Usttedes no estàn para saberlo pero yo si para conttarlo porque mi pecho no es bodega.
Un pàjaro madrugador pasó conmigo la noche. Durmió conmigo. Ese pàjaro desplegaba las alas cada cierto tiempo. Había que con cuidado acomodarlas, volverlas a su sitio, cubrirla con una mantita y luego volver a dormir. Ese pàjaro es muy inquieto.
-Abuela, ¿jugamos?- preguntó el pajarillo.
-¿Eh?- pregunté somnolienta.
Con los ojos a medio abrir vi la figura
de una nińa descalza miràndome curiosa.
Por las mañanas al despertar soy Madame Mim, asusto con mi cabeza
de león. Esa nińa conoce a Madame Mim por lo tanto no se asusta conmigo.
-Natalia ponte zapatos te vas a enfermar- balbucee.
-Si abuela pero ¿podemos jugar?
Miro el reloj.. 6,47 de la mañana. Es domingo y el pàjaro madrugador ha comenzado con sus trinos.
-Te quiero abuela- dijo el pàjaro
al tiempo que sus alas rodeaban mi
cuello.
Ustedes no estàn para saberlo pero yo si para contarlo.
Acaba de ocurrir un milagro. La magia de Natalia ha hecho que mi
sismo particular siga dormido. Estoy
escribiendo desde mi celular.
¿Eso qué? preguntaràn algunos. Pues nada. Escrbir sin haber tomado medicamento por las mañanas es algo imposible para los que como yo padecemos de pp.
Sean como quieran ser amigos en eso estriba la felicidad de cada uno.
Ya me voy, el pàjaro nadrugador quiere leche y en esta casa hace mucho que dejamos de consumirla cotidianamente. Cierto que me parezco a Madame Mim pero aún no
sé hacer magia.
Disculpen, sin ofender, entre los presentes ¿hay alguna vaca lechera?