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lunes, 19 de septiembre de 2011

Chimu

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Cuando a un niño o niña se les cae un diente, lo pone debajo de la almohada, en la noche-madrugada el ratón de los dientes deja dinero a cambio. Se los lleva y hace su casa de dientes de niño.









Pero...

¿Si a Babo Alejandro se le cayó un colmillo, el ratón también le dejará dinero? Yo dije a mi familia que le administraría lo que le dejaran pero nadie quiso, ¿acaso me conocerán?

Creo que debo dormir más, una hora no es suficiente, el insomnio ya está haciendo mella en mi.





Porque vuelve para recordar






Hay fechas o sucesos en la vida que nos marcan para siempre. El 19 de septiembre regresa cada año para recordarme lo ruin que fui.
También me recuerda que hay personas de tan buen corazón que olvidan el desdén con la que los traté, y me recuerda que al paso del tiempo el perdón llega aún para las personas más ruines como yo. 

Hoy 19 de septiembre la abuela me ha dado muestras del gran corazón que tiene, y yo... lloro porque no merezco una sola de sus palabras de perdón.

La ruindad tiene un nombre y ese es el mio.

El 19 de septiembre de 1985 pude darme cuenta de lo bajo que puedo caer pero también me doy cuenta que el perdón me hace sonreír con lágrimas en los ojos.

El perdón llegó pero mi corazón no ha sanado, hoy me dí cuenta que no me he perdonado porque si fuera así, por qué lloro al recordar.















jueves, 15 de septiembre de 2011

¡Shu shu torito shu shu!




Los pies calzados con unas sandalias blancas se atascaron en una plasta verde viscosa. ¨No mames mames¨ fue lo que salió de mi cándida boca. Había metido el pie en las heces verdes de una vaca que me miraba con ojos gachos.
Me hice para atrás sacando el pie de semejante cosa pero... metí el otro pie en otra plasta viscosa, ¡Me lleva la chingada!

¡Pinche madre, ¿Pues a donde nos trajiste pinche guía? Digo... este, ¿Señor don guía donde estamos?

¿Cómo es que yo siendo tan mamona había accedido a ir a ese bosque tan verde, tan limpio, tan lleno de pájaros que parecía que conversaban?

-Me voy a enfermar con este aire tan puro- le dije a mi hija. -No estoy acostumbrada al aire limpio del bosque- mientras veía como unos pájaros negros revoloteaban sobre nosotras.







-Es un buitre- dijo el guía - Se come la carroña.
-¡Mta madre! espero no ser pasto de él- dije levantando la mirada tras haberme limpiado con la hierba las sandalias tan blancas que para ese entonces tenían un color verdoso. De pronto sin  saber de donde un toro estaba frente a mi ¡¡¡Mamá, ayúdame doquiera que estés, acuérdate de las pocas veces que te obedecí por favor y sálvame mamita!!!



¡Gulp! Un toro del tamaño del mundo estaba frente a mi. ¡Gulp y más gulp! Este... emmm... señor guía puede decirle al torito que me dé permiso por favor?
No quiero decir por respeto hacia mi persona que el méndigo señor guía estaba muerto de la risa.

Sabiendo que no me iba a ayudar decidí hacer frente a semejante burel, me armé de valor, respirando hondo, le dije, ¿Torito me das permiso por favor? Se me quedó viendo así como diciendo -Pinche vieja- y siguió estorbando mi camino.

Mmmmm, como sabía que no se iba a quitar pasé frente de él sintiendo que los calzones se me hacían yo-yo, que bueno que llevaba pantalón porque sino vaya espectá-culo que hubiera dado.
Seguimos caminando cuidándonos que el toro no nos fuera a coger por detrás sin ver que... ¡¡¡Si!!! volví a meter la pata en esa plasta verde.
Parece ser que el sitio donde estábamos era un aparcadero de vacas o no sé como se diga pero había un madral. Pinche señor don guía que no sé donde madres nos metió. Seguro nos quiso llevar a algún lugar familiar porque encontramos a dos becerros que estaban de mamones, había llegado la hora de comer.




Caminábamos por entre la maleza, hasta me sentía en una aventura, e iba imaginando que pasaría si esto o aquello. Por si las moscas buscaba un rastro de civilización que encontré en una cerca que estaba un poco lejos pero me serviría por si nos perdíamos. Tampoco le perdí la pista a unas mangueras que servían de guía por si acaso. De cualquier forma el guía dijo que nunca se le había perdido nadie.

Los buitres encima de nosotros formando círculos me daban mala espina.

Seguimos avanzando cuando nos encontramos a dos tiernos becerritos que estaban perdidos. nosotras gente fina de ciudad no sabemos como lidiar con semejantes animalitos, así que les decíamos: Allá está tu mamá vaquita ve con ella, anda. Vano decir que los becerros se nos quedaban viendo como diciendo -Pinches viejas locas- y no avanzaban, nomás nos veían con ojitos pendejos.






El tipo guía esperaba a que termináramos de conversar con las vaquillas, yo creo que nunca lo había sido de personajes tan singulares como nosotras.
Seguimos avanzando, seguí metiendo mis piececitos en heces fecales. Vimos un río tan cristalino como nunca había visto uno en la vida, en el que me quedé maravillado viendo su cauce mientras el tipo nos enseñaba en donde nacía -el río no el tipo- según él.





De regreso encontramos otro toro enorme,  yo me dije a mi misma: ¨Ten cuidado porque esté si te puede coger, se le ve la cara de cogelón¨
Cuando el señor don guía le tocó la nariz al torito me dijo que hiciera lo mismo, obvio que no lo hice no vaya ser el diablo.




Ya de regreso el camino fue más rápido, sorteando hojas comidas por gusanos, con hoyos tan enormes donde cabía mi dedo meñique, y el tipo diciendo que no había gusanos ahí, ¿´tonces esos hoyos que son pendejo? digo señor don guía.

Cualquiera que me conoce sabe que los gusanos son mi máximo temor en la tierra.

Y ya.

Luego les cuento de las hadas que vi.







Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.