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miércoles, 14 de julio de 2010

No lo veas extraño... no me gusta comer.



Si bien es cierto que tengo un carácter de la chingada, también es cierto que pongo mucho de mi para no explotar muy fácil. Es cierto que a veces quiero agarrar la guitarra y azotársela en la cabeza a más de uno pero eso no quiere decir nada.

También es cierto que algunas veces - cuando no puedo controlarme - digo: ¨Me mato¨ , ¨Me mato¨,  pero eso no quiere decir que lo vaya hacer.

Y también es cierto que sigo sin querer comer. He tenido varios - muchos - problemas con mi familia por eso pero no puedo evitarlo. No me gusta comer sola y por más que quiera hacerlo, me cuesta mucho trabajo comer cuando no hay nadie.

Me regañan - ya estoy grande para eso - , me acusan - ya estoy grande para eso -, incluso comen otra vez con tal que yo coma. Como un sandwich o cualquier cosa para que cuando me tome las pastillas no me duela la panza y es todo. O un trozo de pan y un poco de yoghurt cuando siento - casi nunca - hambre.

Pongo la alarma del reloj para recordarme que debo comer, pero la apago  y sigo en lo que estoy.
He comido a las diez de la noche si es que acaso eso se puede llamar comer y eso para que mi familia deje de regañarme.

No puedo hacerlo... no puedo comer sola. Hasta mis pobres chihuahuas la pagan porque si no como a veces ellos tampoco.

El insomnio se ha ido un poco, debido al cansancio que últimamente se ha apoderado de mi pero algo bueno debía pasar digo yo.

Todo esto arriba escrito, seguramente será algo de lo que le diga mi familia hoy a la terapeuta. Ella a pesar de defenderme siempre creo que esta vez no lo hará y merecido me lo tengo, pero no puedo hacer mucho.

Hoy de verdad es un día importante porque la terapeuta ha pedido que Barry vaya para darnos de alta. Puede ser que nos dé vacaciones a Kiku y a mi - si nos va bien -  pero tenemos que seguir yendo ella y yo. Si sigo así, nunca me dará de alta.

Me gusta ir con ella. me hace sentir bien pero ya me cansé. El camino es largo y tedioso y con la lluvia se pone peor. Las avenidas de inundan y el tráfico se pone insoportable. Mi familia pasa por esto del tráfico todos los días y de verdad los admiro pero ya quiero quedarme en casita.

Puedo controlar mi carácter - hago esfuerzos sobrehumanos - pero lo logro. También puedo dejar de hablar de la muerte - bueno no, eso si me cuesta trabajo - pero trato de pensar menos en ella. Creo que ya me acostumbré a su nombre y ya no me asusta.

Puedo también tratar de dormir contando estrellas o palabras sueltas. O como últimamente lo hago - sueño mis cuentos - y así duermo unas pocas horas, pero duermo al fin.

Sobre lo de comer - ni hablar - no puedo. Por más que quiera no puedo. Aunque diga: ¨si puedo¨... ¨si puedo¨... ¨si puedo¨ , la verdad es que no puedo.

Cambiar una forma de vida que se ha llevado por más de 300 años es difícil pero cambiar MI forma de vida eso si que es tarea imposible.
No puedo ser un dulce y una linda. Hablar de flores y del cielo azul no se me da. Menos del amor... nunca hablo del amor. Pero de la muerte si se me da fácil je.

Quitarme lo gruñona y terca es en extremo difícil.
No quiero que mi vida sea un cuento de nunca acabar.
Las sesiones de terapia ya me cansaron.
Ya no quiero ir.
Ya no.
Ya...

Ya... ya sé que debo ir...

Osht!.







 

Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales