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martes, 17 de mayo de 2016

El camino correcto

Según los que de la vida saben el camino que elegí para transitar en este mundo que no entiendo, es el del sufrimiento, no como estúpida plañidera sino como las machas que no finge dolor para llamar la atención.
En lugar de irme por la libre mi Yo inteligente decidió caminar por la vía pedregosa. Una cosa es sufrir y otra llorar por todo. Imagino que elegir este camino fue para expiar mis culpas. Tomando en cuenta que éstas no fueron provocadas por mí. Una niña jamás podrá ser culpable de nada por el sencillo hecho de ser niña. Los niños están exentos de todo mal.
A medida que crecen van desarrollando ese sentimiento. Empieza a aparecer en sueños el dedo flamígero que todo lo condena incluyendo ser feliz. Se abre la puerta del infierno. Sálvese quién pueda.

Todo esto de la culpa, el remordimiento y los días oscuros vienen a cuento porque acostumbrada a vivir en mi burbuja culposa, me flagelaba cada vez que se terminaba la medicina. Tenía que decirle a mis hijos o a Barry en medio de mil sudores apenados que no tenía más pastillas mágicas. Me avergonzaba pedir pero mi renuencia a ser inscrita en la seguridad social la tenía que pagar con lágrimas de sangre.

Un día dejé de avisarle a mis hijos. Di a Barry esa tarea. Me eché sobre los hombros la culpa de destinar un dinero para pagar servicios en usarlo para medicinas.
Y aí voy de tontota cargando culpas y culpas. Por más que la señorita médica abolía pesares sin razón, yo me encargaba de echarle más y más yerros al costal en mis espaldas.
Me duele la culpa ¡Oh Señor Dios de los Afligidos! es menester socorras este cuerpo vano de existir.

En los últimos tiempos venciendo la pena, acepté la ayuda de Los Apellidos Ilustres. Eso de tener hermanos es una especie de suerte. Gracias a eso he podido junto con mis ahorros comprar medicinas. No quiero acostumbrarme a que me den por eso ya no menciono a nadie que estoy en apuros. Cierto que sin pastillas las crisis son duras. El infierno por todos tan temido es la gloria bajo esas circunstancias. No pueden imaginar el tamaño de dolor al que soy sometida. Puede que digan que exagero pero, a mí es a la que me duele.
Ahorro todo lo que cae en mis manos. He dejado de comer por juntar dinero. Está visto que de hambre no moriré. Los regaños de Barry son épicos pero a estas alturas de la vida me valen madre.
El "trabajo" por el que me pagan no lo hago bien, lo admito. Todas las fuerzas con las que amanezco terminan arrastrándose conmigo al poner el pie en el suelo. Amanece el día, comienza la guerra.
Lucho contra el sueño, el tedio, el desgano, el dolor enquistado en mi cuerpo. ¡Puto Parkinson! Lucho contra mi yo que quiere quedarse tirada en la cama pero una vocecita me dice: hola abuela, ¿hoy voy a la escuela? me saca del marasmo cotidiano.
Mentiría si dijera que todo el sufrimiento pasa a segundo plano con la presencia de Natalia, no es así. Cuando La Bella llega el mundo es más hermoso pero muy complicado.
¿Por qué siempre tienes sueño abuela?
Levántate Flor de María ya tendrás tiempo de descansar cuando te mueras. El trabajo ha comenzado.

Elegí el camino difícil porque así soy yo. Nado contracorriente. Debo ganar mi sitio en el infierno. Lucy es testigo que por mi no queda.

Toda esta palabrería insulsa y monótona es para decir que solita me estoy haciendo cargo de la compra de mis medicinas. Como siempre me echo la culpa de todo, no había reparado en ello.
Ya no agobio a mi familia. Sola sufrago mis gastos. He dejado de comprar muchas cosas -nunca pensé volver a lo de antes- pero sobrevivo con mi esfuerzo y el de mi familia claro.

No pido aplausos ni reconocimientos. Esto es un escrito cotidiano. De placeres mundanos como escribir vive también la MaLquEridA.












Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales