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lunes, 7 de diciembre de 2009

Sal en tus ojos.




Tal vez lo que nos decían nuestros padres era tan cierto, que nunca cuestionábamos el porqué de algunas frases dichas por ellos.
Lo dábamos por verdadero, por el solo hecho de que ellos lo dijeran. Habían aprendido a decir las frases por inercia y tampoco se preguntaron el porqué.
Aprendían reglas como se aprende a caminar, y esas mismas reglas se las enseñaban a sus hijos... a nosotros.

Una de esas reglas que más recuerdo es la de: ¨Los hombres no lloran¨.
Cuando alguno de mis hermanos lloraba porque algo le pasaba, de inmediato mi madre o mi padre le decían: ¨pareces niña¨, ¨no llores, aguántate como los  hombres¨, y fué cuando mis hermanos aprendieron a reprimir sus sentimientos.
Casi nunca los he visto llorar, ni siquiera recuerdo que lo hayan hecho en los momentos duros que ha pasado la familia, son como piedra dura. Tal vez cuando estén solos lo hagan... nunca cuando los vemos.

Aprendí al igual que mis hermanos a no llorar, aunque a mi me estuviera permitido hacerlo por el hecho de ser mujer, tal vez sea eso lo que me faltó para no ser de corazón duro como lo soy ahora... llorar.
Lloré mucho en mi infancia, en mi adolescencia, tanto que pensé que así se vivía, que nadie podría estar todo el tiempo sin llorar, pero estaba equivocada y aunque algunas veces hace bien, no debo estar instalada en el llanto.

Las frases a mi me marcan mucho. Una de ellas dicha por mi cuñada, aún me deja secuelas. ¨De todo lloras¨, suficiente.
Jamás en la vida he vuelto a llorar frente a ella. Me dolió.

He visto como Barry siendo un hombre duro cuando se requiere, le han brotado de sus ojos, pequeñas lágrimas que se niegan a salir para no evidenciar un estado débil  (según yo).

¨Los hombres deben de ser fuertes, las mujeres débiles¨. Otra frase más.

Él siempre ha sido el fuerte de la familia.
Tan fuerte que nos ha salvado la vida a varias personas, entre ellas a Muny y a mi, porque ha sabido reaccionar ante las batallas que se nos han presentado y nunca se ha doblado.
Aunque después me diga con el rostro bañado en lágrimas: ¨tengo que ser fuerte para que ustedes no se caigan¨, ¨yo debo detenerlos, pero yo también necesito que alguien me sostenga¨.

Lo he abrazado y he sentido su desamparo. He visto como el hombre fuerte que tenemos por guía en esta familia tiene muchos sentimientos guardados y que por el hecho de ser hombre, no los externa.

Le he dicho que no debe llorar cuando mi hijo se case y sé como siempre que no me hará caso, después de todo el puede llorar cuanto quiera que para eso es HOMBRE, porque con él he aprendido que los hombres tienen sentimientos y que el hecho de llorar no les quita nada de valor ante los ojos de nadie..

Quisiera tener un poco del valor que Barry tiene para llorar sin que eso le cause mayor problema.
Se ríen de mi porque no hay cosa que me haga llorar, ni siquiera cuando murió mi madre pude llorar tanto. Pero no saben que todas esas lágrimas las he guardado en el fondo del corazón, por eso mi amargura. Tantas lágrimas contenidas, hacen que un corazón bueno pueda volverse seco, sin sentimientos.

He vivido momentos terribles con Barry y no ha dejado que sus lágrimas salgan para no asustarnos más. Verlo a él llorando nos haría sentirnos desprotegidos, al menos a mi. Ni siquiera sabría como darle consuelo, si él es el que siempre me está apoyando en todo.

Pero, he aprendido que cuando Barry llora es porque es más fuerte que yo, y que el hecho de que sus lágrimas se asomen no quiere decir que deje de ser hombre.

Por eso y por muchas cosas más... Barry, eres mi héroe.














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Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales