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viernes, 10 de abril de 2015

Memoria extraviada









Si Barry no está conmigo, yo no quiero estar en ningún lado.











sábado, 4 de abril de 2015

Héroes te de dios que de lo demás yo me encargo

Lo más peliagudo a lo que me enfrenté esta semana de obligada introspección, fue a treparme a cambiar todas las cortinas de la casa sin que pusiera en peligro un mínimo de mi existencia como sucedió la vez pasada en que cayeron sobre mi cabeza dos cajas grandes que no pudieron sostener mis delgados brazos. Cadena de oración para un alma de pelo desteñido y una rasta color caramelo.

Entre decenas de cosas encontré recados infieles para amores infantiles. Cartas deshabitadas. Amores sin dueño.
Héte tú que los amores van y vienen en el paroxismo raro de mi existencia. Nunca nadie me amó como para decir hasta luego.

Sigo viva y sin un rasguño en mi piel apolillada por los gusanos de la incertidumbre.

Mojé trapos para limpiar huellas hechas por los habitantes de esta casa. Las moscas tienden a defecar sobre las límpidas superficies cercanas a los techos. Despeinando mechudos sobre el piso me aseguré que todo brillara como si fuese nuevo.
Moví cuadros, figuras y todo aquello que de tanto estar ahí parecía pertenecer al sitio en el que la memoria los situó.
Plantitas removidas de su habitual permanencia subyugaron su existencia a un sol lejano.

Bajé, subí, entré, salí, ah no, no salí porque no llegué a tanto. Los caminos recorridos constituyen los cuartos que me habitan. 
Mi álter ego soportó enojos y furias cuando las cosas no salieron bien. Resistí convivir conmigo misma. Nadie salió dañado. Sobreviví a mi propio Yo. Me amo más que quienes  pregonan con tanto ahínco amarse a sí mismas por sobre todas las cosas.

Sin llegar a ser narcisista ni egocéntrica salva soy en mis propios errores.

Para poco casi nada requerí de mi héroe personal. Dicho sea de paso, Él ha salvado de morir a varios miembros de mi familia. No quiero escribir una apología sobre sus cualidades de persona especial, solamente quiero reconocer su trabajo diario conmigo.

Paciencia de santo y a lo que te truje Chencha.

Por regla general la mayoría de los hombres huyen cuando una situación grave y no prevista se les presenta. No saben como lidiar con ella y ponen tierra de por medio como si los persiguiera el diablo. Otros -los menos- se quedan a ayudar y a ofrecer casi su vida por quienes los necesitan. Un hijo, una esposa, un padre, yoquésé.

Conozco pocos de los que se quedan, Barry, Harry, Emilio, Armando, Víctor, son héroes. Sé -poco o mucho- lo que han pasado con sus esposas enfermas. 
En mi caso, si me pongo a enumerar todo lo que Barry ha tenido que soportar le tendría que hacer un monumento.
Malos humores, gritos, enojos, distanciamientos y lo que se acumule en el tiempo que está por venir. Si yo fuese Barry me habría abandonado en el inicio de los tiempos. 

Nunca seré heroína ni ídolo de la afición mundana por mi mal carácter y la poca tolerancia que tengo al absurdo de la cotidianidad.

Mi desapego no se debe a falta de cariño sino a sentirme obligada a hacer algo. Pido que no se preocupen ni se ocupen de mi, sabré sobrevivir.
Pocos hombres tienen la capacidad de cuidar a un enfermo aún a costa de su abandonar lo que más les gusta por estar metidos entre medicinas y cuerpos martirizados por el dolor y la inamovilidad. Soldados del diario vivir. Así es como los veo.

Los héroes duermen al lado de quien los ama, soñando juntos en la cura cada vez más lejana en el tiempo.

Sueños de amor contrito.






 









miércoles, 1 de abril de 2015

Los hijos pájaro

Extraño a La Bella. Estos días que no la he visto los he pasado recordándola. Quiero verla, hablarle.
Necesito escuchar su "Abuelita linda". El "Te extrañé abuela" mientras me abraza. Ella me extraña ¿si saben? lo dice todas las mañanas. Con eso vivo.
He aguantado las ganas de hablarle, quiero que descanse, además no quiero ser impertinente, está disfrutando sus vacaciones y no seré yo quien la ponga triste con tonteras de abuela chipil. Solamente le pido al dios inexistente que la cuide mucho. 

He vuelto a pensar en dios, las raíces católicas emergen dentro del vaho de mi existencia cuando tengo un apuro. Aferrándome a lo intangible -un dios todopoderoso- para implorar en mis necesidades espirituales traiga con bien a mi hijo. 

Me obligo a quedarme despierta durante su viaje. Con los ojos bien abiertos lo acompaño en mis devaneos subliminales. Es como si fuera al lado de él cuidándolo de los peligros de la carretera. Sola me convierto en su hada protectora. Soy su madre. Heroína de tres pesos al ataque.

Rezo para que no se duerma. Miro el reloj. Falta mucho para que llegue y sin embargo...

Han transcurrido casi tres horas desde que abrí los ojos. Dormí un rato obligada por la cápsula verde pero no hay forma de volver a conciliar el sueño. Soy mamá preocupona. Quisiera que mis hijos pájaro no se hubiesen ido del nido pero sería egoísta. Aunque la realidad grite que pienso únicamente en esta que escribe, no es así. Las oraciones que invento las hago pensando en ellos, mis hijos pájaro, mi esposo pájaro, mi nieta pájaro.

El dios inexistente se reirá. Al final no hay día o noche que no lo recuerde. A base de invocarlo todos los días, niego su existencia. Contradicción de una mente sanamente enferma. 
He dejado de culparlo de lo que me pasa. Cualquiera con tres dedos de frente sabe que estoy así no por un castigo que yo misma busqué consecuencia de actos viles. El acto más ruin que cometí fue haberle pegado a mis hijos en aras de su buena educación. Acepto la parte que me toca pero tengo claro que no es por eso que tiemblo como hoja.

Los árboles al ser despeinados por el viento sueltan las hojas. Incapaces de aferrarse a ellas, las miran volar como quien espera el golpe de la guillotina pendiente sobre su cabeza. De un tajo la vida y sin embargo en el último momento bien cabe una sonrisa antes que una lágrima.

Cualquiera sabe que mi deteriorada salud se debe a las circunstancias y al entorno. A la alimentación, herencia y mil razones más. No hay nada inexplicable. Estoy enferma porque alguien tiene que hacer el trabajo sucio para mantener a raya a la humanidad y no se salga de control. Al final los enfermos somos conejillo de indias del destino. 
Me saqué el tigre en una rifa ñoña. Es todo. Las mentes tercermundistas están sometidas a un dios caprichoso. Gustosas -a regañadientes los más audaces- aceptan los mandatos divinos. Yo no lo acepto pero no puedo hacer nada. Dejé el agobio en el sur de los olvidos.

Soy extraña en mis creencias. Necesito un dios a quien pedirle que cuide a mi familia porque yo he aprendido a cuidarme sola. Asalto a la razón. Necesito que me cuiden pero si me dejan sola todos saben que sobreviviré aún a costa de mi misma (incluyéndome).

Al rato cuando tenga a mi hijo entre mis brazos, volveré a olvidar al dios inexistente. Como siempre hago en los apuros de beata que nunca fui haré como que la virgen me habla. Olvidaré que puse a trabajar al dios particular y me fundiré en los brazos de Bruno.

No le pido a dios una cura milagrosa, tampoco que se salve la humanidad. Hoy nomás quiero abrazar  a mi hijo. Lástima que Laura no pueda venir. Sería maravilloso volver a estar los cuatro juntos, como antes en que pensábamos que estaríamos todos en el nido siempre. Así lo creíamos, así lo vivíamos. Sin pensar en el mañana pero... es hora de volar compañeros. 
¡Vámonos hijos de suchi, el mundo los espera! Ahuequen el ala. 

-Eres muy bonita- dijo Bruno anoche por whatsapp. Se me cayeron los calzones de pena. El autoestima no da todavía para sentirme la más hermosa del mundo.
Me derrito ante sus palabras. Si él me dice bonita es porque así me ve. a pesar de todo. Ya puedo morir, eso sí, no sin mi hija al lado. Ella y yo tenemos un pacto -dios se está carcajeando- que es estar juntas hasta el final.

Quiero que sean las diez. A esa hora estaremos con mi hijo. Le diré lo bien que se ve, ya después lo regañaré porque no se cuida como debiera. 
Veré mi reflejo en los cristales que protegen sus ojos y seré muy feliz. Mi dios particular se dará la vuelta. No esperará ni un "gracias dios". Calladitos, cuando sea de noche y en la soledad de mi recámara donde él y yo coexistimos, volveremos a la normalidad. Él haciendo como que no me ve y yo haciendo como que no existe.












Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.