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sábado, 2 de noviembre de 2013

¡Hola güey!

Una cosa que he cambiado desde que cuido a Natalia, es mi vocabulario. Digo muchas groserías cuando no está pero todo cambia en su presencia.
Quiero que sea toda una princesa muy bien portada. De buenos modales y vocabulario apropiado.

Eso es lo que quiero, pero...

Pedirle a su abuelo que no diga majaderías está cabrón digo, está en chino. Le recrimino cuando una palabrota sale de su boca y está la niña presente.

Cuando viene Laura que es más o menos una copia fiel de su padre, le llamo la atención conminándole a ser parca en su hablar si es que no puede evitar las malas palabras. (Ya he mencionado antes las razones por las cuales Kiku es malhablada).

El papá de La Bella también dice groserías pero cuida cuida no hacerlo frente a su hija sino se le arma con la mamá de Natalia. Ella es muy decente. ¡Caray que aguante no poder soltar palabrotas!

La Bella es una esponja.

Ya aprendió a decir ¨Güey¨ palabra cotidiana para muchos mexicanos que de tanto decirla ya no la consideran grosería.

Cuando yo era pequeña y en casa decía una mala palabra la mano de mi padre se estampaba en mi boca. Qué se le va a hacer, soy modelo antiguo educada con métodos arcaicos. 
Eso ha pasado a la historia, ahora se educa con palabras y acciones. Hay que darles buenos ejemplos en casa a los niños para hacerlos buenas personas. Correctas y educadas.

Natalia dice: -Hola güey. Adiós güey. Toma güey y así hasta la eternidad.

Tenemos que aguantarnos la risa al escucharla para que no la diga más, pero cómo hacerlo si lo oye en todas partes.

Eso si, ya está entendiendo cuando con su dedito nos dice ¨No güey! para decir que no se dice ¨Güey¨.

Nos estamos educando de nuevo, mta madre pa mis pulgas y las de Barry y las de Kiku y las de Bruno.

Sea por dios, si tengo que dejar de ser malhablada pues lo hago aunque me cueste un huevo y la mitad del otro.










Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales