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domingo, 17 de noviembre de 2013

Una vaquita





Erase que se era una niña pícara que vivía con su abuela en un castillo muy pequeño situado en lo alto de una colina llamada Chin-Gao.

Todas las mañanas la niña se levantaba antes que su abuela a dar lata digo a desayunar y despedir a sus padres que se iban a buscar el sustento al país vecino. 
En los cuentos no hay reinos pobres pero este si lo era. Allí nada era gratis. Cada mes había que pagar luz, agua, teléfono, cable y todas esos servicios básicos que se han vuelto necesarios como el internet que si llega a faltar La Abuela se pone loca y comienza a sacar sapos y culebras por la boca y no hay quien la aguante.

Pues resulta que los últimos días ella ha estado muy preocupada porque la niña no quiere comer.
Una cosa es que la reina no coma porque no le da la gana y otra muy diferente que su nieta no quiera hacerlo. Es niña y debe comer para que crezca grande y fuerte como sus ancestros.

Por las noches la mamá de la niña prepara suculentos manjares como pescado empapelado, sopa de verduras, ¡Puagh! frijoles, nopales, verduras frescas revueltas con muchos desmadres ¡Recontra puagh! aguas de frutas casi casi recién cortadas del árbol para que coma pero nel, nada que quiere.
Lo bueno que tiene la niña es que casi no come dulces ni refrescos ni nada de eso porque su mamá le cuida mucho la alimentación.

La abuela se desespera porque se pasan las horas sentadas a la mesa y la comida intacta.

Le habla bonito, la mima, llora (de mentiras), se ríe, le canta, baila, se para de cabeza, le pone su programa favorito que es Dora la Exploradora (¡Mochila, mochila!) ¡Ay! y nada, La Pícara no quiere comer. Lo poco que se lleva a la boca lo mastica y mastica y mastica y mastica por los siglos de los siglos amén.

La Abuela le ha dado por llamarle La Vaquita porque se la pasa rumiando las horas y nada que pasa el bocado.

Una noche le daba vueltas y vueltas al asunto. -Si esa niña no come se va a morir- dijo para sí misma.

Y entonces lo recordó, ¡Claro! ¿Cómo no lo había pensado antes? Cuando el padre de La Pícara era pequeño tampoco comía. Todos acababan de comer y él en las mismas y no murió ¡A Dios gracias! 
Estaba flaco como un palo pero era muy fuerte y saludable igual que su hija.

Así pues no se preocupó más, la vaquita comerá lo que quiera y aunque esté flaca -que no es lo mismo baja de peso- vivirá feliz como su padre hasta que le entre el gusto por la comida y le digan que no coma tanto porque se pondrá gorda.

Pero mientras ¿Cómo le explico a sus padres que no quiere comer?










Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales