.

¿Por qué los parkinsonianos no podemos caminar como los demás? ya sé, ya sé porque se nos atrofia el mecanismo de la caminera pero es tan complicado entenderlo. Ni modo que hagan el mundo o el mio de puros, purititos escalones. Subir y bajar en un sin fin de llegaderas a ningún lado. Igual me quejaría y pediría que no hubiese más por favor. Pinche quien inventó el mundo real y valemadrista de las enfermedades neurodegenerativas y las demás pa´que no digan que nomás pienso en mi.

Si mi vida fuera andar en escaleras pues ¡papas! estaría padre pero no, dios no cumple antojos ni endereza jorobados. y está dispuesto por el destino o porsepasumadrequien que los parkinsonianos seamos por unos instantes felices -al subir y bajar escaleras o andar en bici- y recordemos cuando no apreciábamos lo que teníamos.

Igual da, nadie cuida lo que tiene porque da por hecho que siempre lo tendrá.

Tampoco se piense que estoy deprimida -ya no tengo tiempo para eso- ni que estoy triste o reniego del mundo como lo suelo hacer. Nada de eso, sólo es que chingadamadre no puedo llegar al baño.

Continuemos,  ya falta menos.















Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales