Páginas

lunes, 2 de junio de 2014

Escucha música o si quieres piensa en mi







Hay días en que me resulta muy complicado cuidar a mi perro cuando le dan los ataques. No puedo caminar tras él para evitar que se golpee. Me desespero igual que Babo Alejandro quien con sus ladridos avisa que algo está pasando con su hermano perro y me vuelve loca. Yo no ladro, nomás maldigo.

Cuando a Benito Tiki le da el ataque, se echa porque le viene un espasmo fuerte entonces aventando el bastón  me siento en el suelo junto a él, le acaricio la cabeza para decirle que aunque no pueda hacer nada no lo abandono.
Maldigo como es mi costumbre al dios de los perros -¿quién si no?- que le mandó esa enfermedad a un ser tan noble.

Luego de un rato, Tiki con sumo trabajo se levanta y comienza a vomitar, los esfínteres se le relajan sin poder evitar hacer popó donde sea, pobre de mi perro, sus ojitos piden ayuda y no puedo hacer nada. Arrastrándose se mete en su casita a esperar el alivio mientras yo renegando y maldiciendo limpio la catástrofe.

Benito se lame las patas y su infortunio.

Después de un rato me siento a descansar en el sillón. Tiki exhausto me ve. Haciendo un gran esfuerzo brinca al sillón y se acurruca junto a mis piernas para que lo acaricie. Ahí olvido todo, sus mordidas, su mal carácter, su no quererse bañar, todo. Me pongo a llorar de pena. Me reflejo en mi perro. Quitándole su nobleza, Benito es yo en perro.

A veces quisiera ya no estuvieran conmigo. Me cuesta trabajo atenderlos bien cuando apenas si soy capaz de cuidarme a mi misma. Creo que sería mejor se fueran con mis hijos o algún albergue pero me pongo a pensar que sería como abandonarlos y eso no me cabe en la cabeza por mucho que estuviesen bien cuidados.

Ellos saben con todo y mi mal genio que valen mucho para mi y botarlos -eso significa- sería lo más bajo en lo que podría caer. Los perritos nunca me dejarían por más que sea yo la que mucho los regaña.  ¿Qué le voy a hacer? alguien tiene que poner orden en casa y a mi me tocó ser la dura de la historia. 

Me miro  a mi misma, vieja y enferma, no me gustaría que mis hijos me dejaran en un asilo o me abandonaran fuera del entorno donde he vivido toda mi vida aunque eso significara dejara de ser una lata para ellos. Me agarraría con uñas y dientes, no permitiría que me sacaran de mi casa. (Sé que ellos no lo harían pero uno nunca sabe). Soy susceptible al abandono. Moriría de tristeza. Soporto que me abandone el mejor de mis amigos pero que lo haga mi familia o mis perros no lo concibo.

Maldigo mis malos pensamientos en ocasiones al no querer cuidar a mis perritos pero tengo una justificación, soy humana y como tal me comporto.













Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales