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miércoles, 18 de marzo de 2015

Mezcal de Pechuga

Una de las cosas que me hubiese gustado hacer en otros tiempos es haber aprendido a fumar o a beber como señora nice. Saber cruzar la pierna elegantemente sin hacer malabares para evitar enseñar los calzones. Usar vestidos entallados sin nada debajo, bueno si, lencería fina de encaje y tal, de esa que hace que a los hombres se les caiga la baba nada más imaginar lo que hay bajo el vestido y soñar en cómo desprenderla de ese cuerpo sutil.

Me hubiese gustado haber aprendido a usar zapatos de tacón de aguja, bolsos de marca, peinado de salón. Ir a que me hicieran el manicure, pedicure, masajes cada que me doliera la uña del dedo gordo y lo más importante, usar un perfume que de tan fino no haya nadie más que lo pueda adquirir, sólo yo para cuando camine con paso garboso por las avenidas como modelo esquelética, deje un halo de sofisticación para que nadie me olvide jamás de los jamases, amén.

Pero dios no cumple antojos ni endereza jorobados. La cigüeña se distrajo y me dejó caer en un cuasi pueblo donde las mujeres poco o nada fuman, se visten modositas enseñando apenas el nombre y el perfume que usan es el que guardan en las trenzas gruesas hechas por las manos diestras de una madre presurosa.

Ni modo.

No aprendí a fumar como señora nice pero si lo hago como señora neófita en tales menesteres, al menos ya no me trago el humo.
Tampoco aprendí a beber pero como señora bajada del cerro me aviento mis tequilitas entre pecho y espalda al son de ¡éntrele mi Florecita! ahora que se puede.

Cuando bebo tequila me limito a tomar cinco madrecitas de esas en las que lo sirven. ¿Por qué cinco? porque me he dado cuenta que al llegar a esa cantidad el piso se empieza a mover y mi lengua se convierte en una de merolico, entonces mejor cinco y aí muere, no vaya a ser que pase lo que en Caborca.

En mi perra vida -no es ofensivo decirlo ¿eh? no te espantes Emilio- no había bebido otra cosa hasta hace unos  días en que descubrimos -mi acompañante y yo- una botella de Mezcal de Pechuga traída desde las lejanas tierras de Oaxaca, paraíso verde, tierra de los ancestros de La Bella.

Me chuté tres raciones con su limón y salecita antes pa´ no hacer gestos. No sabe tan mal y lo mejor de todo es que no me hizo ni cosquillas por consiguiente ya sé con qué voy a brindar cada que haya oportunidad. Ni la cabeza me dolió. No me maree ni el piso tembló cuando me levante de mi asiento.
Mezcal de Pechuga pa´ todos, yo invito. ¿Quien dijo miedo? El trago es pa´ los machos y para las parkinsonianas valientes valemadristas.

¡A su salú!

Digamos salú otra vez para olvidar a los poetas distraídos y a los amigos que se entretienen en adorar a sus otras amigas y a mi que me muerda un perro. Salú por ellos aunque mal paguen.

Por cierto, me he quedado sin versos y sin rimas. Convertida estoy en cazadora de poetas funambulistas que se juegan la vida todos los días a la orilla del precipicio por un amor de literatura. Salú por ellos aunque no paguen.

¿Y a qué viene todo este rollo fútil sin sentido?
Ah pues no tengo nada qué hacer y estoy matando el tiempo mientras llega la hora de ir por La Bella.

Salú!













Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales