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lunes, 31 de enero de 2011

sábado, 29 de enero de 2011

El Re-cogedor.

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Es de raza pinche que no es lo mismo pinche raza. Babo Alejandro mi chihuahua es de esa raza o lo que es lo mismo chihuahua cruzado con callejero y peleador del montón. Pero en alguna parte de sus genes todavía conserva el pedigree de sus ancestros.
No sé donde pero de que los conserva es seguro.
Mide cerca de 30 cms de alto y sepasumadre cuantos de largo. Tiene unas garras que Niurka ya las quisiera y no le saldría tan caro penérselas. Babo es además muy pero muy cariñoso. 
La mandíbula la tiene salida. Cuando cierra el hocico sus dientecillos le quedan fuera dándole un aspecto amenazador a pesar de su tamaño.
Pero mñeh, no hace nada. Clásico Perro que ladra no muerde. Eso le decimos al de la tintorería, a los del agua, a la cartera en fin a todos los que vienen, pero no nos creen. Prefieren mantenerse alejados de él con puerta de por medio.

No sé si Babo Alejandro esté en su época cachonda pero le quiere coger cariño a todo lo que se mueva. Casi todas las noches que me subo a dormir viene detrás mio, espera que acomode los cojines y quiere ponerme uno... un cojín cerca para echarse.
Acomodo los almohadones y empieza a buscar en donde meter un artefacto que tiene para esos menesteres cogelones.
Mi pierna derecha parece gustarle porque siempre es la que agarra entre sus patas delanteras y se la quiere echar. Sus ojitos a medio cerrar y viéndome no hace más que aterrorizarme y querer quitármelo de encima de inmediato.
También me ha agarrado descuidada cuando estoy sentada y de pronto siento sus manitas en mi cuello y una cosilla por mi espalda. Ah caray este Babo es muy cogelón.
Lo malo es que cuando está muy calenturiento agarra mi piernita, la abraza y empieza un frenético movimiento que por más que quiero no puedo detener. Empiezo a gemir pero no de gozo sino porque quiero quitármelo de encima y es menester pedir ayuda al hombre de la casa para que me lo quite o terminaré toda arañada por sus garrillas afiladas que tiene. Algunas veces me aparecen moretones en las piernas pero Barry no me cree que es por culpa de Babo. ¡Achis! pues ni modo que de donde.

Hay veces en que anda tan cabubis como dice Muny que se quiere echar a Benito Tiki, pero como el abuelo ya está curado de espanto y no le hace agua la canoa pues con un gruñido lo aplaca.
O cuando se confabulan los hombres de la casa con Babo Alejandro y se ponen a jugar conmigo y es literal... juegan conmigo porque mientras Muny me agarra de las manos y me tira del sillón favorito, Barry me besa y eso hace que el chihuahua se ponga cachondo y empiece a querer cogerme afecto.

He quedado a merced del chihuahua y su cachondeo tanto que si no me tapo alguna parte de mi anatomía ahora estaría embarazada de Babo Alejandro. 
Además me he dado cuenta que Babo es masoquista porque cuando jugamos Barry y yo nos jala la ropa y se agarra del que pueda.
Con sus colmillos se la jala... la ropa a Barry y luego le abraza la pierna y empieza el escarceo amoroso.

Yo creo que en su otra vida Babo fue Casanova porque nada más ve algo que se mueve e inmediatamente se lo quiere echar.
Es muy nervioso y ladra mucho. Su ladrido es tan agudo que me desespera. Cuando estoy leyendo blogs y ladra, le grito ¨A callar¨ y voltea a verme como diciendo ¨Pinche loca¨ y sigue en lo suyo. Más cuando anda una perra fuera de la casa. Se pone a olfatear debajo de la puerta y viene hacia donde estoy a querer echárseme encima.

No sé a quien se parece de cachondo. Con eso de que dicen que todas las cosas se parecen a su dueño.





jueves, 27 de enero de 2011

Reír es cosa seria.





Le gustaba ver las nubes y al cielo que tímido se asomaba a darle los buenos días. Separada su casa de la de nosotros por un gran patio en el que estaba prohibido jugar a menos que ella nos lo ordenara. O nos mandara a casa con los juegos infantiles y cara de tristeza. La abuela estaba enojada... otra vez.

Eran las siete de la mañana. El intenso frío que se sentía hacía que Abuelita, saliera tapada con su chal tejido y con un suéter. Las medias gruesas bien estiradas. Nada de arrugas porque eso quería decir que era descuidada con su persona. Zapatitos de medio tacón y vestido de color negro. Color que se quedó a  acompañarla desde que murió el abuelo Miguel
Se sentaba en el quicio de la puerta a esperar que el amodorrado sol saliera por entre las montañas detrás de la casa.
Quieta en la sillita azul, esperaba con su bastón que los nietecillos llegaran a saludarla todas las mañanas. Cada uno, desde el más chico hasta el más grande le besaban la mano, nunca la mejilla. Y se quedaba mirando el cielo atenta a lo que cada nube le quería decir.

Si las nubes eran negras decía que nos apurásemos a hacer todo lo de afuera porque llovería temprano. Si había nubes desgajadas significaba que el viento era fuerte y pronto se acercaría a donde estábamos. Habría que asegurar todo para que el aire no se llevara lejos las tejas o ropa secándose al sol. Cuando el aire empezaba a soplar había que agarrarnos los vestidos infantiles y no enseñar más de la cuenta a los hombrecitos de la casa so pena que nos diera un bastonazo por desjuiciadas.
Nosotras solo queríamos que el aire se llevara nuestro pelo largo a todos lados dejándonos tan despeinadas que mi madre tenía que sentarnos ya dentro de la casa a trenzarnos el pelo.
Nos gustaba que el aire nos moviera los pequeños cuerpos como rehiletes sin control. Que sensación sentir el aire freso en la cara golpeando las mejillas.

En su afán de ver el cielo, la abuela nos decía que las nubes rojas significaban mucho calor. Hay veces que había cortinas grises en los cerros y debíamos apurarnos pues la granizada estaría azotando los techos queriendo entrar y al no poder hacerlo alfombraba el patio de blanco.

Cuando el cielo era azul intenso decía que era un buen día para morir.

El aire empezaba a acariciarle la blanca cabeza despeinándola. Entonces se ponía su chal tapando sus trenzas  y como virgen anciana esperaba que la vida pasara recordando risas fugaces y otoños amarillos de amor.
El cuchicheo de los árboles la invitaban a soñar en sus ramas, pero siendo una abuela enérgica no se permitía el lujo de soñar.

La abuela no era como la de los cuentos, la abuela era gruñona. Regañaba a los nietos si jugaban en el patio haciendo alharaca o aventándose unos a otros.
Los instaba a jugar a ¨La víbora de la mar¨ o ¨Doña Blanca¨ . Y así se quedaba mirándolos como atrapaban las risas con sus manitas sucias y caras lacrimosas. 

Tenía un nieto favorito. 

Pero no era favorito para consentirlo. Era el nieto favorito que recibía los castigos por ser el peor portado. Mi hermano Marco, el demonio en forma de jovenzuelo inquieto.
La abuela lo mandaba lavar las porquerizas o chiqueros donde cerca de seis puercos habitaban presos de sus chillidos cuando mi hermano hacía acto de presencia.
Sentado en la barda, les lavaba y echaba agua al suelo para quitar toda la suciedad. Los demás nietos le ayudaban a pasar el agua pero no más porque era su castigo no el de los demás.
Terminando tenía que hacerles la comida con tortilla remojada, cema y agua. Batirla hasta hacer una pasta y ponerla en los comederos.
Cambiarles el agua y si el castigo era fuerte, había que bañarlos. Y así era el castigo impuesto a Marco. La abuela veía que todo estuviera limpio como le gustaba y le ordenaba  que se fuera a sentar en las piedras de la barda de nuestra casa. Desde ahí podía ver que estuviera quieto hasta que el sol empezaba a quemar o mi hermano tuviera que irse a la escuela.

Abuela nunca sonreía, no sé porqué. Tengo grabada su cara de una única sonrisa. Ya no tenía trenzas y un hueco en sus dientes decían que reír era cosa seria. No estaba invitada a su cara ninguna alegría.

No, la abuela no era como todas las abuelas. Mi abuela no tenía permitido sonreír, le faltaba un diente y eso para alguien tan soberbia como ella no era cosa de andarlo mostrando.

La abuela con su bastón, sus medias estiradas y su sonrisa muerta no era como todas las abuelas. La abuela heredó a los apellidos ilustres la seriedad que muchos ahora tratamos de dejar a un lado sonriendo a cada instante.

La abuela Candelaria era tan particular como los amaneceres que se asomaban todos los días a su cachito de cielo, cuando se sentaba en la puerta a ver pasar las risas y amores que se fueron con las nubes que tanto gustaba mirar. 
La abuela nos heredó el arte de predecir el clima viendo las nubes y la no-sonrisa en los labios.

No se porqué Barry se sorprende cuando le digo si va a llover o no, le atino y no sonrío.








Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.