Cada que se avecinan las citas con los médicos o reuniones familiares me pongo un poco friki.
A decir verdad -contrario al blog- me gusta pasar desapercibida.
Mientras menos sepan que existo mejor.
No me gusta llamar la atención por eso mantengo un perfil bajo.
No hablo más que lo mínimo.
Me pierdo en mi propia timidez y cara adusta para que nadie se me acerque.
Ya no me acuerdo si yo era El Hombre de Hojalata o El León Cobarde en el mundo paralelo.
Algún día dejaré de ser el lastre en que me transformo para dar lástima y me convertiré en el lucero brillante de esa oscuridad en la que refundo mi egoísmo.
Nunca me he preguntado si me gusta ser seria pero es algo que me ha funcionado desde los primeros tiempos.
Encerrarme en un mutismo del que pocos me pueden sacar.
Es el clima que me pone mal. O es tu ausencia o tu presencia que añoro sin igual.
Soy un grano de arroz repetido, canta Sabina. Soy el grano negro que mancha la blancura exquisita de tu paladar.
Disfruto las reuniones familiares a mi manera pero siempre debo tener a alguien de mi familia directa para sentirme protegida.
Cuando un conocido se acerca, mis ojos comienzan a buscar algún sitio o a mis hijos para salir huyendo.
No me gusta hablar con nadie.
Tengo que mirar a los ojos pero invariablemente terminan preguntando ¿Qué te pasó en tu ojo?
Y vienen las explicaciones y toda esa cantaleta aburrida de siempre.
Cuando no saben que decir, los que se me acercan me revuelven el pelo y sonríen es la manera de dar fin a una charla que nunca empezó.
Fin.
El reloj se ha detenido en el tiempo.
Debo disfrutar la vida porque sólo hay una pero es una chinga cuando no puedo evitar sentirme observada.
En mi mundo hay una Habitación de la Felicidad que nadie conoce.
Así me siento cuando debo salir: Observada aunque para los demás no exista.
Anoche pensé en Dios y quise saber si el cielo existe
Somos el dejo de lo que nadie quiso ser..
La madrugada me pilló rezando.
Lloro porque si. Lloro porque no. ¿Qué más da? Las lágrimas son mi redención absoluta.
El Hada de las Penas sigue durmiendo bajo mi almohada.
El día que empiece a tomar en serio la enfermedad, ese día comenzaré a morir.
Sigo pensando en negativo.
Aprendo chistes para romper el hielo pero se los cuento a mis incondicionales. Esos que se ríen de mi no de mis chistes.
Cuando madure habré aprendido a reírme de mi misma.
Puede que ese día no llegue o si.
Si el cielo no existe no importa porque nada puede ser peor que el infierno vivido.
El NO es mi palabra favorita aunque no lo quiera.
Con todo y mi cara seria, sonrío y agradezco por lo que tengo.
Sé que no lo digo frecuentemente pero he llegado a una etapa en la que soy feliz en mi mundo...
como nunca lo soñé.