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martes, 24 de abril de 2012

Hábitat natural






Aquí, en este espacio convertido en fábrica de ideas, rodeada de imágenes solitarias de mi familia que me ve con ojos preocupantes, nacen las historias en esta cabeza loca. Historias que llegan días y noches sucediéndose una a una sin reloj que los detenga.
Un dragón con alma de madera -adquirido en el bazar de las señoras de Polanco- cuida de no encender sus fauces para no quemarse. Tres salamandras inmóviles no cambian la pose de relajada candidez. Me miran con ojos dulces, como si quisieran lamerme el cuerpo lleno de cicatrices azuladas.
El monitor eterno de mi computadora que se niega a ser obsoleta en aras de la modernidad. Hongos de colores alucinantes posibles de existir. Libretas de recuerdos que esperan ser traducidos al inglés, tomados de la mano de Jean Claude al que nunca jamás volví a ver.
Decenas de libros enclaustrados en muros de madera. Puertas custodiadas por un perro que nunca ladra. Amasijo de historias capturadas en papel imaginario.Horas perdidas en el ombligo del que no fue. La carta de España que guardo como un tesoro.

Historias de vida interpretadas por seres que a muy pocos agradan: Arañas, moscos, grillos, lombrices, ratones, moscas, pulgas viviendo en el lomo de un Gran Danés. Hormigas viajando en el cuerpo de un cienpies. Cochinillas amantes de los zapatos rosas. Cucarachas borrachas y enamoradas, secundan la farsa en el amarillismo del periódico de ayer.
Tantos cuentos y relatos que salen del insomnio pecador de una mente cabalgando en los sueños de la poca cordura que me queda.
Alebrijes equidistantes con las alas suspendidas en un vacío infinito de cáliz negro. Dolorosas llorando a un hijo muerto que en mi mente no resucitó. Ecos sordos de los días que no volverán. Lámparas sin luz, adornando los primeros días de una cuentacuentos en su cama matrimonial.

Música tantas veces repetida. Acordes de la guitarra dormida mucho ha, que se niegan a despertar. Notas salidas de las teclas aporreadas por una mano diminuta y titubeante que trata de no malgastar para que cuando La Bella entienda de la música que ama su abuela, aprenda a tocar notas que aún no se inventan.
Cuadernos con garabatos viejos, de esos que hacen asomar las lágrimas. Las arrugadas cartas a Los Reyes Magos del niño japonés -hoy convertido en padre- orgullo de los viejos que lo cuidaron de pequeño.
Un ¨Mi mamá no me ciere¨ escrito por las manos chonchas de la hija que hoy sufre por amor. Fotografías del hombre de la que escribe, quién con su encanto habitual esboza una leve sonrisa cuando pregunta: ¿Qué haces despierta a esta hora?
Fotografías de La Bella durmiendo con esa sonrisa que mata a cualquiera. La vieja ballena azul tragándose de a poco los ejercicios de una mano cada vez más débil. Unicornios de luz acostumbrados a no mirarse. La pareja de changos amorosos -regalo de un ex-novio de la niña- hechos de cáscara de coco, queriendo salir corriendo de este paraíso extraño.Crema para manos cenizas olorosas a cloro limpiador de pasados. Maracas extraídas de un bazar de Coyoacán compaginadas con aquella historia de un tatuaje de henna.
Recibos, cuentas, hojas sueltas de un libro roto equivalentes a unos cuantos dolores de cabeza de los aires de marzo.

Plumas de colores sicodélicos. Atrapasueños sin empleo. Flores secas que nada dicen. Un encapuchado con su cruz queriendo redimir al que se deje. Discos, notas, recuerdos, risas atrapadas en la monotonía de un hogar feliz.

Tanta prosa, tanta poesía sin escribir, escondidas en la duermevela que se niegan a salir a la luz de la mano de una escritora que no es pero que quiere serlo. Utopía de algo que no verán estos ojos de mujer acobardada por la quietud de sus silencios que no logra descifrar.
 Musas calladas de latón. Poetas convertidos al esclavismo en función de la nada redundante del pasado común que antecede a la gloria fugaz del otro día más.


















Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales