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jueves, 19 de septiembre de 2013

El perdón de mis pecados







¿Si perdono a mis muertos, ellos me perdonarán? Puedo vivir sin perdonar, ¿Quién soy para hacerlo? ¿Los muertos necesitan ser perdonados? Lo hecho no tiene remedio. ¿Cómo se perdona a un muerto? ¿Y si ellos no quieren ser perdonados? Cada día que amanece es un nuevo comienzo. Hay preguntas que no tienen respuesta. El corazón es sensible. El recuerdo queda pero ya no lastima, entonces ¿Para qué perdonar recuerdos muertos? Ya todo pasó. No se siente nada. Seguir entonces. Los muertos, muertos son. La vida sigue con un hálito de inconsciencia, de no saber. La vida es hoy y hoy toca preguntarse ¿Cómo se perdona a un muerto cuando se tiene la certeza que ese muerto pide ser perdonado? El alma lo necesita. Yo ya no siento nada. Es como si no hubiera existido por más que las memorias olvidadas resurjan cada cierto tiempo. Un recuerdo diluyéndose entre el espacio del olvido y el eterno adiós. Sin sentir.










Musa con cuernos

PARA LA MALQUERIDA

La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Es beso de agua y luz de ciegos en el desierto diario. La leo y me leo. La leo y la siento. La leo y la quiero. Vamos de la mano desconocidos y alejados por los caminos rotos y astillados de la vida cansada y del tiempo huraño. Refunfuñamos por todo y hasta en el infierno tienen miedo de que un día aciago lleguen nuestros pasos. Chocamos con mil horas arañamos las rutinas odiamos la compasión nos dan risa los ángeles y mucha pena los diablos. Nos cansa todo y más que nada el resto de los humanos. A veces herviríamos a los que nos rodean y otras daríamos la vida por hacer reír a un chavo. La Malque es un corazón de sol escondido y mil silencios largos. Toro Salvaje

Los inmortales