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martes, 23 de abril de 2019

Días al revés

El tiempo avanza al revés. Los viejos vuelven al punto de partida de la vida. Dios guarde la hora de convertirme bebé. Los cuidaos aumentan conforme pasa el tiempo. Esta casa cobija entre sus paredes seres viejos. Todos apoyándonos en los brazos solícitos del otro. `Es duro ser deidad` canta Tulio en mi película animada favorita. El mundo dejó de girar a mi rededor; tal como una deidad segundona ni supe cuando fue. Ah chinga ¿ora qué pasó? Saqué la varita mágica del chantaje. Nada, no funciona. Ah caray caray caray. Este... a ver. La cara de gato triste tampoco funciona. "Hay que ser siempre divinos pues de tontos no vivimos", sigue Tulio. La inteligencia se ha ido detrás de caminos fríos. No puedo vivir de lo que fui. Los cambios se suceden cada instante. Vivo de lo que soy. `No quiero suplantar a un querubìn`. Una opción a los recuerdos. Hoy es todo lo que hay. Soy tú, no quiero serlo. Hace un año cometí un error. Lo he vuelto a hacer. No aprendí nada. Paciencia. Tomados de la mano estamos ubicados ante un océano desierto. Una voz de querubín habla de cara a la verdad: `pero si cada vez estás peor abuela`. Natalia de siempre me conoce enferma. Su niñez ha ido de la mano conmigo en este vivir de todos los días. Me sorprende su serenidad. "Abuela qué bueno que no ha llegado tu fin, ¿qué haría sin ti?" Luego le da palmaditas al Barry. "No te preocupes abuelo a mi también se me olvidan las cosas". Y el mundo gira y gira. No se detiene ante nadie. La melancolía y la seriedad no son compatibles o si. Hay que rescatar la armonìa antes que el abismo oscuro determine el camino de nuestras sombras. Ya es ya. Habla del si y el no que envanezca los humores. ¿Qué haces para mejorar tus males? Nada, de siempre me han resuelto todo. Volver al inicio bien creciditos cuando has adquirido experiencia pero esta sirve para una chingada. Trata de cuando los  hijos son los padres de sus papàs. Los dioses han hablado`. 



Gracias

martes, 16 de abril de 2019

Esto se està descontrolando

Las Teorías del No.

Bichos negros, arañas en el cojín, textos publicados sin tener conciencia de ello. Textos borrados de igual manera. Sombras grandes moviéndose por mi cama. 
Demencia y esquizofrenia es lo menos que debe aguantar un enfermo de pp llegando como plaga de 
La verdad es que a veces creo que mi familia se confabula contra mi. 

No albergo pensamientos malos contra ellos consciente estoy de lo que pasa por mi cabeza. Algunas veces creo que tanta negrura no  tendrá cabida en mi mente. "Algotras" estoy segura que apenas comienza algo que no quiero imaginar.
Mantengo la cabeza ocupada para no envilecer el cerebro. Hablo, transito, pregunto, husmeo, invento, asimilo y aprendo poco.

Cridsty estuvo hace poco de cuidadora mía una mañana. He de decir que por las mañanas hablo como borracha, arrastro las palabras. No se me entiende lo que digo. Olvido significados de palabras comunes.

Esto se empieza a descontrolar.

Luego, en espera de la fecha de la cita de Barry con el neurólogo la vida fluye en melodrama
cotidiano. Es una cosa que si no fuera dramática por las circunstancias moriríamos de risa.
Laura le dio de regalo de cumpleaños a su padre dos boletos para un concierto de Vetusta Morla. A Barry le gusta una que otra melodía de ellos pero no aguanta un concierto. Igual había aceptado asistir por Laura.
Un día antes Barry dijo no. 
No iré a ver a Vetusta Morla. 
Le sugerí que lo dijera antes de hacer más planes. Para terminar pronto cambió la ida al concierto por una visita al neurólogo. Eso era lo que todos queríamos ¿no? pues ya está.

