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viernes, 23 de abril de 2010

Dopada.




Los delgados tirantes que sostenían su vestido amenazaban reventarse en cualquier momento. El pecho turgente queriendo salir de su prisión para saciar los deseos del mejor de los hombres, del más guapo, del que ella amaba.

El negro vestido que caía sobre sus bien pronunciadas formas daba cuenta del movimiento de sus caderas. 
Las piernas bronceadas... largas sostenían un cuerpo casi perfecto. Finalizaban con unas zapatillas de razo  que exaltaban la belleza de sus pies pequeños.
Su pelo plateado dejaba escapar un ligero aroma a azhar su perfume favorito. Este caía sobre sus hombros apenas rozándolos como en una caricia furtiva. Los blancos hombros denotaban una piel bien cuidada.
Los brazos delgados armonizaban con todo el cuerpo. Unas delicadas manos acostumbradas a las caricias sostenían su bolso.

Tomó asiento en el bar en penumbras recorriendo con vista lenta el lugar buscando a alguien conocido.
Las parejas bailaban el ritmo suave que interpretaba un jazzista. Música sensual... para enamorar.

De pronto lo vió.

El hombre más guapo y varonil que haya visto jamás se dirigía hacia ella. Su respiración se volvió agitada. El corazón amenazaba con reventar los tirantes del vestido. Debió llevar la copa a sus labios para poder beber la vida que se cernía sobre ella. La emoción era tal que pareciera que el tiempo se detuvo a su alrededor.

Sus ojos se encontraron produciendo un choque eléctrico. Él le tendió la mano para llevarla a buscar el paraíso. 
Él estaba ahí solo para ella.

De pronto...

tititititi...

tititititi...

tititititi...

¿Qué?, ¡maldita sea!, no puede ser, me lleva la fregada... ¡Kiku!... ¡Kiku!... ¡Kikuuuu!!! levántate que ya se te hizo tarde, ¡Kikuuuu!!!.

Me lleva la chi... no vuelvo a mezclar pastillas.





Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales