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domingo, 20 de enero de 2013

En jueves llegan...




Un chihuahua tragón llegó a mi casa un jueves hace seis años. No ha cambiado mucho desde entonces. Sigue igual de tragón y además es muy arrojado. Se les avienta a los perros grandes y los corretea hasta cansarlos.
A nadie le gusta porque tiene los dientes salidos y es muy inquieto. Dicen que está feo, ¡putos!
Quiero a mi Babo Alejandro.




Benito Tiki llegó a casa hace diez años. Es muy enojón y cuando se queda conmigo me lame los codos no entiendo porqué.
Es enojón hasta la chingada y enfermizo. Cuando él o yo muramos nos vamos a ir juntos. Lo sé.
Come puras croquetas pero cuando tiene mucha hambre come lo que sea menos frijoles y chícharos.
Él me ama como yo a él, es mi clon en perro.






Calixto es mi gato, llegó un jueves también.
Hoy descubrí que no es gato, es gata. Supongo que por eso la echaron a la calle. La voy a llevar al veterinario para que la esterilicen, no quiero que en una de esas madrugadas en que sale de paseo regrese preñada, no me perdonaría que sus gatitos nduvieran rodando por el mundo.
Dicen que no debí aceptarla en mi casa pero estaba hambriento. Se necesita no tener corazón para no darle de comer.
Ya van dos veces que me araña y saca sangre pero es porque no sé jugar con él. Es muy cariñoso, me jala la mano para que lo acaricie. Es obvio que me daña sin querer.

Quiero a mi gato-gata.






El jueves pasado llegó a mi casa un cenzontle al que le puse por nombre Honorio Zin pero no lo atrapé. No me gustaría tenerlo encerrado porque un día tuve uno. Cantaba en las noches. Imaginaba que llamaba a su amada y me ponía triste con él. Su jaula era muy grande, de color naranja adornaba el patio de la casa. Una mañana amaneció muerto con las patitas arriba y el pico abierto. Nunca más quise tener otro.

A Honorio Zin, Calixto lo miraba para atraparlo pero estaba muy lejos de su alcance, entonces lo dejó ir.
Los pájaros no son para las jaulas si no para qué tuvieron alas.

Los años hacen mella en mi. Cuido a mis plantas, amo a los animales -menos a los que se arrastran porque me dan mucho miedo- aunque la otra vez, Compi dijo que si acaso viera a una persona sin manos ni pies me daría miedo y obvio que no... poquito si.

Las mascotas han sensibilizado mi alma. A veces cuando mi ser solitario reniega de todo pienso que mientras más conozco a la gente más amo a mis perros.
Me siento como un grano de arena en el mar -igual a todos- pero soy una piedra de río -diferente- según yo, amoldada a sus circunstancias ante el inevitable paso de la vida.












Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales