Dicen que los gatos pueden ver cosas que los seres humanos no. Seres de otro mundo, fantasmas pululando al rededor nuestro. Siento que es así porque cuando aparezco en el campo visual de la Srita Guantes, su vista comienza a moverse en torno a mí. Dicen que son los fantasmas que me habitan. Seres espirituales a veces buenos a veces malos buscando la manera de hacerse sentir. Dicen que si duermen sobre alguna parte del cuerpo es porque esa parte específicamente se encuentra con mala salud. Entonces ellos absorben lo malo haciendo que uno se sienta mejor. También absorben las malas energías. Esa es la razón por la que duermen tanto Pueden llegar a dormir hasta dieciséis horas seguidas. Y si, doy fe de ello. Los habitantes gatunos de mi casa, Srita. Guantes, Epigmenio y Calixto mi gato lixto se la pasan dormidos la mayor parte del día. Cuando están despiertos recorren la casa, juguetean con Cucs -el perro de Barry- comen, se bañan, piden mimos y vuelta a dormir. Dicen que los seres humanos hemos hecho de los gatos, seres inútiles. Los hemos domesticado de tal forma que no cazan, no merodean ni maullan en los tejados ni buscan su alimento. Nosotros se los ponemos al alcance de su pata. ¿Quién es el amo aquí?
Siento que no pronto, no sé cuánto pero estoy haciendo fila en el camino al Inframundo. Mi mirada se está apagando como a la abuela poco antes de morir. O como a Tiki con sus ojitos chupados de pescado o como los de mi mami en el fatídico día que salió de casa rumbo al hospital y no volvió. Su última mirada fue para mí cuando al verla en la camilla, asustada susurré má. Su mirada tenía el color frío de la muerte. Un gris intrínseco, anunciando con silencio contrito, el adiós mortal. El no retorno del camino final.
Barry se asusta cuando le digo de mi mirada apagada. A final de cuentas a pesar de querer terminar con el martirio atado a nuestros pies, morir nos hace acongojarnos. El huequito no estipulado para qué sirve, en el fondo del corazón, deja salir el miedo a lo desconocido.
Puedo o no estar preparada, por eso mi continuo hablar de la muerte. La tengo presente para no temerle cuando se apague la vela de mi vida.
Si hoy, mañana o no sé cuándo, mucho o poco tiempo, estaré satisfecha de lo hecho con mi vida. Tuve lo que siempre quise y que no luche por ella. Una familia que me dió más de lo que merecía.
Soy tratada como reina. Me cuidan, me protegen. Hacen de todo por verme feliz. Yo como reina tirana a veces y solo a veces, sonrío.
No me arrepiento de lo hecho, hecho está y no hay remedio. ¿Ya pa qué?
Todas las noches entro al cuarto de baño. En el espejo, mi reflejo permite estudiar mi mirada. Mis ojos cafés con esa cortina espesa de pestañas de burro, lacias lacias, se ensombrecieron la noche que descubrí, la mirada desconocida.
¡Ah caray, ya me voy a morir! dije para mí. Acerqué la cara al espejo y si. Las luces se están apagando. Ojalá sea una serie de luces navideñas de mil focos para que dure un poco más.
Estoy bien, me siento bien pero de que mi pinche par de ojos están caducando, no hay duda
Total, ¿Quién dijo miedo?
Yo no, al final va a resultar que el león cobarde que una vez fuí, en realidad era muy valiente, sólo que no lo sabía. Igualito como sucede en El Mago de Oz, que por cierto no había visto nunca y que me decepcionó. El Mago de Oz, podía morir sin verla.
Mejor no leeré El Quijote quien quita y termine decepcionándome también como El Principito de ojos vacíos.
Decía un ex amigo, "somos lo que leemos". Y yo, pos no soy de libros "elevados". Yo más bien soy de "Los hijos de Sánchez" o "Hasta no verte Jesús miío".
Por lo demás que cada quien lea lo que quiera, coma lo que uiera. Cómo dice la canción: "yo me muero dónde quiera".
Abur
la MaLquEridA