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lunes, 28 de julio de 2014

Cuestión de segundos

Por las mañanas cuando amanece, me levanto y comienzo a caminar tanteando el terreno. Es como si cada mañana tuviera que programarme para recordar lo aprendido ayer. Como si fuera un bebé doy los primeros pasos. Uno... dos... tres... paso a pasito. Así cada día, todos los días. Empezar en el mismo punto.  Aprender a caminar de nuevo cada bendito día.

En los comienzos de mis citas con el neurólogo este siempre me preguntaba si me había caído. No. Por lo general siempre he pisado firme y el suelo no es visitado por mi en mi etapa adulta. 

Siempre existe una primera vez para todo.

Camino por toda la casa seguida por los chihuahuas y a mi lado La Bella. Siempre andan pegados a mi, por ende debo tener el doble de cuidado para no caer y tropezar con ellos. Caminando juntitos los cuatro como banda sui generis en lucha contra el mundo vamos por la casa en busca de aventuras.

Un día, viernes para ser exactos, el hado de mis días decide que ya chole, hay que darle un poco de emoción a la vida. 
Entonces el pinche hado clava mis pies al suelo cuando voy a dar un paso. La inercia hace que el cuerpo siga su destino y en menos de lo que lo cuento doy con mi triste humanidad en el piso llevándome entre las patas a los perritos. Mis manos tratan de aferrarse a algo pero no encuentran nada. En un vano afán por asirme de un objeto salvavidas, mi mano izquierda se agarra del suéter de La Bella yéndonos todos al suelo. ¡Plas!

Cuestión de segundos.

He de decir que cuando me he caído nunca meto las manos para detener el golpe o para no lastimarme más de la cuenta. Esta vez no fue la excepción. Un saco de papas en caída libre, esa soy yo.
Y bueno normal, me golpee la cara, se inflamó la rodilla, el dedo gordo de la mano derecha. Tengo golpes en las costillas, el pecho, los brazos, todo, ay.

Quedé tirada en el suelo como muñeca rota.

Asustada como estaba, me levanté como pude. Alcé a la niña revisándola para ver que estuviera bien. No había sangre ni en ella ni en mi, quiere decir que no era grave. Se golpeó la cabeza pero fue con mi espalda así que el golpe no fue duro.
Aferrada a mi cuello preguntaba qué había pasado. Babo ladraba asustado y Tiki lamía mis manos. ¿Y yo? Dios de todos los eternos, lloraba a moco tendido.

Durante ese tiempo pensaba a quién llamar para que fueran a socorrerme. Pensé en mis hijos, en mi hermana, en Pache, en Barry pero al final no llamé a nadie. Sola y con La Bella aferrada a mi cuello me lamí las heridas. Sentada en la cama lloraba mi desgracia. Recité en silencio todas las maldiciones que me sé y bendije al hado de La Bella que la había protegido. ¿Mis perritos? Ellos son de goma.

Después ya, se los conté a todos y me regañaron porque no uso el bastón, porque no encierro a los perros, porque bla bla bla. Todo quedó en llamada de atención de mi familia y de la pinche vida de que me tengo que poner muy trucha porque ¨la marcha congelada¨ dio su primera señal de vida y contra ella no queda más que andarse con cuidado.
Blah! conmigo no podrá nadie, nadie. ¿Si saben? N a d i e.

Amén.













viernes, 25 de julio de 2014

Sin acotaciones al margen

De tantos libros que hay en mi casa a él no se le ocurre otra más que leer el mio. No es que me preocupe lo que lea sino el ¨después¨ es lo preocupante. Los silencios en los que se hunde sin que pueda romper esa helada actitud con una que otra respuesta, la que sea pero algo que diga.
Cada vez que me lee se enfrenta a una desconocida durmiendo a su lado.

Y luego esa mirada tan suya, tan de querer meterse a la intimidad de mis ojos me hace ansiar desaparecer bajo el peso de mis culpas. Inútil menester, expié mis pecados sobre una hoja imaginaria que ya no puedo borrar.
¿A quién importa de lo que de mi se diga si estoy aquí dando la cara al absurdo cotidiano?

-Eres tan rara, tan triste, tan desconcertante- dice viendo mis ojos cafés. Huyo de su mirada, no sé qué responder cuando de mi dice eso porque en el fondo tiene razón. Soy rara como la flor de nopal. Triste por herencia materna y desconcertante porque si.
Como canta Astrid Hadad: Ya no soy lo que antes era ni lo que solía ser, soy un cuadro de tristeza arrimado a la pared.

Tanto repetir que soy triste que he terminado por creer que mi vida no vale nada como dice la canción... otra canción. Que triste vida la mía.

Y mañana, ay mañana cuando todo ha pasado ya, he de corregir errores y preparar respuestas para regresar a sus ojos esa mirada amante de quien me quiere bien por sobre todas las cosas.

Click



















lunes, 21 de julio de 2014

El original

Revisando algunos de mis textos antiguos puedo darme cuenta de la capacidad que tengo para escribir tonterías. Mi capacidad no tiene fin. Desde compararme con alguien hasta la utopía de creer que he aprendido a escribir cuando para eso faltan mil años luz. Igual no es mi objetivo aprender pero tampoco viene mal.

Hablaba sobre mis continuos dolores de cabeza, ¿a quién se le ocurre escribir sobre sus migrañas? ¡A mi! Antes de que digan algo, no soy la única que escribe sobre eso pero si la única que conozco.
La verdad es que quienes me leen desde el principio los admiro por su estoicismo ante mis tonteras recurrentes y no se diga cuando me diagnosticaron. Ninguna telenovela tuvo más drama que mi blog. Avergüénzome de ello.

Las veces que decía que me iba pero nunca cerraba el blog, ¿Ay? Alguien dijo: Te creeré cuando al puchar tu nombre salga la leyenda de ¨este blog ha sido eliminado¨.

Tengo que agradecer a mi hija que es la que siempre ha terminado por convencerme de que no suene el click definitivo. He comprendido que esto de escribir es una parte de mi vida y aunque suene feo no es fundamental aunque si importante. Tengo claro que llegado el momento no temblará mi mano -me río- para cerrar un ciclo como lo es el blog.

Ya ni digo de las veces que pensé suicidarme avisando lo que pensaba hacer llegado el caso, cuando en realidad los suicidas no avisan, se matan y ya, no andan contando sus penas. Eso ya lo aprendí.
Ya no sé qué ha sido la peor que he escrito porque nomás de acordarme me dan ganas de meter la cabeza en un agujero como vil avestruz y no volver a sacarla mientras haya alguien cerca.  

Lo bueno de todo esto es que -de este lado del monitor- todavía puedo andar con la cabeza erguida porque no saben quien es la MaLquEridA y no conocen de mis dramas. (Mi familia nomás, pero para ellos no existe la MaLquEridA ni la reina de ningún país utópico). 
Me daría mucha pena que los de este lado me preguntarán el porqué soy tan dramática, tan egoísta, tan egocéntrica, tan valiente de escritorio. Tan así, tan yo, un personaje nacido en un día de aburrimiento que está recobrando su yo original ante tantos alias camuflados.























Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.