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sábado, 5 de septiembre de 2009

Los pies en la tierra.

¨Mueves un dedo y el mundo se mueve¨.
Es lo que me dijo Kiku, anoche estando mi familia y yo viendo el partido de fútbol, solo porque pedí algo de comer y no había.
Barry y Muny salieron a buscar lo que se me antojó y fué cuando Kiku me dijo eso.
Y creo que no me he dado cuenta del poder que tengo sobre mi familia ó tal vez no me he querido dar cuenta de eso.
¨Mueves un dedo y el mundo se mueve¨.
Si creo que si, mmm... tendré que pensar muy bien si el camino que estoy llevando con ellos es el indicado, no quiero que piensen que me aprovecho de ello.
No quiero que un día el sueño en el que estoy sumida se acabe, y es que pienso que toda esta felicidad en la que estoy inmersa sea pasajera.
Creo que no estoy acostumbrada a ser feliz, porque si así fuera, no me importaría reirme todo el tiempo y no darme miedo lo que venga.
Hoy he sido muy feliz, gracias a mi familia, no tengo miedo a nada.

Por lo pronto iré poniendo los pies muy firmes sobre la tierra, no sea que pase lo que en Caborca.









Hoy aprendí a hacer otra cosa en el blog, gracias a Kiku.

Pensamientos estúpidos.


Me despierto casi de madrugada, tengo que dormir tarde para que el insomnio no me haga su presa y despertar a la 4.30 de la mañana para levantar a Muny.
Me pongo a pensar y muchas veces las cosas de las que hablo en el blog se me ocurren en ese lapso de tiempo.
No siempre pienso cosas agradables o tengo pensamientos lindos, hay veces como hoy en que imaginé cosas tontas por no decir estúpidas.
Pensé en la forma en la que no me gustaría morir o suicidarme.
Si, había pensado en suicidarme- no ahora, ya no- hace mucho tiempo... en que no le encontraba sentido a la vida.
Y la forma en la que no me suicidaría, pues sería así...

No me gustaría suicidarme con un cuchillo o tijeras, porque tendría que ir derecho al corazón ¿ y si fallo?...mancharía de sangre todo y las manchas no salen fácil, así que objetos punzocortantes...descartados.

¿Pastillas?
Las pastillas me dan mucha  náusea, solo ver dos aspirinas-mis favoritas- hacen que se me revuelva el estómago... y pensar que para suicidarme tendría que tomar un frasco entero o la mitad hace que de plano... no.

¿Lanzarme a las llantas de un coche ó camión?
No, a la gente por lo general se le salen los zapatos, no me gustaría salir volando, además los autos me dan miedo... descartado.

¿Tirarme de un edificio alto?
Tengo acrofobia, me dan vértigo las alturas y ¿si caigo encima de alguien que no tiene ninguna culpa?...descartado.

¿Aventarme a las vías del metro?
Tan solo pensar que el metro pasaría encima de mi pequeña humanidad y que no dejaría rastro ni de mi nombre, me da pavor. No me imagino el sufrimiento de mi familia al no saber en donde estoy.

¿Perderme en el alcohol?
Tendría que tomar mucho para volverme alcohólica, pero me tardaría tanto en acabárme todo el alcohol que pudiera, que sería muy difícil morir de alcoholismo a menos que me diera una congestión... descartado.
Y todo eso, todas esas formas, harían que saliera en los periódicos, nononononono, ¡jamás!...¡nunca!.

Así que he decidido esperar a morir como debo morir, que espero que sea de muerte natural y sin dolor, en mi camita y con mi familia al lado.

Y bueno, no todos los días pienso en cosas bonitas, también tengo pensamientos estúpidos, aunque pensar en la muerte no sea para nada estúpido... es la realidad.

Sino ¿para qué nacimos sino para morir?.







viernes, 4 de septiembre de 2009

Esta caliente.




Supongo que mi padre con el sueldo que ganaba y con mi madre ayudándolo lavando ropa ajena, era muy difícil mantener a tanto chamaco como lo éramos nosotros.

Y es que si bien es cierto que algunos leían, otros jugaban, los más grandes entretenían a los más chicos, pues algunos latosos como yo no tenían forma de quedarse quietos.
Así que mi padre decidió comprar una televisión.
Una televisión que para entonces era un lujo, un lujo que él pago con muchas semanas de arduo trabajo bajo el sol.
Teníamos prohibido encenderla cuando él no estuviera y ¡ ay de áquel que lo hiciera!, porque entonces su furia y sus cinturonazos caían sobre áquel que la encendió y sobre áquel que la haya visto.
Como algunos querían quedar bien con mi padre, entonces ellos eran los encargados de acusarnos.
Yo siempre estaba del lado de los acusados, ni modo mi inquietud me hacia pagar caro.

Había veces en que mamá  estaba tan ajetreada que ya no podía con tanto chamaco y tanto ruido, tan solo quería un momento de paz y nos dejaba prender la tele solo si le prometíamos que nadie diría nada y que la apagaríamos con el tiempo suficiente para que se enfriara antes de que llegara mi padre.
Y así lo hacíamos.

Solo que  a algunas veces los menores no tenían prudencia o se les escapaba un dato importante de lo que habíamos visto en la televisión y entonces todo nuestro cuidado se iba al demonio.
Había que  prepararse, los cinturonazos no tardarían en llegar a nuestra bien formada pompita.

Mi padre empezaba a preguntar, mis hermanos en su inocencia le decían y entonces si...
A ver...¿ dime quién encendió la televisión?
El gemelo mayor.
¿Y quién la estaba viendo?
Todos.
No es cierto yo no la vi, decía mi hermana Adriana que siempre estaba leyendo libros y estudiando.
Bueno, Adriana no, pero todos los demás si.

Y vale, que se formen porque van a empezar los cintarazos y los llantos. Y pobre de áquel que llorara muy fuerte, porque entonces le daban otra ración.
Algunas veces los gemelos prendían la tele cuando mis padres se iban a trabajar, nos quedábamos solos y entonces todos quietecitos y sin hacer ruido, con un hermano en la puerta vigilándo que mis padres no llegaran,
Otras tantas mi padre le decía a mi hermano, al que en ése momento estuviera de chismoso- digo, de su lado- que tocara la tele -la parte de atrás- y le dijera si estaba caliente.
Si había dado tiempo de que se enfriara nos salvábamos y si no... solo teníamos que confiar en que mi hermano dijera que la tele estaba fría.
Solo que eso nos costaría hacer el trabajo que le tocaba a él hacer en la casa o ser su sirviente por un rato hasta que nos cansábamos del chantaje y ya no nos importaba nada.
¡Vaya recuerdos!

Y ahora me admiro de que cada quien pueda gozar de tener una televisión propia... aunque no haga falta.
Últimamente la televisión de mi recámara casi no se enciende, han pasado días en que ni siquiera tomo el control, está abandonada... eso sería bueno si el tiempo que pasaba viéndola, lo ocupara en algo productivo.
No es así, bueno de alguna forma estar en la computadora es algo productivo, pero creo que es mucho ya el tiempo que le estoy dedicando.
Tengo que hacer un alto.
Aunque sea de quince minutos porque la verdad... soy adicta.
No quería decirlo, pero lo reconozco ante todos.
Soy adicta a la computadora, a ésta en especial.
Lo bueno de todo es que  ya la voy a dejar.

Porque ahora falta poco para que Barry me compre una para mi solita, la voy a tener en mi recámara, no se la voy a prestar a nadie, y así cuando me canse de estar sentada...
pues me acuesto.


Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.

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Ángeles de la fe

Yo traigo la verdad en mi palabra Vengo a decirte de un niño sin abrigo. Vengo a decir que hay inviernos que nos muerden, de la falta de un amigo. Vengo a contarte que hay luces que nos hieren, que existen noches sin whiskys ni placeres. Vengo a decirte que está cerca tu condena. Hoy una madre murió de pena. Déjame cantar, tengo vergüenza de ser humano como tú, en tu presencia. Descubrirme a mí mismo y en tu figura qué poca cosa somos sin ternura.