-Llévame con el resonador de recuerdos.
-¿Segura? - preguntó Bruno
-Si, sácame de aquí o me muero.
Metí como las chachas la poca ropa que creí necesitar en una bolsa negra para basura. En otra eché todos mis menjurges de aseo. Las toallas y fue todo. Con la ayuda de Bruno quien poco antes había llamado a Paquito para avisar que iba a su casa.
No había manera de arrepentirse, era irme sin arrepentirme, no era juego.
Tomé una bocanada de aire, toqué la cabeza de Epi y la de los demás gatos, di la bendición a Barry y salí sin decir adiós.
En el camino solté algunas lágrimas explicando lo abrupta de mi decisión.
Llegamos a casa del restaurador de recuerdos. Todos me miraron incrédulos, sorprendidos por verme llegar mugrosa, despeinada y con una bolsa de plástico como maleta de viaje.
Me dieron la bienvenida, preguntando porqué nadie había ido a dejarme.
-Barry no puede caminar y Bruno tiene a Natalia y a Liz con influenza, no puede irme a dejar.
Fue mejor así, no me gustan las despedidas por muy cortas que estás sean.
Desde entonces estoy aquí.
Tenis que hacerlo, debía salir de ahí o si no Barry habría explotado. Cuidarme se lle ha hecho muy pesado los últimos días. No puedo hacer mucho. Las caídas son más frecuentes, el carácter está muy gruñón y no hay más nadie que me cuide.
Aquí me tratan muy bien. No hAgo nada, me consienten. Pedí que La Lupa durmiera conmigo por las pesadillas. Lupa aceptó sin dudar. El restaurador de recuerdos se mudó al cuarto de visitas y yo ocupé su lugar al lado de La Lupa quien siendo mujer podría cuidarme mejor.
Paquito me quiere mucho. Ayuda a qué camine sin peligro y Paquitito ha dejado que coloree sus cuadernos de dibujo.
No tengo pesadillas, duermo como si no tuviera nada de que preocuparme.
Desconozco el tiempo que pase aquí. Quiero que. Barry descanse de mi. El domingo me hacen un segundo perfil diabético.
Estoy conciente de cual puede ser el resultado. Sería feliz si saliera negativo, pero eso sería un milagro.
De todos modos la suerte está echada. Mi destino escrito. Sobreviviré porque así es, porque lo digo yo y lo que digo es.
Cómo otras tantas veces he querido cerrar la MaLquEridA pero no me resigno a cerrar uno de los mejores ciclos de mi vida.
Ser escribidora me llena el alma, cerrarlo es como morir sin vivir
Las ausencias no las puedo evitar a menos que aumente la dosis de medicamento, trayendo como consecuencia la muerte de mi yo real. Pasaría a ser una mujer en estado catatonico. Ser yo sin existir ocupando un lugar desconocido.
Prefiero escribir de vez en cuando siendo yo a dejar en blanco las páginas dedicadas a relatar los límites de mi existencia.
Los quiero
la MaLquuEridA al límite.