Páginas

sábado, 30 de marzo de 2013

Penitencia para subir a la gloria





Al final no hay a quien pedir perdón por el daño que he hecho a mi cuerpo. 

Hoy me miré al espejo sin vestiduras con las que engañarme. De súbito vino a mi mente los procesos a los que lo he sometido y de los que no me arrepiento.
No sirve de nada hacerlo, ni siquiera quiero que alguien me perdone, es mi cuerpo y lo que hice de él no es más que la vida que me fue dada y la manera que creí conveniente vivirla.

No hay tiempo atrás. 

Arrepentirse de lo hecho no me volverá a hacer la niña ingenua que fui y no sé si quisiera volver a serlo. Implicaría no haber vivido tantas cosas que me engrandecieron y otras que me sepultaron en el barro vil de lo no debido cuando creía que el infierno esperaba por mi.

Si debiera arrepentirme de algo, eso sería por haber deseado -en mi infantil estupidez- la muerte del ser que me dio la vida cuando un regaño envileció mi alma.
Le pediría a mi madre perdón hincada sobre brasas ardientes si supiera que con eso mi alma se limpiaría, pero ella ya no está y consumirse por ello sería vano, por eso no pienso en eso más que en casos en los que como este me pongo a reflexionar sobre la desconocida que está frente al espejo.

La culpa es un lastre que me ha impedido en ocasiones ser feliz tan sólo por el hecho de serlo.

Por lo demás puedo vivir en un cuerpo ajado y cubierto de cicatrices pero convencida de que viví como pude aunque muchas veces no como quise.

Mi cuerpo sabe que en él no caben hipocresías ni engaños sutiles de una vida mejor después de la muerte.

Será hora de pasar frecuentemente frente al espejo porque es el único que me grita las verdades a la cara sin miedo a salir lastimado.











Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales