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lunes, 4 de octubre de 2010

¿Quién se lo robó?.






No encuentro al otoño.

Llovió muy poco esta vez. Las lluvias han sido escasas, ya no llueve aquí. El verano se ha ido dejando alegrías en un lado y desolación en otros. Aquí casi no vino a vernos.

Esperaba que llegara ya el otoño con sus aires fuertes, pero no ha venido.
No ha venido el viento con sus soplo fuerte a barrer las calles juntando montoncitos de hojas para después volver a soplar y jugar con ellas de nuevo.
No he visto a los gusanos negros con su ondulante caminar que me ponían muy nerviosa cuidando que no me cayera ninguno en la cabeza o se me pegara en la ropa. Solo pensarlo me da escalofrío. Imaginar que uno de ellos se me acerque hace que me  ponga de mil colores y quiera desaparecer. Y ellos eran los que me anunciaban que el otoño estaba por llegar.

No hay hojas muertas.

Los gusanos no aparecieron esta vez.

El colibrí llega todas las mañanas a darme los buenos días cuando salgo a la escuela. Ni que decir del zenzontle que se pone a cantar en el bebedero del jardín. Ahi sigue, cantándole a los enamorados detrás de la cortina.
¿Porqué no se han ido?. Ellos también esperaban el cambio de estación, pero...

Tampoco se han ido los pájaros negros que habitan mi azotea haciendo gran algarabía en las mañanas. Oigo muy temprano el piar de los pajarillos pidiendo de comer. Aún aquí siguen cuando debían haberse ido hace tiempo.

No ha llegado el viento enojón que se metía en las rendijas de mi ventana asustándome con sus aullidos tétricos. No he visto que despeine a las nubes con su furia revoltosa, desgajándolas como algodón de azúcar. Tampoco he visto que juguetee con las faldas de las mujeres o con los rehiletes de los niños en las calles. Mis campanas no suenan a su paso.

Se lo han robado.

Se han robado el otoño. 

Hoy el frío helado de la mañana me dio de lleno en la cara. Hizo que las mejillas se me pusieran coloradas y la nariz tan fría que no sabía donde meterla.
Las manos tuve que guardarlas en las bolsas de la chamarra porque no aguanté traerlas fuera.
Parece que ha llegado el invierno. Eso no puede ser, debía haber llegado el otoño. ¿Dónde está el otoño?, ¿quién me lo robó?. ¿Quién se lo llevó si no ha venido a quitar las hojas muertas a los árboles de mi jardín?. No ha volado la ropa de los tendederos, ¿en dónde está?. ¿Porqué este año no vino a jugar conmigo como todos los años?.
Es al único al que le permito que me toque la cabeza, ¿porqué no está?. ¿A dónde se fue?.
No ha hecho ruidos extraños en el techo de las escaleras haciendo que los chihuahuas se alboroten por no saber que pasa.

¿Dónde está el otoño?, ¿quién se lo robó?.

Quiero que venga  porque él me avisa que llegó la época más bonita del año.








Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales