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viernes, 29 de julio de 2011

Hormiguita y Hormiguito








¿Te gusto? preguntó Hormiguita a Hormiguito que atento tarareaba una canción de léxico arrabalero.

-Que preguntas haces- Contestó Hormiguito- eso ya pasó- remató con tono jocoso, sin fijarse que sin decir nada le había dicho todo. Hormigo era un macho y tenía de sensible lo que el sol tiene de frío. Hablaba con sinceridad apabullante cosa que muchas veces lastimó a su amada como ahora en que ella necesitaba una mentira piadosa.
Acomodándose en el sillón favorito, Hormiga se colocó los audífonos disponiéndose a leer un  libro de antologías, cruzando las piernas, señal inequívoca de que estaba molesta.

Una punzada lastimaba su alma. La respuesta de su amado le había traspasado el corazón haciéndole una pequeña herida de donde gota a gota le iban escurriendo hilitos de sangre que en cascada escurrían sobre su pecho formando un lago rosado donde chapoteaban peces con alas transparentes que volaban hacia el cielo formando un algodón de azúcar engulléndolo la luna de tres mordidas.

El líquido cristalino y salado que salía de sus ojos iba a parar a la comisura de los labios haciendo un extraño silbido con el que Hormiguito se dio cuenta que su amada estaba llorando.
Dejó de hacer sus pasos ochenteros, la abrazó, le dio besos de chocolate y caricias de miel pero ella no las aceptó y dejando un halo de vainilla se fue a dormir a su cama hecha de flores de azahar, masticando una hoja de perejil.

Él fue tras ella cantándole ¨Enséñame¨, la canción con la que la había enamorado, pero Hormiguita estaba muy herida, necesitaba oír palabras de aliento después que el espejo le dijera en la mañana que los años habían pasado por ella dejando hondas huellas en su cuerpo. Ya no tenía el pelo negro crespo ni el vientre plano, las piernas fuertes y torneadas se habían perdido en los caminos de una vida dura. Los ojos alegres y vivaces eran un recuerdo de tiempos mejores. Aceptaba el paso del tiempo pero el tiempo era implacable y en ocasiones la hacía llorar.

Hormiguito al fin hombre o mejor dicho hormigo, le había contestado sin cuidar las palabras y ahora pagaba el precio de tal desatino con un desaire de su amada que hecha un ovillo se acurrucaba a su almohada.

Ante tal eventualidad, Hormigo se levantó muy temprano, le preparó el desayuno, la llevó a pasear, le compró dos hermosos regalos que luce deslumbrando a las demás hormigas quienes muertas de envidia la barrían de arriba a abajo haciendo muecas de desprecio. Eso no le importaba a Hormiga, su amado le había dicho entre sueños que era la más bella del mundo y ella le creyó.

Así fue como Hormiguito pagó caro no haberle dicho hermosa a Hormiguita, total no le costaba nada decirle una pequeña mentira. Hormiga sabía lo que el espejo le decía todas las mañanas pero necesitaba que su amado le dijera que era bella aunque la realidad fuera diferente. Una mentira piadosa que no hacía daño a nadie pero que en cambio la haría muy feliz.

¿Por qué los hormigos no saben cuando una hormiga les pregunta una cosa esperando que contesten con música para sus oídos? ¿Es tan difícil eso? ¿Saber cuando hay que decir la verdad y cuando decir una mentirijilla? Hormigos palurdos.














Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales