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jueves, 26 de marzo de 2015

Inexistente

Cuando no tengas nada qué hacer, acuérdate de mi.

La realidad es esa, si convierto un gran deseo en plan, este no se cumple, por eso no pienso en el futuro. No Tengo Plan B por si pasa algo.

A casi una semana de Barry estar enfermo, he tenido que hacerme cargo de todo lo que habitualmente hace. 
El primer día me puse histérica. Después de mucho tiempo de esperar a que todo me solucionen, he debido hacerlo yo. 
Grité, maldecí, choqué mil veces con los chihuahuas. Volví a maldecir mientras Barry perdía el equilibrio. Gracias al mareo que no se le quita estuvo a punto de chocar el lunes.
Los daños han sido pocos. Un susto doble con cara de triple, una taza rota y un monstruo feo vía Natalia La Bella.

Tuve que alterar la toma de medicamentos. Debo estar cuerda y consciente para que todo marche bien. Cierto que tengo poca paciencia sobretodo para no enojarme con él porque no quiere tomarse la medicina pero ni modo, debo apechugar por nuestro bien y el de La Bella que se la vive con nosotros.

Lo más complicado ha sido salir a la calle, pero hay que hacerlo tomando las debidas precauciones.
Me he hecho cargo de Natalia y de mí completamente además de estar atenta a que Barry se tome los medicamentos a su hora. Sensación curiosa es la de estar del lado de los sanos.

Andando en la calle tuve que aferrarme al brazo de Barry para que caminara derecho. La orientación la tiene perdida y yo caminando dubitativa de su brazo parecemos seres sin saber a dónde ir.

Esa es la razón por la que me di cuenta que no tengo Plan B.
Si él y yo necesitamos cuidados ¿qué vamos a hacer?
No encuentro la solución pero como siempre digo, saldremos adelante y lo que está pasando será una mera anécdota.

Toca tranquilizarlo. Él es muy sano pero la crisis que está viviendo lo tienen estresado. Hay que mantenerse quieta y callada para no empeorar la situación. Él ha hecho mucho por mi, entonces lo menos que puedo hacer es aguantar sus berrinches de viejito. Lo demás será siempre lo de menos. 













domingo, 22 de marzo de 2015

¿Escuchas el tam tam de los tambores? Dime que si

Recuerdo allá por los tiempos en que mi vida estaba atrofiada por propia convicción, vivíamos en el departamento de la virgen imaginaria, formada en una grieta por el agua de lluvia. Cada quien cree lo que quiera creer y si todos dicen que es una virgen, es una virgen. Vox Populi, Vox Dei.

Un día o mejor dicho, una noche, mi hermano menor se quedó a dormir con nosotros. Tengo la imagen grabada a fuego lento. Era madrugada, caminaba delante de mí, entonces le pregunté: ¿Escuchas tambores? -No- respondió y seguimos la ruta por el pasillo de los insomnios baratos, los que pasan factura al correr de los años dejando su huella imbatible debajo de mis ojos. Cremas contra las ojeras de mujeres preocuponas apiádense de mi.

Ese es el primer recuerdo de los tambores que escucho siempre cuando despierto en las madrugadas. Siempre verdadero, dicho con el debido respeto para los siempres manoseados por el hartazgo del no saber con qué sustituirlos.

Oigo tambores, ahora mismo los estoy escuchando. Ignoro si son reales. Tal vez alguien en su lejana memoria -muerte discontinua- olvidó llevárselos y cada que un irreal pasa por el espacio que no existe, los aporrea para aferrarse a algo llamado vida.

Imagino. Yo siempre imagino para poder seguir viviendo.

Anoche cuando los vapores del insomnio se desvanecían entre tus versos fallidos, pude escuchar a Barry preguntando qué se me ofrecía. Mi lengua no tuvo fuerza para responder ni mi cuerpo para moverse. Era un desecho de mis propias virtudes. Pude oír antes de caer en el hoyo negro inventado por el alter ego para hacer que los sueños se suiciden y lavarme las manos sin culpa -Gloria in excelsis deo- un ¡no mames! de Barry. Expresión que usamos sin decoro cada que se nos da la gana y cuando no también. No somos lo que hablamos. Somos y ya, es todo.

Cerrando la puerta a la realidad -mutismo abyecto tómame en tus brazos- cerré los ojos sin preguntar de qué se sorprendió.
Cuando el sueño llegue y te posea no ofrezcas resistencia sea quien sea que por ti suspire. Mejor es dormir. Que sea lo que dios quiera. ¿No que eras atea? Si, por la gracia del dios vivo.

Es madrugada, casi cuatro de la mañana, hora en que Lucy -diablo venido a menos- recoge sus artilugios y se marcha a dormir el fastidio de comprobar que cada día le temen nada. Los sátrapas, esquiroles de la vida le han superado.  

Quiero ir al baño pero me da miedo, hay que pasar por el rellano oscuro de la escalera. Tengo  pavor -hoy como nunca- le temo al fantasma de mis propios miedos.
No quiero despertar a Barry, es domingo, no se vale pero necesito ir al baño. Busco estúpidamente a alguien despierto en whatsapp -como si sirviera de algo- tú tan lejos y yo tan sin ti. Nadie despierto.
Oigo los tambores con un ritmo cada vez más desenfrenado, música tribal enmohecida hasta la ruptura de sus propias emociones.
La alcoba está más oscura que de costumbre. Si tan sólo pudiera prender la luz, pero es que, no quiero moverme por temor a despertar a las ánimas que habitan el espacio sin tiempo. Recuerda una cosa, si vas a rezarle a las animas benditas será para siempre, una vez que las invoques ya no se irán de ti. Si las olvidas son un poquito vengativas. Allá tú y tus queveres con los irreales. Te lo digo yo que de eso sé muy poco. Las dejo en paz, ya sufrieron bastante en este mundo que no a todos concierne.

Apenas puedo ver lo que escribo. Retales de insomnio inmortal violando mis pupilas. Sueños desbocados a renglón seguido. ¿Qué sabes tú de mi como para merecer estar en tu vida?

La luz blanca del iPad aleja todo lo malo. Halo de luz esquizofrénico cuidando mis dedos y las ideas que de ellos fluyen.
Afortunadamente los chihuahuas duermen al lado. Pequeños seres roncando a ras de mis desvelos. Evitan con todo y su pequeñez que los habitantes del submundo se me acerquen. ¿Los oyes soñar? Ellos también tienen pesadillas.

Requiero ayuda inmediata, el contenido de la vejiga está al borde de la huida. No se asusten, todos somos humanos. Benditos los que pueden ir al baño sin traspies porque de ellos será el reino de los limpios.

Anda ve, desde aquí te veo. ¿Y si me sale un monstruo? Los monstruos no existen. Aquesicierto, el mío siempre ha estado debajo de la cama. Dios de los amorfos por qué no me ayudas, nomás es ir al baño y regreso. Dale fuerzas a mis pies, a mi cuerpo, a mi alma, a mi todo. Arrópame con el soplo fresco de la cordura, no dejes que el miedo enraice en esta alma poco valiente en menesteres escatológicos.
Para ti no es nada, para mí es seguir guardando la vergüenza en el desván de los decoros. Total, qué tanto es tantito.






miércoles, 18 de marzo de 2015

Mezcal de Pechuga

Una de las cosas que me hubiese gustado hacer en otros tiempos es haber aprendido a fumar o a beber como señora nice. Saber cruzar la pierna elegantemente sin hacer malabares para evitar enseñar los calzones. Usar vestidos entallados sin nada debajo, bueno si, lencería fina de encaje y tal, de esa que hace que a los hombres se les caiga la baba nada más imaginar lo que hay bajo el vestido y soñar en cómo desprenderla de ese cuerpo sutil.

Me hubiese gustado haber aprendido a usar zapatos de tacón de aguja, bolsos de marca, peinado de salón. Ir a que me hicieran el manicure, pedicure, masajes cada que me doliera la uña del dedo gordo y lo más importante, usar un perfume que de tan fino no haya nadie más que lo pueda adquirir, sólo yo para cuando camine con paso garboso por las avenidas como modelo esquelética, deje un halo de sofisticación para que nadie me olvide jamás de los jamases, amén.

Pero dios no cumple antojos ni endereza jorobados. La cigüeña se distrajo y me dejó caer en un cuasi pueblo donde las mujeres poco o nada fuman, se visten modositas enseñando apenas el nombre y el perfume que usan es el que guardan en las trenzas gruesas hechas por las manos diestras de una madre presurosa.

Ni modo.

No aprendí a fumar como señora nice pero si lo hago como señora neófita en tales menesteres, al menos ya no me trago el humo.
Tampoco aprendí a beber pero como señora bajada del cerro me aviento mis tequilitas entre pecho y espalda al son de ¡éntrele mi Florecita! ahora que se puede.

Cuando bebo tequila me limito a tomar cinco madrecitas de esas en las que lo sirven. ¿Por qué cinco? porque me he dado cuenta que al llegar a esa cantidad el piso se empieza a mover y mi lengua se convierte en una de merolico, entonces mejor cinco y aí muere, no vaya a ser que pase lo que en Caborca.

En mi perra vida -no es ofensivo decirlo ¿eh? no te espantes Emilio- no había bebido otra cosa hasta hace unos  días en que descubrimos -mi acompañante y yo- una botella de Mezcal de Pechuga traída desde las lejanas tierras de Oaxaca, paraíso verde, tierra de los ancestros de La Bella.

Me chuté tres raciones con su limón y salecita antes pa´ no hacer gestos. No sabe tan mal y lo mejor de todo es que no me hizo ni cosquillas por consiguiente ya sé con qué voy a brindar cada que haya oportunidad. Ni la cabeza me dolió. No me maree ni el piso tembló cuando me levante de mi asiento.
Mezcal de Pechuga pa´ todos, yo invito. ¿Quien dijo miedo? El trago es pa´ los machos y para las parkinsonianas valientes valemadristas.

¡A su salú!

Digamos salú otra vez para olvidar a los poetas distraídos y a los amigos que se entretienen en adorar a sus otras amigas y a mi que me muerda un perro. Salú por ellos aunque mal paguen.

Por cierto, me he quedado sin versos y sin rimas. Convertida estoy en cazadora de poetas funambulistas que se juegan la vida todos los días a la orilla del precipicio por un amor de literatura. Salú por ellos aunque no paguen.

¿Y a qué viene todo este rollo fútil sin sentido?
Ah pues no tengo nada qué hacer y estoy matando el tiempo mientras llega la hora de ir por La Bella.

Salú!













Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.