Esto se está descontrolando.

Barry tuvo un ataque de furia un tanto extremo. ¡Todos a temblar!  Pasada la ira entendió por si mismo que no era para tanto el enojo. Si eso hubiera avanzado la familia no existirá.
No encontraba su teléfono de ahí el enojo.

La forma de comportarse abrió las puertas del infierno. Nos estamos haciendo viejos. Barry dice que me he vuelto impertinente. Yo digo que él. Y así.

Entonces ¿ qué?

La otra vez vi a una señora de pelo largo cano pasando por el espejo. Tenía la espalda encorvada, el cuerpo cambiado. Algo había en él acusando el pasar del tiempo. Me acerqué para reconocer a la anciana. Era yo antes de tomar conciencia de lo que los sesenta años han dejado en mi.

Pienso en el mundo hipotético que les aguarda a mis hijos con sus padres viejos y enfermos.
Está cabrón niños. Muy cabrón.

Adeu 

Y ya eso es todo que no es mucho pero tampoco poco. Una cosa así un tanto tan sin embargo como las cosas sin principio ni fin. Igual que las plagas de grillos que no son grillos pero no recuerdo su nombre. Llegan sin avisar y al marcharse dejan desolación. Sepa la bola ya se me olvidó.




sábado, 13 de abril de 2019

Poesía ignota

Del amor interrumpido por el sueño,
suspiros que nadie entiende
besos olvidados en mi boca.
renace la esperanza màs ferviente.

Descubiertos los antojos
resiste el alma perdida
dentro un cielo rebosante de carmìn y algodòn
en horas de deliciosa locura.

Tatuado el entrecejo
miro la luna pasar por de soslayo
haciendo guiños elocuentes al sol
dibujando pases de tango tristòn.

Y si acaso vienes a reclamar mi querencia
dame tres besos en señal de duelo
-muerta estoy desde que no estàs-
resucitando al sueño de una tocata en do mejor
donde mis oìdos alcancen el canto de un barìtono en flor.

Los vientos airosos levantan sin disimulo las faldas de los girasoles.
Y los muertos vienen a comer despojos de mi inocencia.
Las ausencias en las cuencas vacìas de ensoñaciòn.
terminan por apaciguar el tan temido dolor de la simulaciòn
con acentos alrevesados.

Transmiten sin afàn de complacencia
aquellos por los que suspiras,
ya llegarà la hora de marcharse
llenàndose de caramelos de cianuro colorido
en un parteaguas inacabable
del espìritu de hartazgo incomprendido.

Llena de temblores la escritura camuflada
de grotescos mal formados corazones
con flechas torcidas por Cupido bendecidas
caen sus puntas rojosangre emparentadas
al abismo dantesco del ocre olvido.

Amores candentes,
religiones baratas,
palabras sin salida.
Vèrtigos confiables esquilman la tierra azarosa de aventuras renacientes
en los tacones de botas avasallantes de grosera valentìa
simbiosos bizarra de quien la cara limpia muestra
confianza pura de lozana cobardìa.

Tiempos fervorosos,
luchas combativas.
Amores de paso
cartas sin remitente
amantes sin ternura
escondidos en altos niveles de amargura.
Y sin embargo...
Plasma versos sin estructura
musas insensibles,
flores sin aroma
pàjaros con su eterna retahìla
de piares sin emociòn
el alma de los niños encandila.


Sin embargo
nada tiene que ver con todo.
¿O si?


Gracias eternas de quien esto escribe
sin ton y sin son.





sábado, 6 de abril de 2019

Ojos de gato.


En un pueblo de encanto, igualito en el que nací, suceden cosas buenas, malas y milagros.

Se mira el cielo azul lastimoso con destellos de azul platinado al caer la tarde. Unos les llaman estrellas. Yo les llamo milagros. Nacen en destellos incógnitos muriendo al mismo instante.

Los árboles abajo vestidos con hojas verdes, cuyas ramas acogen pájaros de todos colores, entonando trinos irracionales, rodeando los gruesos troncos. Los hombres derriban decenas de ellos bajo el terror de los pajarillos perdiendo a cada sonido de sierra los nidos angustiosos.

También se ve gente cortando árboles, derrumbando nidos de pajarillos que despiertan con sus trinos a la gente del lugar. Árboles meciendo en sus ramas con avecillas chillonas pidiendo comida a sus madres. Ellos nos prestaron sus ramas para poner un columpio llevándose entre subidas y bajadas la risa de mis hermanos y la mía propia. Algunas mañanas nos cobijábamos bajo su sombra después de una larga caminata buscando leña y hongos para que mi madre nos hiciera unas deliciosas quesadillas.

Orejas, señoritas, negros, champiñones, orejones. Un sinfín de nombres de hongos que íbamos echando en la cesta como en cuento de niños.

En el pueblo de arriba había un callejón que al preguntar a los lugareños para dónde llevaba, contestaban: ¨Si va para arriba, lo lleva arriba, si va para abajo, lo lleva abajo¨. Sabiduría pueblerina.

Pasar por ese callejón en las noches era algo que nos daba miedo. Unos cuantos focos alumbraban las pocas puertas que existían. Decían que se le aparecía una mujer que no tocaba el piso y que murmuraba cosas sin sentido. Los que osaban pasar por ahí, apresuraban el paso persignándose para ahuyentar los fantasmas que en su mente existían.
Los pelos se erizaban. 

En un portal grande, a mitad de dicho callejón, se encontraba una enorme puerta que daba a la hacienda de los Muciño. Gente pudiente del ¨Pueblo de arriba¨. Manuel Muciño, hijo del señor de la hacienda. Buen muchacho y mejor estudiante. Se le veía sobre su caballo fino, sombrero y chaquetilla vaquera. Guapo como era, tenía a las muchachas disputándose su amor. 

Pero Manuel tuvo la desgracia de jugar con una pistola de su padre, írsele un tiro y matar a otro joven que estaba en mal lugar. La hacienda se llenó de dolor debido al suceso y tuvo que irse del pueblo. Nunca más se supo de él. Un moño negro anunciaba la muerte del otro muchacho. Otro miedo que se sumaba a los ya existentes.

Situada a la orilla de la 'Carretera del Diablo' -llamada así por las curvas peligrosas en las cuales había muchos accidentes- se encontraba la casa de la señora Elena, mujer delgada y alta que tenía la mala costumbre de asomarse a la ventana en las noches más oscuras o de lluvia torrencial.

Sobre sus hombros llevaba una capa tejida por sus huesudas manos. Falda hasta los tobillos y un suéter sobre otro. ¨El frío cala más fuerte a las flacas¨ decía mi madre. Los que teníamos que pasar por su casa, lo hacíamos rápido de manera que no nos viera o no volteábamos a ver su ventana donde se escondía detrás de la cortina que se había tornado gris por el tiempo.

Prendía una vela poniéndola sobre su mesa. Después de asomaba a la ventana cuando menos lo esperábamos. Sus ojos verdes resguardados por unos lentes antiguos, así como si fueran de gato, nos miraban de una forma que parecía que despedían destellos, haciéndonos correr sin voltear para atrás.
Una cadena atada a los lentes le permitía no perderlos. Elenita pertenecía a la rancia familia de los Almaraz antiguos. Los que tenían grandes extensiones de tierra, caballos, vacas y cerdos. Los Almaraz pudientes que fueron muriéndose quedando sólo los Almaraz pobres.

Pariente lejana de la abuela, Elenita tenía una casa tétrica llena de macetas. Grandes alcatraces adornaban la entrada. Azucenas, crisantemos, malvones, pensamientos, etc. Los árboles de duraznos y peras estaban a la entrada. La casa tenía grandes arcos por los cuales ella aparecía cuando mi madre nos mandaba por algo. Uno escondiéndose tras del otro para que no tuviera puestos sus ojos de gato en nuestra carita asustada. Sonreía al oír nuestros titubeos y se acercaba para acariciarnos la cabeza pero nosotros la esquivábamos con miedo. Ella sólo sonreía y no dejaba de vernos con sus ojos de gato.

La casa de la abuela era muy grande. Tenía los chiqueros en un ala del patio enorme. Los chiqueros donde guardaban a los cerdos, eran limpiados por mi hermano debido al castigo impuesto por la abuela ya que mi hermano era muy latoso y le sacaba canas verdes a mi madre.

-Si sigues dando lata te voy a llevar con Elenita- decía mi madre al latoso en turno. Dicho esto, todos no quedábamos quietos... menos él. Ella cumplía la amenaza mandando a mi hermano a la abuela para que esta lo pusiera a lavar a los cerdos y darles de comer. Tallaba el suelo con jabón en polvo, espantando a los cerdos a una esquina y luego echaba agua para enjuagar los chiqueros Terminando esto, les preparaba la comida. Cema con agua hecha en grandes palanganas era lo que les daba de comer. Cumplido el castigo, regresaba a casa riéndose y presto a seguir haciendo travesuras. Así era él.

Mi madre tenía muchos recursos para mantenernos quietos. ¨El señor del costal¨, el cable de la luz, el lazo de la persiana. Todos eso no era suficiente para mantenernos quietos a la bola de chamacos que no nos quedábamos en paz en ningún momento.

Pero mi madre tenía las palabras mágicas para ponernos en paz: -Te voy a llevar con Elenita-. Santo remedio, nadie se movía por un rato para después volver a lo mismo.

Elenita nunca supo el miedo que nos daba. Cuando murió respiramos tranquilos por un tiempo hasta que llegó Pancho y su mamá. Dos criaturas sui generis. Ella muy chiquita alcanzando menos del metro y medio de estatura y su hijo, un muchacho enfermo mental que en la oscuridad de la noche se ponía a gritarle a la luna y quien moriría mucho tiempo después a manos de un pariente lejano que en una noche de maldad, le dio una mezcla de cabezas de cerillo con cerveza.

Los gritos aún se escuchan en las noches sin luna, cuando los fantasmas andan sueltos.













viernes, 5 de abril de 2019

5 de abril

Hoy es cumpleaños de Barry.
El buen Mister Barry.
El hombre que soporta a la MaLquEridA en todas las modalidades.
Aquel que para no pelear se muerde los labios.
El amor de la MaLquEridA está perdiendo  recuerdos.
Los ojos de Barry se nublan con lágrimas de miedo.
Los labios secos mostraban la lucha que sostuvo con la memoria.
Barry perdió el camino de regreso a casa.
No pude ayudarle. De siempre he prestado poca importancia el camino a tomar cuando salgo con él.
Barry pierde los recuerdos. Yo pierdo movilidad.
En la visita al neurólogo se me salieron las lágrimas.
Quería gritar lo que sucedió a Barry antes de llegar al hospital de los renglones torcidos.
Pero...
cubriendo la cara me puse a llorar.
Eso valió un  aumento de antidepresivos.
Estoy a un paso de hacerle competencia a La Bella Durmiente.
Barry se niega a ir al médico.
Nadie logra convencerlo.
Lo más que se pudo hacer es sacarle la exigua promesa de pensarlo. Le dio de plazo a Laura dos semanas para ir al doctor.
Dos semanas.
Esto que pasó ha sido lo más grave desde que empezamos a darnos cuenta que sus olvidos no eran cualquier cosa.
Entendí la razón de su comentario hace tiempo.
Él y yo muriendo juntos.
Por ahora no tengo deseos de morir, dijo días atrás.
Barry y yo.
Estamos frente al capricho del veleidoso destino.
Y yo como siempre sólo se me ocurre escribir para exorcizar mi alma de la ira revolviéndose en mi estómago.
Qué fuerte ¿no?
Los algo que me habitan piden permiso de hacer del silencio una postura breve,

Abur
























Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales