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sábado, 30 de julio de 2011

Soluciones reales para desaparecer el insomnio







Leo por tercera vez Cien años de soledad, voy anotando los nombres para hacer el árbol genealógico pero me hago líos con tantos Aurelianos, Arcadios, y Úrsulas.
Leo Los Amos de México, me pregunto cómo tanta riqueza está reunida en tan pocas manos. Me aburre y lo dejo de lado, tanta riqueza y poder me abruma. Tengo rencores que no olvido acerca de eso.
Leo La Biblia, me pregunto por qué dios maldijo a la higuera. Pero no debo preguntar, cuando lo hago soy inoportuna y me miran feo. Dejé de hablar de religión, a nadie le gusta que cuestionen sus creencias, tienen razón a mi no me gusta que lo hagan porque mis creencias se revuelven con mis frustraciones.
Leo Anónimo, me asusta pensar que un día pueda asistir a mi propio funeral. Sería extraño ver que la familia llore y uno no pueda consolarlos.
Veo por primera vez en mi vida El Padrino, me pregunto como es que estuve tanto tiempo viendo una película tan larga.

Oigo mil veces a Leonard Cohen, quizá debo cambiar de melodías en el aparatejo. ¨Baila conmigo hasta el fin del amor¨, con los ojos cerrados trato de concentrarme en el sueño pero no me deja el frío en mis pies.

Leo... oigo... miro... sueño... el insomnio persiste y esta soledad me está matando.

Afuera ya no llueve, las voces de los niños jugando en la calle se han dormido. El perro blanco lanudo, vagabundo por las calles vacías no ladra, puede ser que él si haya podido dormir después de tanto luchar con la gente que lo corre de cualquier lado sin darle ni un trocito de pan que es lo que busca, alimento que no ha probado desde hace mucho. Lo supe cuando le di una salchicha y la devoró casi sin masticar.

El refrigerador al arrancar es el único ruido que se oye en casa. Mis dedos ya no tiemblan, en reposo los mantengo para que no me distraigan con el choque entre ellos.

Quiero dormir así como cuando limpié toda mi casa para que el sueño me venciera. Cargo aún los cansancios   que encontré en los baúles de mis hijos. Tenían tanto sin sacudir que los grillos habían hecho su casa en ellos. Las polillas terminaron con una carta con faltas de ortografía de una niña pequeña.

Leo para alimentar mi alma y concentrar mi espíritu en algo que me haga cerrar los ojos. Imagino que Aureliano Buendía se casa con Martha y Rubén se encuentra a dios para reclamarle que lo haya dejado asistir a su funeral. Los pescaditos de oro forman un collar que no se queda quieto en mi cuello. Carlos Slim saca de la pobreza a Macondo haciendo que sus habitantes vivan de rascarse la panza. Cohen en el clímax de mi desasosiego canta Allellujah y ... mis ojos siguen abiertos. 

Quiero dormir, mi alma cabalga entre hábitos mal habidos, silencios extremos, tazas de café sin terminar. Un trozo de bolillo duro acompaña mi plato de noches sin dormir. Hojas de libros con personajes saltando de una historia a otra. Me pregunto si algún día volveré a dormir como dios manda si es que acaso dios algún día mandó a dormir. Así decía mi madre, duerme como dios manda, ¿Cómo manda dios que duerma?
















Muero por dormir.

viernes, 29 de julio de 2011

Hormiguita y Hormiguito








¿Te gusto? preguntó Hormiguita a Hormiguito que atento tarareaba una canción de léxico arrabalero.

-Que preguntas haces- Contestó Hormiguito- eso ya pasó- remató con tono jocoso, sin fijarse que sin decir nada le había dicho todo. Hormigo era un macho y tenía de sensible lo que el sol tiene de frío. Hablaba con sinceridad apabullante cosa que muchas veces lastimó a su amada como ahora en que ella necesitaba una mentira piadosa.
Acomodándose en el sillón favorito, Hormiga se colocó los audífonos disponiéndose a leer un  libro de antologías, cruzando las piernas, señal inequívoca de que estaba molesta.

Una punzada lastimaba su alma. La respuesta de su amado le había traspasado el corazón haciéndole una pequeña herida de donde gota a gota le iban escurriendo hilitos de sangre que en cascada escurrían sobre su pecho formando un lago rosado donde chapoteaban peces con alas transparentes que volaban hacia el cielo formando un algodón de azúcar engulléndolo la luna de tres mordidas.

El líquido cristalino y salado que salía de sus ojos iba a parar a la comisura de los labios haciendo un extraño silbido con el que Hormiguito se dio cuenta que su amada estaba llorando.
Dejó de hacer sus pasos ochenteros, la abrazó, le dio besos de chocolate y caricias de miel pero ella no las aceptó y dejando un halo de vainilla se fue a dormir a su cama hecha de flores de azahar, masticando una hoja de perejil.

Él fue tras ella cantándole ¨Enséñame¨, la canción con la que la había enamorado, pero Hormiguita estaba muy herida, necesitaba oír palabras de aliento después que el espejo le dijera en la mañana que los años habían pasado por ella dejando hondas huellas en su cuerpo. Ya no tenía el pelo negro crespo ni el vientre plano, las piernas fuertes y torneadas se habían perdido en los caminos de una vida dura. Los ojos alegres y vivaces eran un recuerdo de tiempos mejores. Aceptaba el paso del tiempo pero el tiempo era implacable y en ocasiones la hacía llorar.

Hormiguito al fin hombre o mejor dicho hormigo, le había contestado sin cuidar las palabras y ahora pagaba el precio de tal desatino con un desaire de su amada que hecha un ovillo se acurrucaba a su almohada.

Ante tal eventualidad, Hormigo se levantó muy temprano, le preparó el desayuno, la llevó a pasear, le compró dos hermosos regalos que luce deslumbrando a las demás hormigas quienes muertas de envidia la barrían de arriba a abajo haciendo muecas de desprecio. Eso no le importaba a Hormiga, su amado le había dicho entre sueños que era la más bella del mundo y ella le creyó.

Así fue como Hormiguito pagó caro no haberle dicho hermosa a Hormiguita, total no le costaba nada decirle una pequeña mentira. Hormiga sabía lo que el espejo le decía todas las mañanas pero necesitaba que su amado le dijera que era bella aunque la realidad fuera diferente. Una mentira piadosa que no hacía daño a nadie pero que en cambio la haría muy feliz.

¿Por qué los hormigos no saben cuando una hormiga les pregunta una cosa esperando que contesten con música para sus oídos? ¿Es tan difícil eso? ¿Saber cuando hay que decir la verdad y cuando decir una mentirijilla? Hormigos palurdos.














martes, 26 de julio de 2011

Y no me veas con esos ojos porque voy a decir que si











Barry... ¿Nos casamos otra vez?

-¿Estás loca?

Es que me quiero casar otra vez

-Búscate otro porque yo ya no gracias

¿Si?

-No digas tonterías

¿Si?

-Mejor ocupamos el dinero para otra cosa en lugar de darle de comer a una bola de gorrones.

Porfa, ¿Si?

-No.

Gracias, al fin que ni quería, ni que estuvieras tan bueno, al fin que estás panzón y tienes canas y no me gustan tus ojos de regalo y además ni me gustan las fiestas.

-Mejor



Barry...

¿Hacemos una fiesta de aniversario?

-No

Feo



Barry... ¿Vamos de paseo a la playa?

-No

Mmmta madre no quieres nada


Barry... ¿Si?

-No

¿Qué  tal si me muero mañana?

-Pues te entierro

Feo

-Y no me veas con esos ojos porque seguiré diciendo que no

¿Si?

-No

¿Si Barry?

-No

¿Si?

-No

¿No?

-Si

¿Siiiiiiii? ¡Viva! Dijiste que si, ya puedes seguir viendo tu programa gracias, voy a planear todo.

-¿?

















Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.