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miércoles, 29 de enero de 2014

La nada en medio de la noche

Son casi las dos de la madrugada. Al otro lado de mi casa se escucha el sonido de dos objetos metálicos chocando entre si produciendo un ritmo inquietante. Me quedo quieta tratando de adivinar de dónde provienen dichos sonidos. Un tac tac tac tac llena la noche de incertidumbre. Cantos a la luna y a un lucero se difuminan entre ladridos de perros y el silbar de La Bestia con su cargamento de sueños imposibles.

¡Levántate! 

¡Levántate! Ordena una voz en medio del tac tac desquiciante. Llega el silencio traspasando la oscuridad. Mis ojos asustados miran la ventana temerosa que algo entre por ahí. Tengo miedo. El corazón se me quiere salir.

¡Levántate! 
¡Levántate! Sigue ordenando la voz. Una mujer grita, ¡Pedro! ¡Pedro! Junto con otras palabras que no logro entender. Imagino lo que esta sucediendo en la casa contigua y se me erizan los vellos. ¿Como fueron ellos a parar aquí? 

Silencio. 

Nada, ni la luna se asoma. Mi corazón quiere abandonar su cálido lecho. El temor estruja mi cerebro.
Los perros en la calle han enmudecido o quizá huyeron despavoridos al ver lo que los humanos no pueden. Gente del otro mundo buscando el sitio al que pertenecieron.
Quiero ir al baño pero el miedo me paraliza. Imagino están exorcizando a alguien y que el espíritu desterrado querrá meterse en mi. 

¿Dónde está mi perro? Si estuviera conmigo no me pasaría nada, ellos ahuyentan los malos espíritus.
¿Qué estará pasando? ¿Por qué de súbito se dejaron de escuchar la música y los cánticos? 

Nada. 

Me distraigo leyendo algo de José Emilio Pacheco recién fallecido. Dicen en las noticias que sus cenizas serán -o fueron ya- arrojadas al mar de Veracruz. Los habitantes que de ese mar coman pescado tendrán un poco de cuento y poesía en sus barrigas. Poesía reencarnada salida de las aguas profundas en forma de pez.

Silencio. 

¿Qué pasará del otro lado? Voy a ir al baño antes que empiecen de nuevo. Ya no quiero vivir aquí. Escucha... Gemidos de un hombre. Ruido estrepitoso de algo cayendo. De nuevo el silencio lastimoso. A lo lejos el chillar de un tren, ¿otra vez La Bestia? acaba de pasar. Ladrido de perro. ¡Dios tengo miedo! Se oyen ruidos en mi puerta. Voces ininteligibles. Están raspando algo. ¿Y si me asomo por la mirilla? Que bueno que cerré las cortinas. Aférrate a dios diría mi madre. Huele raro, como si estuvieran quemando algo. Necesito a mi perro. Ya no quiero vivir aquí.

Silencio, tengo miedo.











Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales