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viernes, 26 de marzo de 2010

Casi el paraíso.




Las calles van quedando vacías poco a poco. La gente se va yendo - no sé a donde- ya no se oye ruido. Hay cada vez menos coches, menos gente, menos todo.
En mi calle, en el día, el único ruido que se escucha es el de la música que tengo a bajo nivel, parece que vivo en una calle desierta.
No es que no me guste pero.. es que no me gusta. Sentirme sola en la inmensidad de mi silencio no  es grato.  Mi calle de por si es silenciosa pero en días de asueto está peor, la gente desaparece por arte de magia.
Así que el silencio será mi acompañante en los próximos días. Hay gente en sus casas pero no sé porqué no se oye ruido. Todo está callado, así estará en las próximas dos semanas... empezaron las vacaciones.

No tengo pequeños en la escuela, no me preocupo porque vaya a tenerlos en casa brincando y corriendo por todos lados.
Tampoco me preocupará que hagan la tarea como antes que tenía a mis hijos y los obligaba a estudiar aún siendo vacaciones.

Jean Claude ( mi profe de inglés) dijo que haremos exámen regresando de vacaciones y que debíamos estudiar para que sintiéramos lo que sienten nuestros hijos cuando los ponemos a estudiar en días de descanso.

Tampoco tengo sobrinos a quien poner al corriente en sus clases. Siendo maestra frustrada me mandan sobrinos para ponerlos a estudiar en las materias rezagadas, pero estos han crecido y ya no necesitan de mi.

De pronto me veo con tanto tiempo libre que no sé que hacer con él. Ya sé que hay mucho que hacer en una casa como la mía, pero tenerla siempre en orden me da la ventaja de no tener que hacer más lo que va saliendo.

Super Pogh -mi sobrino muy querido- me ha invitado a pasar unos días en su casa. Ha sufrido un accidente y no puede venir aquí, aún está convalesciente, pero regresar a la casa de mi infancia que es donde él vive no me gusta. Me trae tantos recuerdos que mi voz por lo general chillona y escandalosa, se queda muda apenas cruzando el umbral.
Oigo las risas de mis hermanos, los gritos de mi madre regañándonos porque nos peleamos. Oigo la voz de mi padre ordenándonos quedarnos muy quietos y saludándonos después de llegar de trabajar.

Tantos recuerdos, sonidos, aromas que me pregunto como es que los humanos guardamos tanto en nuestra mente sin volvernos locos o revolver recuerdos con el presente.

En la colonia donde crecí, se hacen ceremonias en Semana Santa como la que hacen en Iztapalapa -una delegación del DF- pero es menos difundida.
Algunas personas del pueblo - escogidas minuciosamente con anterioridad- recrean escenas de la pasión de Cristo.
Va mucha gente y ponen una feria donde se puede encontrar de todo. Lo malo es precisamente esa gente que va a la feria.

El Sábado de Gloria y el Domingo de Ramos son los días más pesados, no se puede caminar.
Las autoridades de la delegacion cierran la principal avenida y eso es suficiente para provocar un caos tremendo. Llegar a casa es más complicado que si hubiera manifestación.
Así es durante cuatro días que dura  la represenatción de la Semana Santa.

Todo estuviera muy bien pero la gente no respeta. La casa de mis padres está en la lateral de la carretera, el   problema que se presenta es que la gente deja sus coches a la salida de casa sin importar que no pueden estacionarse, eso no importa para ellos.

Beben mucho, hacen escándalos, dejan basura por doquier, se orinan sin importar quien pase o donde sea. Antes no era así. La gente era más respetuosa para todo pero eso se ha perdido. Por eso no visito la casa de mis padres en estas fechas, para no hacer coraje con esas personas que parece que salen debajo de las piedras. Es mucha la que va a la feria.

Así que si acepto la invitación de Pogh que tiene muchas ganas de vernos -por cierto- iré pero en días no críticos.
Tal vez nos subamos a algunos juegos mecánicos como ¨Las tazas¨ o algún otro que no sea extremo. Los pies accidentados del Pogh y mi corazón enfermizo no aguantan. De cualquier forma mi familia no deja que me suba a esos juegos porque piensan que me voy a infartar, es lo malo de tener corazón de pollo.
Les digo que no me pasa nada pero ellos no quieren averiguar, prefieren tenerme a su lado aunque sea enojona.No importa que me tome la pastilla antes para que los convenza de que no me pasará nada, ellos no aceptan.
Solo dejan que juegue canicas o tiro al blanco pero como hay mucha gente viendo me da pena y prefiero no hacer el ridículo.
El juego de canicas es tan aburrido que ni los premios son buenos.

Ir a una feria sin subirse a los juegos mecánicos extremos es como beber un tequila sin sal ni limón, es tan... sin chiste.

Super Pogh y yo somos muy unidos desde que él nació. Mi familia y yo hemos tratado de estar con él en todo momento. No lo visitamos cuando tuvo el accidente pero hemos estado al pendiente de él. No pude traérmelo para cuidarlo como hubiera sido en otras ocasiones debido a la gravedad pero de cualquier forma estamos informados de su evolución.

Le debo esta visita y como no me gusta deber nada iré con él a comer algodones de azúcar, a comer cacahuatadas, a comprar tazas para aumentar mi colección aunque Barry no quiera una más y aceptaré todo lo que mi hermana me quiera regalar que siempre tiene algo para mi.

Don Pogh -con todo y bastón-, y yo caminaremos en los pocos lugares que haya libres de muchedumbre, compraremos cosas que siempre se antojan y volveremos a casita a esperar entre recuerdos la hora de partir.

Tal vez estos días sean los que necesito para poner en orden mis ideas. Últiamamente mi cabecita no encuentra acomodo en ningún lado por lo que sucede en mi entorno, pero algo tendré que hacer.

Visitar la casa de mis padres después de tanto tiempo me puede traer la paz que estoy necesitando. Tal vez sea la hora de volver al paraíso donde viví en mi infancia.

Allá voy Don Pogh, espérame.














Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales