.
¨Deme mi beso Flor¨, me dijo la terapeuta al tiempo que señalaba su mejilla con el dedo índice. Ya me había dado un beso al despedirse de mi pero cuando me levanté para salir del consultorio, me agarró el cuello (gesto característico cada que me despedía de ella) y me acarició el pelo.
¨Dejo la puerta abierta para cuando quieran regresar¨, nos dijo. Le tomó un grande aprecio a mi familia y eso es algo que siempre le agradeceré. Siendo una mujer que no muestra mucho sus sentimientos, agradecí la ayuda con mis ojos llenos de lágrimas.
Le dí un beso y vi en sus ojos el cariño que en este tiempo me ha dado.
¨Ha sido un placer trabajar con ustedes¨ nos ha dicho con el entendido que nos daba de alta. Su ayuda fue invaluable para mi familia y para mi porque nos ayudó a ver lo que nosotros por obvio no le dábamos importancia: Ser una familia unida que sabe la existencia de sus problemas y que los resuelve sin tantos rollos.
Salimos sonrientes los tres. Ya no veríamos a la hermosa terapeuta que nos tomó cariño sin conocernos. Sin saber nada de nosotros.
Se viene un nuevo episodio en la familia, en mi vida. El nuevo hospital nos ofrece una mayor perspectiva para avanzar. No sé si será para mejor. No sé si es aún tiempo. Lo que sé es que tengo una nueva oportunidad ante mis ojos y no la voy a dejar ir.
Dijimos adiós a la terapeuta. Nos abrazamos. Cantamos de regreso a casa a pesar del tráfico que había. Somos una familia unida que salimos adelante con saber que estamos así: unidos a pesar de los malos tiempos.
No escribo historias con final feliz, no son mi fuerte. Pero este capítulo de mi historia personal lo merecía. Quizás a muchos no les guste lo que escriba por depresiva. Tampoco ahora les gustará mi final feliz. Pero es mi historia y ahora quiero darle un final feliz porque soy feliz.
Pero eso no quiere decir que deje de mandar a algunos a la chingada porque si. Bueno, no porque si. Porque se lo merecen por traidores y porque se me da mi muy real y soberana gana. Y porque los traidores son una escoria. Y porque quiero que directito y sin escalas se vayan a la chingada.
Y ya...
No dejaré que me amargue NADIE la vida.
He dicho.





