Ayer después de recorrer la ciudad de norte a sur bajo un sol tirano y un tráfico infame, nos dimos cuenta -Barry y yo- que perdimos casi siete horas de nuestra vida a lo pendejo porque lo vivimos en el tráfico.
La cita con el neurólogo era a las 10.30 pero llegamos una hora tarde debido a que todos los semáforos del mundo estaban en alto retrasando nuestro camino y con eso de que hay uno en cada esquina.
Avisando al hospital la causa de nuestro retraso nos dijeron que llegáramos, ahí verían si me atendía mi médico pero al llegar dijeron que no, que ya se había ido a la chingada. Había que sacar nueva cita.
El camino de la casa al hospital fue de más de tres horas.
Resignados decidimos desayunar e irnos a distraer un poco pero hacía tanto calor amén de que todos los autos del mundo llevaban el mismo camino que nosotros y mejor decidimos regresar a casa.
Así que tomamos la vía directa al paraíso nuestro pero de nuevo el tráfico infernal puso a prueba nuestra paciencia.
Esta semana ha sido agotadora, ya queremos que termine -ayer Barry y yo lo deseamos- pero falta aún la cita al médico de hoy.
Densitometría ósea, papanicolau insufrible, preguntas y respuestas mecánicas es lo que me espera. Ya quiero que sea viernes en la noche para descansar y olvidarme de todo.
Máxime que me va a regañar el médico porque la vez pasada hastiada de todo no compré un medicamento que debí haberme tomado sin suspender. La receta fue a dar al abismo del olvido encontrándola apenas ayer.
Obvio ya me regañaron todos, no tengo disculpa pero ya, no mamen uno también tiene derecho a olvidarse un día de tomar pastillas.
Creo que estoy cansada de estar enferma. Cuando el neurólogo me pregunta si lo estoy, respondo que no -la verdad es que no me siento enferma- pero mi puto organismo se ríe de mi respuesta.
La que me espera es una regañada marca diablo pero ni modo debo asumir la consecuencias de mis actos aguantando estoicamente la perorata del médico quien con justa razón me va a llamar la atención.
Me hará preguntas molestas, me regañará porque subí de peso, me mandará con la dietista que está más gorda que yo y cuando esté a punto de desfallecer de tanto regaño me dirá: Desvístase y súbase ahí.
Me pondrá como pollo y hurgara hasta mi sexto sentido. Buscará en mis entrañas algo que espero nunca encuentre. Eso querrá decir que estoy sana, mientras tanto, flojita y cooperando que no duele dice él pero como nunca lo sabrá pues chíngome yo, todo sea por mi bien.
Después de haberme revisado, me dirá que me tome la medicina, que haga ejercicio, que no tome café y todo eso que los médicos dicen pero que nunca hago porque ya me cansé. Uno llega a hastiarse de las visitas continuas a los médicos así que el día menos pensado se quiere mandar todo un poco más allá de la chingada. Entonces vienen los regaños -con justa razón- de mi familia. Mi cara compungida y las lágrimas de cocodrilo que rodarán por mis chonchas mejillas. Sabiendo que tienen razón aguantaré valiente todo sin chistar. Me revolverán el pelo en señal de cariño, me dirán que es por mi bien y me abrazarán.
Y todo volverá a la normalidad hasta la siguiente cita.
Hoy espero que el camino sea menos pesado. Barry se cansa de manejar y yo en este cansancio extremo que tengo no puedo evitar que los ojos se cierren. Trato de hacer plática pero de lo dormida que estoy digo pura incoherencia y lo hago reír.
Él pone su música para no dormirse pero a mi Nat King Cole me arrulla. Mijares me tiene hasta el keke y la salsa no es lo mio, creo que Barry tiene gustos de viejito. Cierto que su música a veces me gusta pero de plano hay una que me duerme y más en horas de calor extremo.
Y héme aquí que en vez de tratar de dormir estoy escribiendo. Eso significa una sola cosa, otra vez me voy a quedar dormida en el camino.
¿Por qué todo está tan lejos en esta ciudad?
Mejor me voy a acostar aunque viendo la hora ya casi es tiempo de levantarme para irnos otra vez. Ya me cansé deveritas.
Iba a hablar de un héroe que el día de ayer salvó otra vida más pero viendo este post muy largo, lo dejo para otro día al fin que no se me olvidará escribirlo porque ese héroe vive conmigo.
Ya no me acordaba por qué puse la imagen de Babo Alejandro en la ventana pero ya recordé que es porque de tanto que últimamente no nos han visto, mis chihuahuas se la viven esperando nuestro regreso.
Por cierto, ¿han visto que la vida sigue con y sin?
Chao, aí los vidrios en otro momento que esta reina se va a dormir media hora aunque sea. Algo es algo.